Dardo Scavino: ser uno con la máquina

En Máquinas filosóficas: problemas de cibernética y desempleo, el filósofo franco-argentino evita caer en profecías de redención y en augurios apocalípticos, esos de robots sometiendo o superando a los humanos, y mira con sospecha los discursos que presagian el fin del humanismo o que llaman a resucitar alguna espiritualidad agonizante. El libro funciona más bien como una genealogía filosófica de la técnica, indagando en los orígenes de aquellos discursos que hoy proliferan como novedades, pero que son tan antiguos como la cultura occidental.

por Juan Íñigo Ibáñez I 11 Julio 2023

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Hasta ahora, la tecnología ha operado como una especie de pharmakon: liberación o fatalidad, dependiendo de quién dicte el código, con computadoras y dispositivos replicando una tecné (ese saber que los griegos atribuían a los esclavos), a partir de órdenes de programación dictadas por humanos siempre en la trastienda.

Pero con la inteligencia artificial de formato conversacional ChatGPT, que esta vez no solo recibe órdenes sino que interactúa con los usuarios, se instaló la duda de si estos softwares podrían llegar a albergar algún día una episteme (ese tipo de conocimiento que los helenos atribuían a los amos), escribiendo, como ya lo hace, ensayos, historias cortas y creando incluso podcasts que, según algunos, dejarían instantáneamente obsoletos a miles de trabajadores creativos y del conocimiento.

También se ha dicho que programas basados en Deep Learning, surgidos del matrimonio entre automatización y cognición, desarrollarían, a largo plazo la capacidad de dar instrucciones a otras máquinas y, eventualmente, a otros humanos. O lo que es igual: que pasarían de ser programadas a programar.

Dilemas éticos y prácticos de esa relevancia, contra lo que pueda creerse, han estado presentes desde los inicios mismos de la filosofía, y cómo ese legado conceptual ilustra las problemáticas del presente es lo que Dardo Scavino explora en Máquinas filosóficas: problemas de cibernética y desempleo.

Aunque durante el transcurso de los siglos hayamos terminado abrazando por necesidad o mera comodidad, los avances de la técnica, que una inteligencia artificial se instaure como “poder constituyente”, creando “obras originales del espíritu” o dictándonos instrucciones para llevar a cabo una operación, ya sería, a decir del autor, harina de otro costal.

Es que la promesa de que la tecnología nos alivianaría la vida se asoció siempre a esas labores repetitivas, manuales y pesadas. Pero si estos softwares empezaran a sustituir definitivamente las actividades intelectuales o espirituales, ¿seguiríamos hablando de liberación a través de la tecnología? Y a esa entidad capaz de producir obras con valor estético, ¿la seguiríamos viendo como un instrumento a nuestro servicio?

Scavino evita caer tanto en profecías de redención como en augurios apocalípticos, esos de robots sometiendo o superando en algún campo a los humanos, y mira con sospecha los discursos que presagian el fin del humanismo o que llaman a resucitar alguna espiritualidad agonizante. El libro funciona más bien como una genealogía filosófica de la técnica, indagando en los orígenes de aquellos discursos que hoy proliferan como novedades, pero que son tan antiguos como la cultura occidental misma.

Automatismo y mutaciones

Siguiendo a Heidegger, Ortega y Gasset, Sloterdijk y los griegos, Scavino entiende la técnica como inseparable de lo humano, ese “hibrido de primate y robot” que desde que emplea instrumentos externos para modificar su entorno, puede ya considerarse “un ciborg”.

Al autor le interesa mostrar cómo llegamos hasta aquí explorando aquellas controversias filosóficas clásicas que han tejido el idioma “de las actuales profecías”, como la de los gobernantes y los gobernados, el pensamiento y el cuerpo o la dominación y el lenguaje, para así entender por qué pensamos lo que pensamos respecto de las implicancias sociales de la técnica. “Cada vez que la filosofía pensó el problema del poder —plantea— las máquinas no estaban lejos”.

Tampoco le inquieta (tanto) un inminente advenimiento de los ciborgs como la facilidad con la que, en diversos momentos de la historia, personas perfectamente razonables se ‘metamorfosearon en autómatas’ bajo el influjo de la propaganda, como ocurrió en la Alemania nazi o en la Italia fascista.

Scavino argumenta que si tenemos tiempo para pensar en este problema (la “verdadera riqueza”), es precisamente porque la técnica nos ahorra las tareas más arduas y pesadas, “como si la máquina no fuera enemiga del espíritu, sino la condición de existencia de una vida espiritual”.

Por otro lado, tampoco le inquieta (tanto) un inminente advenimiento de los ciborgs como la facilidad con la que, en diversos momentos de la historia, personas perfectamente razonables se “metamorfosearon en autómatas” bajo el influjo de la propaganda, como ocurrió en la Alemania nazi o en la Italia fascista.

Durante el transcurso del siglo XX, desde el Estado se buscó aplicar en varios momentos la ciencia del management para optimizar la producción fabril en sociedades enteras, un sueño tecnocrático en cuyo reverso, Scavino, siguiendo a Jacques Elull y Günther Anders, ve el germen para nuevas formas de gestión algorítmica por venir.

A su juicio, entonces, el peligro no estaría tanto en que las inteligencias artificiales estén aprendiendo a imitarnos como que alberguemos el potencial latente de ser como ellas si se aprietan los botones correctos. Y eso era precisamente a lo que le temían los luditas: que con la llegada de la manufactura, los artesanos no solo perdieran su saber hacer, sino que, inmersos en labores repetitivas y enajenantes, se convirtieran en autómatas indistinguibles de las máquinas.

O lo que es bastante similar: que los algoritmos, con sus memes autogenerados y sus “herramientas mecánicas del uso de la palabra”, terminen reemplazando el pensamiento por “programaciones sociales y automatismos colectivos”, lo cual, para Hannah Arendt, era puerta de entrada segura para los totalitarismos.

Ellos [los luditas] no destruían a servidores capaces de aliviarles tareas más ingratas sino a divinidades mecánicas que convertirían a esos mismos operarios en dóciles ‘apéndices vivos’”, escribe Scavino. “Del mismo modo que, con la Revolución Industrial, cardadores, hilanderos y tejedores se vieron remplazados por máquinas automáticas, los sistemas cibernéticos están remplazando hoy a profesionales altamente calificados”.

El punto, sugiere el autor, es que no nos convertimos en autómatas por el hecho de ser trabajadores, sino que trabajamos, precisamente, porque tendemos a ciertos automatismos (psicológicos, sociales, culturales y genéricos) que hoy los “administradores de internet” estimulan para hacer del “trabajo del click” una labor “inconsciente e incesante”.

Sea cual sea el devenir de la técnica en los próximos años, Scavino rehúye los diagnósticos cerrados sobre si los robots, computadoras e inteligencias artificiales terminarán o no por remplazarnos (verdadero soplo de aire fresco en tiempos de profetas), prefiriendo, en cambio, sondear en el por qué y el desde cuándo pensamos que las cosas sucederán de ese modo.

 


Máquinas filosóficas: problemas de cibernética y desempleo, Dardo Scavino, Anagrama, 2022, 368 páginas, $22.000.

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