La ciudad modelo de Ricardo Larraín Bravo

Escritor, diseñador, profesor y parte del sector público, Ricardo Larraín Bravo era un arquitecto completo. Entre sus múltiples obras dispersas por Santiago, destaca la población Huemul 1, que es tanto un proyecto de vivienda como un proyecto de urbanidad. En otras palabras, resolvía el problema de los individuos y proponía, al mismo tiempo, una idea de vida colectiva, cívica. Se trata de un proyecto único, una solución material para familias que vivían hacinadas y en pésimas condiciones de higiene en los momentos en que Chile celebraba sus primeros 100 años de vida.

por Gabriela García de Cortázar G. I 1 Junio 2026

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Al emerger por la estación de Metro Franklin, la ciudad tiene aire de borde. La desolada explanada del Metro, los pavimentos de las amplias vías y el incipiente paisajismo de la franja del parque presenta el característico desuso de la tierra de nadie, reluciente bajo el sol santiaguino.

El Parque Inundable Víctor Jara, que ha sublimado en clave infraestructural el antiguo Zanjón de la Aguada, desdibuja el último límite no solo físico, sino también social, que había tenido Santiago, incluso cuando la ciudad había continuado más allá de él. Originalmente frontera sur del complejo franciscano, que se fundía con la iglesia de San Francisco en la Alameda y se extendía a lo largo de la calle San Diego hasta el Zanjón, durante el siglo XX fue un arrabal infeccioso y desbordante; solo la canalización y posterior transformación a parque inundable ya en este siglo hicieron desaparecer el estigma de la “costanera de los pobres”.

La actual tierra de nadie, versión aséptica de la antigua frontera, discurre sobre, o al borde de, las eventuales aguas que van desde la Quebrada de Macul hasta el Mapocho.

Más allá, el cambio es brusco. Al tomar Nataniel en dirección norte, los nuevos edificios de habitación densifican el suelo, aunque anodinos y banales; San Diego se llena del rebalse de la actividad del mercado Bío-Bío; la plaza Franklin ofrece sombra; el Instituto Hermanos Matte destaca en su cívico edificio diseñado por la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales en 1935. Estas pocas cuadras son un collage hecho por manos distintas, en tiempos distintos, para ciudades distintas. Tras doblar por calle Bío-Bío al poniente y avanzar dos cuadras, otra ciudad más aparece. Esta es una ciudad regular, ordenada, de una cierta extensión: hileras de viviendas pareadas se alinean entre calles arboladas en manzanas largas y angostas; una avenida con un bandejón central con palmeras cruza las manzanas de vivienda en su sentido angosto; en el punto medio de esta avenida se abre un espacio mayor, formado por el vacío arbolado que deja las testeras de las dos manzanas centrales. Ni lo construido ni los vacíos parecen casuales: se percibe que siguen un plan, que han sido diseñados. A pesar del paso del tiempo y de las evidentes modificaciones, la simetría subyacente y la expresión de los edificios, así como la continuidad y extensión de la operación son elocuentes: hablan de un conjunto. Es la población Huemul 1, diseñada por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo en 1911 para la Caja de Crédito Hipotecario.

Ricardo Larraín Bravo, sentado al extremo derecho.

La población Huemul 1 fue el primer proyecto de vivienda que se acogió a los beneficios promovidos por la Ley de Habitaciones Obreras de 1906, ley pionera en las políticas públicas de vivienda en América Latina. Desde mediados del siglo XIX, uno de los efectos de la industrialización fue la creciente urbanización de la población mundial, y Chile no estuvo ajeno a este proceso. Una serie de iniciativas parciales habían prefigurado una acción estatal para controlar el abuso, hacinamiento y segregación de los trabajadores urbanos, pero solo la Ley de 1906 cristalizó una política integral. Una parte central de ella fue la labor del Consejo Superior de Habitaciones Obreras, nstituido en 1907, que debía catastrar y eventualmente demoler las habitaciones “malsanas”, además de promover la construcción de viviendas dignas que las reemplazaran. Para ello, desde 1907 se permitió el contrato de préstamos. La población Huemul se realizó entonces gracias al ahorro de trabajadores, a través de la Caja de Crédito Hipotecario, primera institución de crédito chilena, instaurada en 1855.

