
En momentos en que los teléfonos se han convertido en máquinas fotográficas, el director del Global Lab de la Universidad de Cambridge y del nuevo Diploma de Honor en Global History de la UDP señaló, en la conferencia realizada el jueves pasado, que es falso que una imagen vale más que mil palabras: “Faltan las palabras”, sentenció Adelman, al tiempo que analizaba las complejidades que trae consigo interdependencia con los otros, lo extraño, los extranjeros. Porque junto con producir riqueza e intercambio, también es cierto que provoca temor y hasta odio.
por Sebastián Duarte Rojas I 13 Octubre 2026
“Trascender el nacionalismo metodológico”, este es uno de los elementos que define la noción de historia global para Jeremy Adelman, según afirmó en su charla magistral “Imágenes que hacen mundo: fotografía e historia global”, en la Universidad Diego Portales. El académico canadiense, autor de libros como Worlds Together, Worlds Apart, El idealista pragmático: la odisea de Albert O. Hirschman y el reciente The Capitalist Era: The Making —and Unmaking— of the Global Mind (cuyas primeras páginas traducidas se pueden leer aquí), es director del Global Lab de la Universidad de Cambridge y del nuevo Diploma de Honor en Global History de la UDP.
El tema central de su libro último libro, según señaló Adelman, es la interdependencia y, sobre todo, su paradoja: “Por un lado, la interdependencia entre sociedades de extranjeros entre sí produce riqueza, creatividad, innovación; por otro lado, produce riesgos y vulnerabilidades. Por definición, porque ser interdependiente del extranjero, del otro que vive muy lejos, quiere decir rendir control de la propia vida”, lo que a su vez genera “una mezcla muy contradictoria de emociones: de euforias, de optimismo, pero también de ansiedad, de miedos y de odios. (…) Ese sistema emocional conflictivo ha sido motor de grandes utopías y proyectos internacionales, y de enormes atrocidades”.
La charla se enfocó en la relación entre la interdependencia y la intervisivilidad entre extranjeros, mediada por las fotografías: “La prensa y la imagen han participado, de una manera que no ha sido bien entendida, en la producción del mundo. Un hilo conductor del libro es que la historia de las fotos que representan al extranjero, produce literalmente un álbum móvil del mundo para el espectador, que está muy lejos del otro. ¿Cómo narrar la intervisibilidad producida por la interdependencia y cómo es que la intervisibilidad afecta la interdependencia?”. Para responder a estas preguntas, el autor abordó varios ejemplos.
Uno de ellos fue el caso de Felice Beato, “el primer fotógrafo de guerra a escala global”. Sus imágenes iban dirigidas a crear álbumes para que los soldados lucieran sus glorias bélicas de vuelta en su país, aunque también despertaron discusiones sobre su moralidad al momento de ser publicadas en la prensa. Pero además de fotógrafos profesionales, debido a la masificación cada vez mayor de la fotografía desde fines del siglo XIX —que derivó en nuestro mundo en que todo celular es una cámara—, Adelman también habló de las fotografías de su abuelo, quien fue misionero en China (donde también estuvo Beato) en los años 20 y 30: él enviaba imágenes de los campesinos chinos para mostrar de vuelta en Canadá la buena labor de los misioneros, como si dijera: “Estas son las almas que vamos a salvar”.
Un ejemplo particularmente decidor en sus interconexiones parte en África. Según contó el autor, en 1935 el New York Times publicó una serie de fotografías que daban cuenta de la esclavitud en Etiopía, con las que se aludía al “deber moral de los grandes poderes de intervenir en la crisis ética en África, para eliminar la esclavitud de africanos, lo cual justificó para Mussolini la invasión de Etiopía”. Entonces el periodista George Steer difundió nuevas fotografías “para comprobar que los europeos estaban matando a civiles, incluso civiles en carpas médicas, organizadas por los misioneros, que solo un par de años antes, habían levantado esta campaña humanitaria para intervenir en la abolición de la esclavitud”. Luego Steer fue llamado a España, fue el primer reportero que cubrió la destrucción de Guernica, y su testimonio, que se difundió por la prensa internacional, fue parte de lo que inspiró el famoso cuadro de Pablo Picasso.
“Toda guerra, en la era del capitalismo, es una guerra de imágenes”, sentenció Adelman, que comentó luego casos recientes que inspiraron más de cerca la escritura de The Capitalist Era —cuyo primer borrador, según contó en la charla, redactó entre 2013 y 2015, aunque luego lo reescribió por completo—, como el uso que han hecho muchos políticos de las fotografías para mostrar a los inmigrantes como invasores. En nuestro mundo saturado de imágenes, saturación generada por la industria que masificó las cámaras, “la indiferencia también es producto de la era del capitalismo”, afirmó el autor, que insistió en la falsedad de una máxima tan repetida en torno a la fotografía: “Una imagen no vale más que mil palabras, hacen falta las palabras”.
Imagen: Jeremy Adelman en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades UDP, el 8 de octubre de 2026.