Ali Smith: la luz de una novela

Con Verano, la escritora inglesa concluye su cuarteto de las estaciones, ciclo narrativo que le ha traído un enorme reconocimiento. La novela remite a la figura del poeta enunciada por Agamben, es decir, a aquel que es capaz de visualizar los males de su época (pandemia, crisis migratoria, desastre ecológico) al retratar lo cotidiano en la inmensidad de los tiempos históricos. La esperanza de Smith al referirse a nuestro siglo está en la búsqueda de la confianza en los demás, en percibir que la novela aún puede recoger, tal como la tradición oral, la frescura de nuestros tiempos y generar algún sentido de pertenencia.

por Francisca Aninat I 24 Agosto 2023

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Nacida en 1962 en Inverness, Escocia, Ali Smith es una novelista, dramaturga y periodista, que vive y trabaja en Cambridge. Ha sido nominada cuatro veces al Man Booker Prize y cuenta con múltiples distinciones. Verano, su publicación más reciente, pertenece a un cuarteto estacional: los cuatro libros fueron lanzados en un lapso de cinco años y pueden leerse de manera independiente. Verano es el libro final de esta serie.

La narración comienza con la historia de una familia en Brighton, los Greenlaw, una madre que vive con su hija Sacha y su hijo Robert. La trama se desarrolla estableciendo cruces entre asuntos contemporáneos y del pasado, como la vida de la cineasta y artista Lorenza Mazzetti, o hechos ocurridos en el campo de detención de la Isla de Man durante la Segunda Guerra Mundial. En paralelo aparecen personajes que reflexionan sobre momentos actuales: el Brexit, los campos de inmigrantes refugiados, el calentamiento global o la pandemia. De esta forma, sucesos imprevistos van tejiendo un entramado de realidades. A lo largo de la lectura se va desplegando una atmósfera de confusión, en que la estructura lineal de tiempo va quedándose atrás, para dar paso a situaciones elípticas que parecen ir acercándose entre sí, como si las distintas historias estuvieran a punto de confluir. En Verano no se entrega el cuadro completo. Algunos personajes provienen de otros libros del cuarteto, por lo que el lector se enfrenta a la lectura sin demasiadas certezas. Verano es una novela que exige un lector cómplice para completar una superposición de relatos vastos y fragmentados.

La intención de Ali Smith es hablar desde el momento presente y hacerlo de manera convincente. Para ella, lo político está en lo contingente; de hecho, su determinación de publicar las cuatro novelas en una sucesión rápida fue con la intención de abordar la actualidad en la que tienen lugar sus narraciones. Verano es la intersección temporal del pasado con posibles futuros imaginados. Para la autora, lo político significa estar atento, tener esperanzas de ver dentro de la oscuridad: “Tengo la visión de que, en un sentido moderno, ser un héroe es enfocar una luz brillante a las cosas que necesitan ser vistas”. En la novela, los héroes son quienes afrontaron las luchas cotidianas de 2020: “Los trabajadores de la sanidad y de trabajos cotidianos como los repartidores a domicilio, los carteros, las personas que trabajan en las fábricas y en los supermercados, son los que tienen nuestras vidas en sus manos”. En su mayoría son personajes aislados, que tienen la posibilidad de relacionarse entre sí a través de afinidades y encuentros casuales. Por ejemplo, la carta que Sacha Greenlaw escribe a un refugiado dándole palabras de aliento en sintonía con la sensación del verano que se avecina. O cómo le pregunta a su hermano Robert, aficionado a los videojuegos violentos y al porno, por qué le interesa también Einstein y sus teorías sobre la luz. Hay una noción de afinidad en las relaciones que establecen los personajes. Y es que para Smith la novela se desarrolla a partir de ellos, de sus pensamientos íntimos y de sus miradas solitarias, en las que grandes y catastróficos eventos parecen ocurrir de forma independiente a sus acciones.

El estilo de Smith hace referencia, entre otras cosas, a la vasta literatura de Shakespeare (alude a Cuento de invierno) y a citas bíblicas (“Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistamos la armadura de la luz”). Verano es un collage de puntos de partida, como si las historias se escucharan desde distintas fuentes, desde la literatura canónica hasta voces cercanas y cotidianas. Retrata un mundo donde lo inesperado se despliega ante el lector, en un entramado que se acoge a algo mayor que nosotros. Smith nos remite a la figura del poeta enunciada por Agamben, es decir, a aquel que es capaz de visualizar los males de su época al retratar lo cotidiano en la inmensidad de los tiempos históricos. La autora asume que la forma de captar la atención del lector es a través de la fragmentación, descartando cualquier intento de construcción lineal en favor de una percepción superpuesta y simultánea del tiempo.

