Mano

por Aïcha Liviana Messina I 16 Agosto 2023

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Comúnmente la mano es maestría, posesión, control, incluso dominación. Con la mano ponemos clavos, fijamos sólidamente el entorno, lo creamos. Poseo lo que manejo, lo que conozco. Soy dueño de lo que domino. Con la mano fabrico este dominio. El mundo puede estar en mis manos, porque mis manos lo fabrican. Pero además de poseer, la mano recibe. Esto es increíble. Recibo estas flores. No sé dónde ponerlas. Yo no suelo tener flores. Mi casa no tiene florero. Ya es mucho que tenga platos para que me siente a comer. Para que comamos juntos. Para formar un mundo, ahora lleno de incertidumbres, porque no solo fabrico e instalo, también hablo y no siempre sé lo que digo. Me escucho sorprendida, espantada, vuelta loro, mientras tú lavas los platos. Miro las flores con inquietud. No les encontré realmente un lugar en el espacio. Lo que recibo no está instalado. Lo que recibo es lo desconocido. Yo ahora, al recibir las flores, me desconozco a mí misma. Ya no pongo clavos. Cocino. Camino. Por suerte escribo. Hago como si pudiera agarrar lo que se va. Escribiendo, trato de engañar a la melancolía. Pero la mano es también la que toca la de otro en su último suspiro. La mano no quiere decir adiós y, sin embargo, algunas manos se cerraron sobre otra mano mientras la vida se interrumpía. Algunas manos tocaron la desaparición. En la mano se puede concentrar una dimensión del miedo y con el miedo puedo matar. Con esta mano agarro un cuchillo, camino por las calles, mantengo el cuchillo apretado.

Hay una mano que me emociona. Hoy M. me da la mano. Eres chica, pero eres ya grande. La mayor parte del tiempo caminas suelta. No me das la mano. Pero hoy quieres retener el cariño, la felicidad. Hoy buscas mi mano todo el tiempo. No es que me des la mano porque no conoces el camino, sino porque sentiste felicidad y la retienes, la compartes a modo de un secreto que no se te ocurre formular. Tu mano solamente lo aprieta, lo mantiene, tocando mi mano.

Hoy recibí tu mano y se generó ahí un secreto, un lenguaje nuevo y tocamos esto que es invisible: la felicidad. Esto, este lenguaje, esto que es invisible, estaba entre las dos manos. No es ni mío ni tuyo. Las manos lo aprietan apretándose. Lo producen tal vez, como también se produce el calor, o incluso el fuego. Pero esto que hoy tocaron las manos no se domina, no se posee y no se va tampoco.

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