Diego Portales: un cadáver longevo

El destino del ministro fue convertirse en un ídolo que, como todo ídolo digno de ese nombre, además de adoradores tendría profanadores. Pero sabemos que el consenso atrofia y el disenso tonifica. Cuando todo el mundo coincide en la apreciación de un personaje, este declinará en la esfera pública hasta volverse irrelevante. Sin fricción, la sangre deja de circular.

por Manuel Vicuña I 15 Septiembre 2016

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