Javier Marías por sí mismo

Escritor sumamente consciente de su trabajo (como novelista, traductor, articulista-polemista), Javier Marías dejó este mundo el domingo 11 de septiembre, a los 70 años. Reproducimos aquí algunas declaraciones notables sobre su oficio, la recepción crítica, el estado cultural actual, la vejez y la muerte. Es una manera a la vez íntima y pública de conocer (o de volver) a quien sin duda es el narrador español más importante de las últimas cuatro décadas.

por Sebastián Duarte Rojas I 13 Septiembre 2022

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El pasado domingo 11 de septiembre, a causa de una neumonía, falleció a los 70 años el gran Javier Marías, el narrador que renovó la literatura española con esa prosa sinuosa y envolvente, que logró captar el paso del tiempo y nos permitió dimensionar la oscuridad que rodea los secretos (familiares, políticos), en obras como Corazón tan blanco (1992), Mañana en la batalla piensa en mí (1994) y la monumental trilogía Tu rostro mañana (2002-2007). También destacó como traductor —trajo a nuestra la lengua obras de Sterne, Conrad, Faulkner y Nabokov, entre otros—, fue miembro de número de la RAE y semanalmente publicó artículos en El País, los que fueron compilados en libros con decidores títulos como Literatura y fantasma (1993), Seré amado cuando falte (1999), Harán de mí un criminal (2003), Cuando la sociedad es el tirano (2019), y el reciente ¿Será buena persona el cocinero? (2022).

En una extensa entrevista con Michel Braudeau llevada a cabo en 2005, resumió la compleja recepción de su obra de la siguiente manera: “Dado que mis primeras novelas no tenían por marco España, primero se me acusó de escribir en inglés y luego traducirlo, lo cual es una idiotez. (…) Después, se decidió que mis libros eran demasiado fríos; que escribía bien, pero que era demasiado frío. (…) Más tarde se dijo que eran demasiado ‘apasionados’, que en última instancia solo les interesaban a las mujeres, y esto se decía de forma peyorativa, con desprecio. (…) Cuando se vio que esto no era exacto, que también había muchos hombres entre mis lectores, se decretó que, a fin de cuentas, escribía mal”.

A continuación, se presenta una serie de fragmentos de seis entrevistas que nos permiten ver distintas facetas de Javier Marías, desde sus consejos sobre escritura, pasando por sus polémicas opiniones, hasta su estrecha relación con la muerte.

Formación y labor del novelista

“Quien quiera ser escritor y conozca dos idiomas, que traduzca, que traduzca. Si se consigue olvidar el propio estilo (en el supuesto de que se tenga, ya que se es un principiante), y uno se pone al servicio de otro estilo más elevado, y se logra reescribir en la propia lengua materna de forma decente y eficaz, es decir, ‘bien’, lo que han escrito Conrad, Sterne o Stevenson, el instrumento que uno usa se afina, se pule… Ninguna otra práctica literaria aporta tanto”. (A propósito de un tal Javier Marías, por Michel Braudeau, Debolsillo, 2008)

“Si ya sé todo lo que va a suceder, para qué voy a escribir. Lo que me divierte es descubrir cosas sobre la marcha, tomar decisiones. El verbo inventar proviene del latín y significa hallar o descubrir algo nuevo o no conocido. Yo descubro a la vez que escribo. Y a veces me contradigo. Saber lo que va a pasar me aburre. Prefiero improvisar”. (“Javier Marías: ‘Siempre he sido un poco impertinente’”, por Rafael Narbona, El Español, 2022)

“En mi opinión, escribir una novela es una labor muy ardua, que requiere un esfuerzo mental, una gran concentración, y una memoria extraordinaria: yo no utilizo ordenador, trabajo sin un guion previo, apenas algunas notas, así que debo tenerlo todo en la cabeza. Al terminar Tu rostro mañana, que tiene unas mil seiscientas páginas, estaba agotado. No en el sentido de ‘seco’ (eso no lo sé, no puedo predecirlo), sino agotado física y mentalmente”. (A propósito de un tal Javier Marías)

“He dicho muchas veces que al leer una novela (…), cuando esa novela es de cierta extensión sobre todo —desde El Quijote hasta las novelas de Dickens, o hasta Proust (…)— digamos que uno se instala a vivir en ella durante una temporadita, el tiempo que le lleve a uno leerla. Entonces, al escribirla se produce un poco lo mismo, solo que claro, muchísimo más tiempo”. (Una entrevista con Javier Marías, por Elide Pittarello, Debolsillo, 2005)

