Repensar el capitalismo pospandemia

La economista Mariana Mazzucato viene llamando la atención desde que publicó, en 2011, una investigación que echaba por tierra el mito del emprendedor privado, al señalar que si de innovación y riesgo se trata, es el Estado el primero que ha ido al frente. También plantea que ya es hora de pasar del paradigma empresarial, cuyo objetivo es la maximización del beneficio para el accionista, a uno que privilegie el bienestar público y la sostenibilidad del planeta.

por Paula Escobar Chavarría I 16 Septiembre 2020

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Es una de las economistas más progresistas, influyentes y originales de hoy. Su aproxi­mación clara y fresca a la economía política la ha transformado en los últimos años en una voz muy escuchada, especialmente después de la crisis financiera del 2008. Pero la catástrofe sanitaria y económica del covid-19 la ha convertido en una fuente imprescindible para quienes creen que esta es una oportunidad para hacer reset y repensar la nueva normalidad económica, desafiando el pensamiento convencional y redefiniendo el rol del Estado, para que sea un inversor fundamental en una economía más verde e inclusiva.

Nació en Italia, donde vivió hasta los cinco años. Su familia partió a Estados Unidos, donde ella hizo su vida. Estudió su Bachelor of Arts y Relaciones Internacionales en la Universidad Tufts, y su máster y doctorado en economía en la New School for Social Research de Nueva York.

Actualmente vive en Londres, junto a su marido y sus cuatro hijos. Es académica de University College London, donde fundó y dirige un nuevo tipo de depar­tamento económico, el Institute for Innovation and Public Purpose. “Queremos que piensen estratégica­mente y ambiciosamente para el bien público y, en las palabras de Steve Jobs, se mantengan hambrientos y tontos”, dijo en una entrevista.

Ganadora de varios premios y reconocimientos, fue elegida como una de los tres más importantes pensadores en temas de innovación por la revista The New Republic. A través de sus libros El Estado empren­dedor. Mitos del sector público frente al privado y El valor de las cosas. ¿Quién produce y quién gana en la economía global?, ha cuestionado el capitalismo desde un lugar distinto al de muchos de sus colegas. Tal como dijo The New York Times, “ella ha estado reimaginando sus premisas básicas. ¿De dónde viene el crecimiento? ¿Cuál es la fuente de la innovación? ¿Cómo pueden el sector público y privado trabajar juntos para crear las economías dinámicas que queremos?”.

El Papa Francisco la llamó también para pedirle asesoría tras leer su último libro. Pero ella ya había asesorado a muchos políticos y líderes del mundo, como a la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon; Alexandria Ocasio–Cortez, la parlamentaria estrella del ala más progresista del partido demócrata, a la ex candidata presidencial Elizabeth Warren, pero también el senador republicano Marco Rubio había citado su trabajo en sus planes y programas. Ha sido requerida en charlas y conferencias en todo el mundo. A Chile vino en 2016, al Congreso Futuro y antes a la Cepal, donde fue la primera mujer en dictar la cátedra Raúl Prebisch. También algunos políticos chilenos, como Carlos Montes y Giorgio Jackson, han hablado con mucho interés sobre su trabajo.

Su mirada sin duda es progresista, pero no se la define desde un pensamiento convencional de la izquierda. Y piensa que los políticos del sector pierden los debates porque “se enfocan demasiado en la redistribución de la riqueza y no suficiente en la creación de riqueza. Necesitamos una narrativa progresista no solo sobre cómo gastar, sino cómo invertir de maneras más inteligentes”, dijo a Wired.

Ha reconocido influencias, entre otros, del econo­mista austriaco Joseph Schumpeter, cuyas ideas sobre innovación, capitalismo y el proceso que denominó la “destrucción creativa” ha dejado huellas hasta nuestros días; y, especialmente quizás, del economista inglés John Maynard Keynes, por su visión del papel del gobierno. En una columna para Project Syndicate de 2017, Mazzucato escribió sobre él:

“Como John Maynard Keynes argumentó en la década de 1930, si los gobiernos reducen el gasto durante una recesión, una recesión de corta duración puede convertirse en una depresión en toda regla. Eso es exactamente lo que sucedió durante el período de austeridad de Europa después de la crisis financiera de 2008. Y, sin embargo, la agenda progresista no puede ser solo sobre el gasto público. Keynes tam­bién pidió a los responsables políticos que piensen en grande. ‘Lo importante para el gobierno es no hacer cosas que los individuos ya están haciendo’, escribió en su libro de 1926 The End of Laissez Faire, ‘sino hacer las cosas que actualmente no se hacen en absoluto’. En otras palabras, los gobiernos deberían pensar estratégicamente sobre cómo las inversiones pueden ayudar a dar forma a las perspectivas a largo plazo de los ciudadanos”.

