Una balada con forma de nación

En la novela Lluvia y viento sobre Télumée Milagro, de Simone Schwarz-Bart, la narradora es mujer y sus personajes principales son mujeres guadalupenses que navegan un panorama social dominado por la injusticia y la precariedad. Aunque la esclavitud está en el pasado, los habitantes de Fond-Zombi aún caminan sobre las brasas de ese régimen y son víctimas de la desesperación.

por Rodrigo Olavarría I 18 Agosto 2023

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Lluvia y viento sobre Télumée Milagro (1972) es un libro que debía existir en español hace años, por numerosas razones. Felizmente, la editorial argentina Compañía Naviera Ilimitada tomó cartas en el asunto y encargó a Claudia Ramón Schwartzman traducir esta obra fundamental, decisión también afortunada, pues su trabajo consigue subrayar la cualidad oral del libro y hacerlo fluir con una entrega natural y placentera. La autora de esta novela, Simone Schwarz-Bart, nació en Francia en 1938 y a los tres años partió a vivir a Guadalupe, en el Caribe francés, junto a su madre, mientras su padre iniciaba un periodo de seis años en el ejército francés.

Guadalupe es un archipiélago de las Antillas que Colón reclamó para España en su segundo viaje y luego pasó por manos francesas, inglesas y suecas, antes de afianzar su estatus de colonia francesa, en 1814. Guadalupe fue ocupada por Francia en 1635 y destinada primero a la producción de tabaco y luego de caña de azúcar, industrias que, tal como ocurrió en Martinica y Haití, dependieron del uso masivo de mano de obra esclava. Este régimen aberrante fue abolido en 1794 por la Revolución francesa, pero restituido por Napoleón en 1802, quien consagró un orden social segregacionista que recién en 1848 fue abolido de forma definitiva.

Simone Brumant, ese es su apellido de soltera, se crio en Pointe-à-Pitre, Guadalupe, y luego vivió en París y Dakar, periplo vital que da forma a su imaginario. A los 19 años conoció a André Schwarz- Bart, un escritor judío de 31 años, cuya familia fue asesinada en Auschwitz y que acababa de terminar su novela El último justo (1959), con la que ganaría el premio Goncourt. La pareja se casó en 1960 y poco después publicó su primer trabajo escrito a cuatro manos, Un plato de cerdo con plátanos verdes (1967), una novela histórica que exploraba los paralelos entre las diásporas caribeña y judía. Esta idea nació de un amor compartido por el Caribe y las literaturas de Isaac Bashevis Singer e Isaac Babel, de quienes Simone extrajo la idea de que un pueblo judío de Ucrania no es muy distinto a uno de Guadalupe.

Entonces era imposible calcular el impacto que esta pareja formada por una mujer afrocaribeña y un judío tendría en la historia de la literatura antillana, adelantándose a los debates, encuentros y desencuentros que marcaron la reflexión política y lingüística de los últimos 50 años. Esta colaboración, que se adelantó más de 15 años al manifiesto Elogio de la creolidad (1989) y su llamado al redescubrimiento de lo creole y la búsqueda identitaria como respuesta a la asimilación a la cultura europea, recién fue valorada tras la muerte de André Schwarz-Bart, en 2006. Antes, tanto la comunidad judía como la antillana rechazaron el trabajo de la pareja. De hecho, la publicación de Lluvia y viento sobre Télumée Milagro, pese a ser un bestseller en Francia, en una Guadalupe presa de la efervescencia independentista, los nacionalistas más radicales fueron severos críticos de su éxito en Europa y de que la novela no fuera publicada en creole.

La novela Lluvia y viento sobre Télumée Milagro tiende su arco narrativo sobre las vidas de cinco mujeres guadalupenses, aunque en verdad llegamos a conocer a tres de ellas; dos solo son aludidas. La primera es Minerva, una mujer negra a quien el fin de la esclavitud libró de los crueles caprichos de su amo. Minerva es la madre de Toussine, también llamada Reina sin Nombre. Toussine es la madre de las gemelas Eloisine y Merance y, después, de Victoire. Esta última es la madre de Regina, que a su vez es la madre de Télumée Lougandor, que es nuestra narradora y quien le presta a la novela la forma de su larguísima vida.

La narradora es mujer y sus personajes principales son mujeres que navegan un panorama social dominado por la injusticia y la precariedad. Aunque la esclavitud está en el pasado, los habitantes de Fond-Zombi aún caminan sobre las brasas de ese régimen y son víctimas de la desesperación. En este universo, la población blanca es vista a la distancia como seres irreales, arrogantes y explotadores, tan a la distancia que ocupan una posición marginal en el libro. Algo parecido ocurre con los hombres negros, presentados como víctimas y victimarios en los que es muy difícil confiar, siendo el amor un fantasma que envenena el pasado, presente y futuro de las mujeres.

