
En su libro Astucias, la filósofa Trinidad Silva sigue las huellas de una inteligencia movediza, que sabe entrar y salir, anticiparse e improvisar. Una inteligencia que se juega en el arte de leer las circunstancias y desaparecer a tiempo. En esta conversación, su autora habla de Ulises, de Sócrates y las formas femeninas del decir para pensar este concepto, y ver en el mundo antiguo una entrada posible para entender algunas cosas de los tiempos que corren.
por Milagros Abalo I 13 Octubre 2026
¿Cómo se llega a la palabra “astucias” y cómo se fue abriendo camino?
Estaba trabajando el concepto de sabiduría en griego, un concepto mucho más pesado, con una trayectoria más consolidada en Occidente, sobre todo en Platón. Y la astucia y otros conceptos se me colaban como una especie de categorías marginales de la inteligencia. En buen chileno, era como decir “pillería”. En los griegos previos a Platón, la sabiduría también aparecía como astucia. El sophos podía ser un tipo medio ambiguo, ambivalente, medio oportunista. Y esto me interesó mucho, no fue el sabio que imaginamos como Platón, y ahí se me apareció como un tema en sí misma.
¿Por qué en plural?
Porque no es tan fácil de definir en el paraguas de la inteligencia. Definirla va contra los propósitos mismos de la astucia. La asocio con una inteligencia del cuerpo, de la apariencia, de la belleza, pero no a un solo concepto. Ahí es donde se juega la astucia, se va definiendo y redefiniendo según las circunstancias, la hazaña, el héroe, el momento, y en eso me pareció más apropiado llegar a una astucia en plural.
¿Tiene que ver más con una rapidez que con la elaboración de un pensamiento?
Sí, es muy reactiva, pero también pareciera poder planificar o anticipar. El astuto está siempre preparado, como Ulises o Sócrates o algunos animales. La astucia también se juega en una capacidad de anticipación, pero sin saber lo que va a pasar, se juega en la improvisación. Una especie de técnica que anticipa y se puede ensayar. Se va aprendiendo desde la falla. Es un movimiento que responde rápido, se juega en el sigilo, en el desaparecer. No se puede fijar, la astucia está muy sometida a las circunstancias, a cómo resulten las cosas.
¿También la astucia tiene que ser astuta consigo misma, manejar sus propios límites?
Sí, de lo contrario no es del todo astuta. La astucia tiene que hacer un pacto con la prudencia y la prudencia tiene que ver con los límites.
¿No crees que la astucia siempre termina presa de sí?
En el libro me propongo rehabilitar aquella astucia que no se vuelve presa de sí, como un modo que surte efecto, como en Sócrates. A Ulises, por ejemplo, se le podría condenar por sus excesos, por sus engaños, por su forma, pero al final igual podemos decir que lo logra, por lo menos regresa a casa habiendo aprendido todas estas cosas.
¿La astucia tendría que hacer un pacto con el silencio?
Claro, la astucia siempre tiene que saber retirarse en el momento oportuno. Hay que saber danzar en esos tiempos que no son largos tiempos de reflexión o de contemplación, sino más bien inmediatos, dados por las circunstancias. En la mujer veo mucho ese silencio, más que en los hombres, y pareciera que en eso hay una cierta impotencia, pero lo veo más bien como un poder, el poder callar, el poder desaparecer. Cuando nadie te ve puedes hacer más cosas. Es también mi manera de reivindicar esa cosa femenina, un lenguaje que ha sido marginado en la historia pero que ha sabido convertirse en otra cosa.
¿La astucia es más propia de la mujer?
Sin duda, del lenguaje femenino, del decir y no decir, de entramar, del susurro. Esa forma de hacer literatura, como dice Virginia Woolf, de las pequeñas cosas. No somos las vociferantes de la Historia, pero creo que hemos sabido hacer algo con eso, incluso desde el margen. No lo veo solo como un lugar de victimización, que es evidente, pero hay algo de eso con lo que se comienza a operar. Saber jugar con los límites es saber entrar y salir, no estar todo el tiempo disponible. Hay un camuflaje que de repente se deja ver, aparecer: el movimiento inesperado de la astucia.
¿Cómo viste a Ulises en la Odisea de Nolan?
Es el primer retrato de Ulises en el que no se le caracteriza como astuto. Es un héroe más bien culposo, sin dobleces. Me sorprendió ese vacío de astucia, Ulises estaba muy consciente de los pecados del pasado en la guerra, como si Troya hubiese sido su culpa. No hay conflicto interno, cuando la astucia de Ulises en Homero es puro conflicto interno. Aquí su mayor conflicto es la culpa, y por lo tanto es un héroe más inocente, más plano, más transparente.
¿La astucia es sin culpa?
Claro.
¿Es inseparable del engaño?
En un punto sí, pero un engaño que no es solo mentira, un engaño que tiene que ver con el efecto sugestivo de las palabras y de la apariencia, se juega en un nivel más estético. Una “bella mentira”, como dice Oscar Wilde. El encantamiento del cuentacuentos, que tiene que ver con el tejido del relato. La pregunta por la verdad no surge, el dato exacto no es relevante cuando se cuenta una buena historia. Como Ulises contando su historia, cuánto de eso es verdad, da lo mismo. La belleza desplaza la pregunta por la verdad cuando el relato se sostiene por sí mismo.
¿Vivimos en una época especialmente favorable para la astucia?
Mirando el escenario político actual mundial, creo que no corren tiempos de astucia. Todo se muestra sin dobleces, sin pelos, sin capas, de todos los lados, derecha e izquierda. La autoridad debe conservar cierto enigma, cierto secreto, y ahora la cosa es mostrarlo todo. Poco enigmático el panorama, poco seductor. Todos estos lideres actuales, Milei, Trump, etc., son seres con muy poca belleza. Seres planos, que piensan que decir lo que uno piensa es una virtud. Se condena a la astucia porque se piensa que tiene que ver con el aprovechamiento u oportunismo, sin entender que también se juega en ese velar, saber decir, saber callar, enigmatizar, y eso es muy bello de la diplomacia política y hay quienes lo tienen, Camila Vallejo, por ejemplo.
¿Cómo ves la figura del filósofo/a en estos tiempos?
La filosofía se juega en el aula, en lo oral, en el contacto con los otros, con los estudiantes, con otros colegas. Ese es el escenario del filósofo/a, las clases son la instancia que habría que aprovechar, la espontaneidad de ese encuentro es un registro muy bello y fundamental, aunque también creo que debiera salir más a lo público, tener una vinculación con el medio.
Crédito de la fotografía: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Astucias. Dioses, animales y hombres en la Grecia antigua, Trinidad Silva, Roneo, 2025, 224 páginas, $18.900.