Piensa que los políticos de izquierda pierden los debates porque ‘se enfocan demasiado en la redistribución de la riqueza y no suficiente en la creación de riqueza. Necesitamos una narrativa progresista no solo sobre cómo gastar, sino cómo invertir de maneras más inteligentes’, dijo a Wired.

Desmitificando Silicon Valley

Uno de los temas de estudio de Mazzucato es el papel de los privados y del Estado en la innovación, com­batiendo esa idea, tan arraigada, de que la innovación pasa siempre fuera de los Estados y gobiernos, que serían burocráticos, aburridos, sin ritmo, solo dedica­dos a “molestar” a esos emprendedores de garaje tipo Silicon Valley. Mazzucato dice que esa no es la realidad. La innovación disruptiva, de hecho, está basada en inversión pública de base y aplicada, sostiene ella.

Para probarlo hizo la di­sección del símbolo máxi­mo de la nueva economía innovadora: el iPhone. Su hallazgo fue impactante: el financiamiento estatal estaba en todas sus partes. Pero quienes pagaron los impuestos con los que se financiaron esas inversiones no solo nunca lo supieron, sino que tampoco se bene­ficiaron por esa inversión de riesgo.

“Steve Jobs ha sido llama­do genio por los productos visionarios que concibió y comercializó, (pero) esta his­toria crea un mito sobre el origen del éxito de Apple. Sin la gran cantidad de inversión pública detrás de la compu­tadora y las revoluciones de internet, tales atributos podrían haber llevado solo a la invención de un nuevo juguete”, escribió Mazzucato en su libro El Estado emprendedor.

Ella insiste en reformular esa narrativa por una que le haga justicia a los esfuerzos colectivos que hay tras la innovación, y no solo de “un grupo de jóvenes blancos de California. Si queremos resolver los pro­blemas más grandes del mundo, debemos entender esto”, aseguró.

Las misiones

Mazzucato, de 52 años, quiere pasar de la investigación académica a la aplicación en terreno y viceversa. Quiere ver las teorías funcionando en la realidad. En 2017 le ofrecieron ser asesora de la Comisión Europea para Investigación, Ciencia e Innovación, lo que aceptó. Explicó que por cierto, “quiere tener impacto, si no es socialismo de champaña: vas, hablas por aquí y allá, pero nada pasa”, dijo en una entrevista.

Los frutos de ese trabajo fueron relevantes. Hizo el que probablemente sea el reporte más importante de su carrera, pues elaboró su teoría de cómo los grandes objetivos nacionales y globales deben definirse como misiones, y no meros problemas, tareas o “desafíos”. Estas misiones deben cumplir cinco criterios, que resumió Wired: “Deben ser audaces e inspirar a los ciudadanos; ser ambiciosas y arriesgadas; tener un ob­jetivo claro y una fecha límite (se debe poder responder sin ambigüedades si la misión se cumplió o no, dice Mazzucato); ser interdisci­plinarias e intersectoriales (erradicar el cáncer, por ejemplo, requeriría inno­vación en salud, nutrición, inteligencia artificial y pro­ductos farmacéuticos); y permitir la experimenta­ción y múltiples intentos de solución, en lugar de ser microgestionadas de arriba hacia abajo por un gobierno”.

Para Mazzucato, el mejor ejemplo que refleja el espíritu de su proyecto es la misión a la Luna. Allí se verificaron cada uno de los criterios. Y eso logró crear amplia convocatoria, gran mística, posibilidad de superar conflictos y dificultades, y una intensa cooperación entre muy distintos actores. Así se podrían plantear retos como un océano libre de plástico, ciudades cien por ciento carbono neutrales para 2030, entre otras.

En una charla TED que dio el año pasado, justo en la semana en que se celebraba el 50º aniversario del aterrizaje en la Luna, volvió sobre el punto. “Esto requiere el sector público, el sector privado, que invierta e innove en todo tipo de formas, no solo alrededor de la aeronáutica. (…) Y ¿cómo obtener estas nuevas condiciones de reinversión para invertir co­lectivamente en nuevos tipos de valor hacia algunos de los desafíos más grandes de nuestro tiempo, como el cambio climático? Esta es una pregunta clave. Pero también debemos cuestionarnos si hubiera habido un cálculo de valor presente neto o un análisis de costo–beneficio sobre si intentar o no ir a la Luna y volver de nuevo en una generación, probablemente no hubiéramos ido a la Luna. Gracias a Dios que soy economista y puedo decirles que el valor no es solo el precio”, remató entre aplausos.