Es complicado categorizar Lluvia y viento sobre Télumée Milagro como una ficción en el sentido convencional, porque es innegable que además de ficción es una obra testimonial e histórica. A su vez, este libro, escrito primero en creole y luego traducido por su misma autora al francés con el objetivo de ‘pervertir el espíritu de la lengua francesa inoculándole un aliento creole’, rezuma el estilo oral de una lengua marcada por la exuberancia y la violencia de la naturaleza, así como por los duraderos efectos del desarraigo y la esclavitud.

Abandonada por su madre, Télumée parte a vivir con su abuela Toussine, bautizada por la comunidad como Reina sin Nombre. Ella domina este universo femenino como ejemplo a seguir; es profesora, depositaria también del saber popular y posee un coraje ilimitado ante la adversidad, dueña de una capacidad de amar indoblegable y una lógica que combina sueños místicos y pragmatismo. De ella Télumée absorbe un cantidad tal de conocimiento, que llega a ser vista como un ser sobrenatural y es gracias a ese mismo saber que logra, ante cada embate del destino, resurgir y erigirse como un pilar de su comunidad, que acaba llamándola Télumée Milagro.

Si bien vemos a las mujeres actuar como colectivo y desplegar sorprendentes solidaridades, también son rivales feroces entre sí, cuyos celos, chismes y envidia rasgan el pacto de convivencia social. Así, podemos decir que la relación que domina el orden del universo en esta novela extraordinaria es la relación madre-hija o en palabras de Jamaica Kincaid: “Las vemos dispersarse y reunirse, a veces en el mismo párrafo o la misma oración. Sus dolores son los dolores de madres e hijas, que a su vez se convierten en madres —madres e hijas que siguen transmitiendo tradiciones y rituales que son parte de la vida cotidiana. Cada hija será una madre, cada madre ha sido una hija: un lazo que nunca se quiebra y persiste en la presencia del amor o su opuesto”.

La literatura del Caribe es fecunda en libros que combinan autobiografía y ficción, pero cuando apareció esta primera novela de Simone Schwarz-Bart, solo podía ser comparada con la respuesta poscolonial a Jane Eyre que supuso Ancho mar de los Sargazos (1966), de Jean Rhys, y Crick Crack, Monkey (1970), de Merle Hodge, considerada tradicionalmente la primera mujer caribeña negra en publicar una obra de ficción fundamental.

Ahora, es complicado categorizar Lluvia y viento sobre Télumée Milagro como una ficción en el sentido convencional, porque es innegable que además de ficción es una obra testimonial e histórica. A su vez, este libro, escrito primero en creole y luego traducido por su misma autora al francés con el objetivo de “pervertir el espíritu de la lengua francesa inoculándole un aliento creole”, rezuma el estilo oral de una lengua marcada por la exuberancia y la violencia de la naturaleza, así como por los duraderos efectos del desarraigo y la esclavitud.

Otro rasgo fascinante de esta novela es su confianza en las propiedades mágicas de un habla salpimentada con proverbios, canciones y adagios que concentran el conocimiento colectivo. Esta confianza es notoria, primero, en el argumento, donde la proliferación de profecías en la boca de Reina sin Nombre traza una línea divisoria entre la vida y la muerte, entre salvación y condena. Y es también visible en la estructura de la narración, entregada del todo al poder de un habla infatigable que va de una historia a otra de forma asociativa y elíptica. Lluvia y viento sobre Télumée Milagro es algo así como la historia de una nación en forma de balada, una canción que de generación en generación va perdiendo los referentes que la atan al edificio de la historia mientras se reviste de un halo mítico y sobrenatural que la conecta a los relatos fundacionales.

En su prólogo para la edición inglesa de esta novela, Jamaica Kincaid dice: “Algunos escritores hacen un fetiche del edificio que llamamos ‘la novela’. Escriben para reforzar la estructura de ese edificio”. Por su parte, un libro como Lluvia y viento sobre Télumée Milagro crea su propio orden, un mundo lleno de matices que navega entre el sueño y la memoria, entre cantos ancestrales, cuentos fantásticos, adagios y la magia de una bruja. Es una obra con más filosofía que argumento, un himno a la resiliencia y el poder de las mujeres negras que viven, sueñan y esperan la muerte en su jardín.

 


Lluvia y viento sobre Télumée Milagro, Simone Schwarz-Bart, Compañía Naviera Ilimitada, 2022, 270 páginas, $19.200.

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