“La primera vez en mi vida en que comprendí que no podría vivir sin escribir fue cuando se publicó el segundo tomo de Tu rostro mañana. Hubo dos meses de promoción del libro y, por así decirlo, tuve que ‘salir al mundo’ durante cinco o seis meses. Y entonces me di cuenta de que estar en ese mundo, y ya no en el mío, en el que escribo, en que yo imagino y creo, no me resultaba demasiado agradable. (…) Nunca lo había sentido así antes, pero la literatura es un refugio, un lugar donde uno está a salvo. Tal vez tenga más necesidad de ficción que de cualquier otra cosa”. (A propósito de un tal Javier Marías)

“No me parece muy concebible o muy interesante, digamos, un tipo de novela en la cual se juzga, eso no tiene nada que ver con la literatura. Los juicios morales, por ejemplo. Yo los hago a menudo en mis artículos de prensa, como ciudadano. Pero cuando escribo novelas no soy un ciudadano. Esa es quizá una de las cosas atractivas de escribir ficción. Uno no tiene por qué aplicar los mismos criterios que aplicaría en la vida real”. (Una entrevista con Javier Marías)

“Las diferencio en una cosa muy sencilla: en los artículos hablo sobre la realidad y en los libros creo una ficción. Uno puede meter cualquier cosa en una novela y eso no implica responsabilizarse de todo. Un personaje dice algo y allá él. Total, es ficción. Pero en un artículo sí hay que responsabilizarse de todo”. (“El índice de batallas de Javier Marías”, por Juan Cruz, El Periódico de España, 2022)

El columnista contra la opinión pública

“A lo largo de una semana veo qué me preocupa como ciudadano o qué me enfada o simplemente qué me interesa. Eso respecto a los artículos que tienen que ver con la actualidad. Pero luego hay otros de tipo más evocativo o nostálgicos, pues a lo largo de una semana el estado de ánimo cambia mucho y muchas veces lo que escribo responde a eso. A veces sucede que no hay algo suficientemente fuerte y busco sobre qué escribir. Llevo 27 años así, escribiendo cada semana y, en todo ese tiempo, ha habido momentos en los que he tenido que rascar mucho: ¿de qué hablo hoy? Pero siempre surge algo”. (“El índice de batallas de Javier Marías”)

“Uno también olvida las propias columnas. Retener en la memoria todo lo que ha escrito, eso sería un horror y una maldición. Arrepentirme de una columna entera, no. Quizá de alguna frase o de algún adjetivo, sí. De todas maneras, escribo con un desenfado excesivo a veces, y luego en otra versión uno pule esas cosas. Aun así, ha habido artículos que han indignado mucho a mucha gente. Pero eso ya es inevitable, y tampoco me importa gran cosa”. (“Javier Marías: ‘Escribo sobre temas que me parecen particularmente graves, peligrosos, injustos o estúpidos’”, por Federico Simón, El País, 2022)

“Pero en el fondo creo que soy optimista, porque si no lo fuera no me molestaría en seguir opinando, porque uno intenta, dentro de sus modestos medios —porque al fin y al cabo un artículo de prensa poco puede hacer— mejorar lo que uno cree que puede ser mejorado. Si no creyera que eso fuera factible, ¿para qué me iba a molestar?”. (“Diccionario de desvelos de Javier Marías”, por J. A. Aunión, El País, 2019)

“Sé que tengo fama de altivo y arrogante, pero yo no considero que lo sea. Impertinente siempre he sido un poco. Tanto en artículos de opinión como en declaraciones. En cualquier caso, yo no soy el más adecuado para decir lo que soy o dejo de ser. Dado que vivimos en el mundo de las redes sociales, donde prosperan rápidamente los rumores y las falacias, imagino que se habrán inventado nuevas leyendas sobre mí y, probablemente, mucho peores”. (“Siempre he sido un poco impertinente”)

“Si entendemos por opinión pública lo que dicen las redes, me parece un elemento preocupante. (…) Y creo que, mientras eso no cambie un poco, lo que se llama a veces opinión pública está convirtiéndose, incluso, como dice el título de mi libro [Cuando la sociedad es el tirano], en algo tiránico. Parece que hay cada vez mayor intolerancia hacia la mera disidencia, hacia las opiniones que simplemente no gustan”. (“Diccionario de desvelos de Javier Marías”)

“Visto con la óptica de hoy, todo es terrible. Estamos hablando de ridiculeces equiparables a decir que no puedo comer este plato porque no estoy seguro de cómo trata a su familia el cocinero. El propio Quevedo mató a un individuo en la plaza de las Descalzas de Madrid en una reyerta. Es que fue un asesino, mató a un semejante. ¿Esto qué tiene que ver con los versos de Quevedo o con El Buscón?”. (“Escribo sobre temas que me parecen particularmente graves”)