Mazzucato, de 52 años, quiere pasar de la investigación académica a la aplicación en terreno y viceversa. Quiere ver las teorías funcionando en la realidad. El 2017 le ofrecieron ser asesora de la Comisión Europea para Investigación, Ciencia e Innovación, lo que aceptó. Explicó que, por cierto, ‘quiere tener impacto, si no es socialismo de champaña: vas, hablas por aquí y allá, pero nada pasa’.

La oportunidad del covid-19

Sobre el covid-19, ha llamado a no volver al estado “normal”, que justamente nos trajo hasta aquí. Y que al encontrar vacunas y tratamientos, los gobiernos logren que la inversión que han hecho y hacen ha­bitualmente en investiga­ción se les retribuya con vacunas y tratamientos a precios asequibles para todos. “Esto requiere un replanteamiento de para qué son los gobiernos: en lugar de simplemente co­rregir las fallas del mercado cuando surjan, deberían avanzar activamente para dar forma y crear mercados que ofrezcan un crecimien­to sostenible e inclusivo. También deben asegurarse de que las asociaciones con empresas privadas que involucren fondos del go­bierno estén impulsadas por el interés público, y no por ganancias”, escribió en The Guardian.

Agregó que priori­zar ciertos objetivos es fundamental para los go­biernos hoy. A su juicio, estos deben invertir (y/o crear) instituciones que prevengan crisis; inver­sión de largo plazo para fortalecer los sistemas de salud, a diferencia de lo sucedido en los últimos años; coordinar mejor las actividades de investigación y desarrollo; orientarse hacia objetivos de salud pública (ejemplo: las vacunas), dando forma a mercados que solucionen problemas de interés y necesidad públicos.

Al haber estudiado y reflexionado sobre la crisis financiera y económica de 2008, Mazzucato también alerta sobre los rescates a grandes empresas. Piensa que estos deben ser estructurados de manera que tengan un efecto transformador hacia los sectores “salvados”. “Que los haga parte de una nueva economía, una que esté enfocada en una nueva estrategia de un nuevo acuerdo verde, de disminuir las emisiones de carbono al mismo tiempo que invierta en los traba­jadores, asegurándose de que se adapten a las nuevas tecnologías”, afirmó en el diario inglés.

Sobre el rescate de los grandes bancos, para ella lo más relevante fue lo que se dejó de hacer: “Lo básico no se ha hecho: la creación de un impuesto de transacciones financieras global para así recom­pensar la inversión más a largo plazo. No estamos utilizando todo el poder del sistema fiscal para dirigir la economía hacia el tipo de sociedades que queremos”, dijo a El Mundo en 2017.

Para ella, y para muchos otros economistas y centros de pensamiento, como el Foro Económico Mundial, es el momento de pasar del paradigma empresarial cuyo único objetivo es la maximización del beneficio para el accionista, a uno en que se tome en cuenta el beneficio de todas las partes interesadas. El Foro Económico Mundial lo planteó hace 50 años, y lo ha reflotado con insistencia.

Eso requiere cambiar la visión de los tomadores de decisiones de las empresas, pero también de los gobier­nos y la sociedad completa. Y una acción urgente, más que nunca, por la crisis de covid–19 y la catástrofe cli­mática como telón de fondo. La academia está llamada, por cierto, a contribuir activa y directamente en este cambio, con las “manos en la masa” en términos de propuestas, alianzas, negociaciones y señales concretas.

Mazzucato sabe de eso.

Una anécdota que recordó The New York Times la refleja: en una conferencia en la Universidad de Columbia sobre cambio climático en la que ella participó, muchos de los asistentes estaban tiritando mientras debatían sobre los apocalípticos escenarios para la humanidad si esta catástrofe no se paraba a tiempo.

Pero no tiritaban de miedo, sino porque el aire acondicionado estaba demasiado fuerte.

Las exposiciones seguían, pero nadie hacía nada. Hasta que ella se paró y pidió que lo apagaran, y dijo en voz alta: “¿Cómo cambiaremos algo, si no nos rebelamos en la vida diaria?”.