Verano es un collage de puntos de partida, como si las historias se escucharan desde distintas fuentes, desde la literatura canónica hasta voces cercanas y cotidianas. Retrata un mundo donde lo inesperado se despliega ante el lector, en un entramado que se acoge a algo mayor que nosotros. (…) La autora asume que la forma de captar la atención del lector es a través de la fragmentación, descartando cualquier intento de construcción lineal en favor de una percepción superpuesta y simultánea del tiempo.

Similar a la narración oral, Smith presta atención a lo local para encuadrarlo en un plano más amplio y de intersección con lo histórico —la relación con Shakespeare, Einstein o la Segunda Guerra Mundial. Smith está atenta al lector y a sus percepciones, le ofrece una visión sin un sentido fijo, donde resuenan las imágenes del “aquí y ahora” de los diarios, de la radio, de la conversación en la calle o el barrio. En ese sentido, la autora replantea el carácter nostálgico de ese narrador que alguna vez Walter Benjamin definió como un creador de memorias colectivas en lugar de un novelista solitario (como escribió Benjamin en su ensayo sobre Nikolái Leskov, el narrador de historias es quien crea una narración oral a partir de sus experiencias y las de otros, y la convierte en la de quienes lo escuchan, con el fin de crear una memoria colectiva. Esta figura se ha perdido, afirma él, con la aparición de los tiempos modernos y su dependencia del libro, y con el auge de las noticias).

Ali Smith relata los hechos de tal manera que permite que el lector entre y salga fácilmente, sin necesidad de tener una visión completa, sino más bien siguiendo sus propias aproximaciones. La intención de Smith es hablarle al individuo que se acoge a su lectura: “Siempre he creído que los libros no los escriben los escritores, sino todos los que los han leído. Es la escritura ya existente la que engendra la literatura”. El tránsito rápido entre conjunciones verbales y su uso libre del lenguaje revelan la intención de la autora, pues refuerzan la improvisación y la noción movilizadora en la lectura.

En Verano, las aves vencejos son una metáfora de cuando el verano viene y se va. Se trata de un momento pasajero, de la promesa incierta de un calor venidero. El verano refleja esa ilusión de sus largos días de luz brillante, al momento que nos recuerda que el ciclo de las estaciones es igual para todos. Verano remite a la belleza del arte en su fragilidad; a las esculturas de papilla de avena enmohecida de la Isla de Man y a los recuerdos de infancia en las películas de Lorenza Mazzetti. Es la vida solitaria de un refugiado en el campo de detención y, al mismo tiempo, es la necesidad de relacionarse con otros. Es la carta que Sacha le envía al refugiado y es la llegada de su respuesta. Es lo que une a la fuerza a los dos hermanos Greenlaw, después de que Robert persuadiera a su hermana de empuñar un objeto de cristal sin notarlo, adhiriéndose con un pegamento a su piel:

No era solo cristal, dijo Robert. Era mucho más que un objeto de cristal.

¿Qué era, entonces?, dijo Charlotte.

Era tiempo, dijo Robert.

Tiempo, dijo ella. ¿Es ese el regalo que tenemos que ofrecer a los demás?

No importa lo que nos depare lo imprevisto —el Brexit, el covid, los incendios forestales en Australia, los campos de refugiados—; para Smith el tiempo nunca nos abandona. Es la luz y la oscuridad; es el objeto de cristal; “es suave y áspero, y si intentas desvincularte del tiempo, el tiempo se reirá de ti y te arrancará la piel”. Dependemos del tiempo, sin más, y las narraciones de Smith encierran la circularidad de las estaciones en que viven los personajes, a la vez que sus historias se entrecruzan con otros tiempos literarios.

En Verano podemos especular en torno a cómo se leerán los acontecimientos de 2020 representados dentro de 10 años o cuando se distancien del contexto en que surgieron. La naturalidad de las voces que Ali Smith expone sumidas en su contingencia probablemente seguirá conservando la sensación del ahora. Sus divagaciones y su estilo joyceano empujan a situarnos en un limbo; escuchamos las frases como un murmullo, como partes entrecortadas de una historia, mientras los largos días de verano van y vienen, y afrontamos su posibilidad. La esperanza de Smith al referirse a nuestro siglo está en la búsqueda de la confianza en los demás, en percibir que la novela aún puede recoger, tal como la tradición oral, la frescura de nuestros tiempos y generar algún sentido de pertenencia. Sin duda, las narraciones abiertas en forma de coro con las que la escritora crea un collage de voces ayudan a desmoronar nuestras creencias arraigadas, para dejar así que nuestra intuición alimente nuevas percepciones en torno al placer y renovación de la lectura.

 


Verano, Ali Smith, Nórdica, 2021, 338 páginas, $22.000.

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