“Lo que llevamos de siglo XXI, en conjunto, me está resultando un poco decepcionante. En un artículo dije sin embargo que, dentro de todo, si lo comparamos con los primeros 20 años del siglo XX, por ejemplo, en que hubo una guerra mundial espantosa, o del XIX, con todas las guerras napoleónicas, pues vamos bien. Pero en otros aspectos me está resultando un siglo tonto, muy tonto, muy tiquismiquis, demasiado delicado en cierto sentido y lleno de tontuna y antipatía, intolerancia”. (“Diccionario de desvelos de Javier Marías”)

“A estas alturas, todo el mundo es feminista. Cualquiera que no sea un cabestro lo ha sido. Es evidente que históricamente las mujeres han tenido un sometimiento, han sufrido la prohibición de estudiar o de ejercer numerosas profesiones, sigue habiendo incluso ahora en la práctica desigualdades en los sueldos. Todo eso es verdad y en todo eso es algo en lo que yo he estado a favor de la equiparación absoluta. Ahora bien, hay un feminismo llamado de cuarta ola que para mí contraviene al feminismo clásico. (…) Cuando uno lee que el Ministerio de Igualdad habla de penar o prohibir o multar las miradas lascivas, ¡las miradas! (…) Cómo decide uno qué mirada es lasciva y cuál no. Es una cuestión subjetiva. (…) Ese tipo de feminismo es el que me resulta estúpido, antipático, ceñudo, puritano y mojigato, tanto como la Iglesia católica de los peores tiempos”. (“Escribo sobre temas que me parecen particularmente graves”)

Tiempo, vejez y muerte

“Esta teoría, esta idea tradicional de que con los años uno se hace más tolerante, más sabio, tiene mayor entereza, digamos, no sé si va conmigo. Quizás no tengo todavía los suficientes años como para haber alcanzado ese tipo de cosas, pero no siento nada de ello en absoluto. Ni tengo más entereza, ni me siento más sabio —quizá cada vez más desconcertado—, ni desde luego más paciente. Más bien es al revés”. (Una entrevista con Javier Marías)

“En mi país no se me aprecia particularmente. (…) La primera institución no estatal, no oficial, pero ‘casi oficial’, que ha hecho las paces conmigo ha sido la Real Academia Española, en la que he sido admitido hace un año, tras la muerte de mi padre. (…) Pero ninguna de mis novelas ha recibido un solo premio nacional, oficial. También es cierto que, si me ofrecieran uno, me apresuraría a rechazarlo; lo decidí hace años. No quiero nada del Estado, con independencia del gobierno que haya. Así que pienso que mi obra está más reconocida fuera de España”. (A propósito de un tal Javier Marías)

“La literatura tradicionalmente siempre ha sido algo que contaba con el tiempo si no a su favor, al menos no en su contra. Cabía la posibilidad de que un libro fuera ganando sus lectores, tuviera un crecimiento paulatino a lo largo de una cantidad de tiempo apreciable, mientras que ahora da la impresión de que no. (…) Hay ese afán de la gente de leer lo que todo el mundo lee a la vez, de leerlo en el momento en que toca leerlo, que es el momento de su publicación. En las últimas apariciones de mis libros he tenido una sensación que me resulta de lo más incómoda. (…) Cuando uno está todavía inmerso en el proceso del nacimiento del libro, resulta que este, hasta cierto punto, ya ha muerto”. (Una entrevista con Javier Marías)

“La posteridad es un concepto del pasado, valga la contradicción aparente. Hoy en día no tiene el menor sentido. Todo se queda viejo a una velocidad excesiva. Cuántos autores, en cuanto mueren, pasan a un olvido inmediato”. (“Escribo sobre temas que me parecen particularmente graves”)

“Yo recuerdo que mi propio padre, que murió con 91 años, estaba echando de menos a cada vez más gente. Renovaba las amistades, no se aislaba, pero su mundo iba a desapareciendo antes que él mismo. Yo era joven, lo veía y pensaba: ‘qué triste debe ser verse envuelto en eso.’ Luego fui cogiendo años y sí, ya tengo la sensación de que mi mundo va perdiendo valor porque ya no tengo a ciertas personas. Me consuelo pensando en los que me quedan, claro. Pero todos seremos pasado, esto es así. Todos seremos pasado y ya no presente”. (“El índice de batallas de Javier Marías”)

“Las personas muertas que yo realmente echo de menos (…), las tengo en mi cabeza permanentemente. No pasa un día en que no me acuerde en algún momento, por algún pequeño motivo y con toda naturalidad, de ellos. El hecho de que no los vea, en algunos casos, desde hace ya muchos años, no significa que no estén presentes en mi vida. (…) Y esto en contra de la tendencia actual a hacer grandes dramas durante un rato cuando muere alguien, sobre todo si es alguien público y famoso, para que luego la persona desaparezca de la memoria general durante largo tiempo”. (Una entrevista con Javier Marías)