El arquitecto de la población Huemul 1, Ricardo Larraín Bravo (1879-1945), había estudiado arquitectura en la École Spéciale d’Architecture de París, entre 1897 y 1900, escuela fundada en 1865 como alternativa a la muy clasicista Escuela de Bellas Artes. Este proyecto de enseñanza, iniciado por Eugene Viollet-le-Duc y materializado por Émile Trélat, ponía el foco en las nuevas técnicas constructivas, los nuevos materiales y el problema de la higiene. Esto claramente impactó en Larraín Bravo. A su vuelta a Santiago, en 1901, y tras convalidar su título en la Universidad de Chile en 1903, publicó en 1911 sus Apuntes sobre las casas para obreros en Europa y América, trabajo realizado en su estadía en Europa, y en 1913 su gran obra en tres tomos La higiene aplicada en las construcciones: alcantarillado, agua potable, saneamiento, calefacción, ventilación, etc. Al mismo tiempo, Larraín Bravo ejerció como arquitecto, realizando residencias particulares, como el Palacio Íñiguez (1908, junto a Alberto Cruz Montt) y la casa para su suegro, Máximo del Campo (en calle Santa Lucía 124, 1910); edificios públicos, como el edificio de la Caja de Crédito Hipotecario (1916) y la iglesia de los Sacramentinos (1912-1936), y conjuntos de viviendas económicas, como la población Huemul, el cité Adriana Cousiño (1920, también con Alberto Cruz Montt), el cité Salvador Sanfuentes (1929) y la población William Noon (1929, junto a Víctor Jiménez). Larraín Bravo fue también profesor en la Universidad de Chile y en la Universidad Católica, impartiendo clases de “Arquitectura e Higiene aplicada en construcciones”. Y desde luego, tuvo una profusa actividad pública: fue inspector jefe de Edificios Públicos de la Dirección General de Obras Públicas (1906), director de Instrucción Primaria de Santiago (1912) y luego jefe de la Oficina Técnica de la Caja de Crédito Hipotecario (1913), además de activo participante de la Asociación de Arquitectos de Chile, predecesora del actual Colegio de Arquitectos de Chile.

Escritor, diseñador, profesor y parte del sector (y debate) público, Larraín Bravo era el arquitecto completo. La población Huemul 1, iniciada como propuesta solo 11 años después de haber llegado a Chile, es también un proyecto de múltiples capas: es mucho más de lo que se ve. La población Huemul 1 fue pionera en la integración de un sistema de alcantarillado y alumbrado público, así como de la dotación de agua potable y electricidad al interior de los domicilios, que incluían cocinas y baños completos. Fue pionera también en la utilización de materiales incombustibles y antisísmicos, los bloques de concreto del así llamado “sistema Elías Bianchi”. Estuvo a la vanguardia en el diseño de viviendas obreras, al ofrecer 15 tipologías distintas (para solteros, parejas y familias de distinto tamaño) con condiciones de habitabilidad similares (habitaciones ventiladas, con buen asoleamiento) para las 157 casas del conjunto (finalmente se construyeron 10 tipos de casas distintos). La población se anticipó en la incorporación de una serie de programas sociales, como el asilo de madres, la Gota de Leche, casa cuna, consultorio, lavandería popular, conventillo modelo, dos escuelas del Estado, un teatro-biblioteca y la sede de la Caja de Ahorros de Santiago (sucesora de la Caja de Crédito Hipotecario), que además funcionaba como administración de la población y dispensario.

Todas las viviendas, perpendiculares a la dirección de la manzana, siempre tenían un dormitorio (el principal) hacia alguna calle (es decir, recibían sol del oriente o el poniente), además de un patio bien iluminado y ventilado, gracias a la provisión de medianeros de baja altura. Larraín Bravo decidió que los edificios institucionales y las viviendas compartieran un mismo material, y que este se expresara claramente en sus fachadas: el teatro, la Caja y las viviendas muestran los grandes bloques de concreto con los que están construidos.

Sin embargo, lo que se ve es, en efecto, esencial. En su forma regular y equilibrada, la población Huemul 1 conjuga ideas complejas y de vanguardia, las que tienen la extraña cualidad de parecer evidentes. Esto lo logra el trazado y las formas de los sólidos y de los vacíos, y tanto a nivel de cada unidad como a nivel del total.

Larraín Bravo decidió diseñar manzanas estrechas, orientadas con el lado largo en dirección norte-sur: todas las viviendas, perpendiculares a la dirección de la manzana, siempre tenían un dormitorio (el principal) hacia alguna calle (es decir, recibían sol del oriente o el poniente), además de un patio bien iluminado y ventilado, gracias a la provisión de medianeros de baja altura. Larraín Bravo decidió que los edificios institucionales y las viviendas compartieran un mismo material, y que este se expresara claramente en sus fachadas: el teatro, la Caja y las viviendas muestran los grandes bloques de concreto con los que están construidos, una característica muy moderna, en el sentido arquitectónico del término.

Larraín Bravo decidió además diseñar no solo los edificios, sino también el espacio entre ellos: el fondo era tan importante como la figura. Por esto el espacio jerárquico de la población no está solo marcado por la presencia de los edificios centrales (el teatro y la Caja), sino que también por el vacío que deja su retranqueo (su “paso atrás” conforma dos plazas que se unen como un solo ambiente); por esto las esquinas de la población se acentúan con la aparición de un espacio singular (las esquinas se ochavan y configuran un espacio cúbico, rotado en relación a la ortogonalidad de las calles); por esto también el remate al sur de la calle Los Algarrobos es un atrio circular, que configura el acceso a la Iglesia de Santa Lucrecia (que, a la vez, al estar flanqueada por los otros programas sociales, le da una forma particular y propia al borde del conjunto).

En la población Huemul 1 se condensa un proyecto de vivienda (es decir, se resuelve el problema de los individuos) y un proyecto de urbanidad (es decir, se hace una propuesta de vida colectiva, cívica). Las decisiones de diseño se hacen cargo de ambas escalas, así como de su conversación con las otras variables: técnicas, infraestructurales, sociales. La población Huemul 1 les da una forma precisa a todas estas demandas. Así, el proyecto era una solución material para los obreros que participaron del esquema de ahorro y, a la vez, se puede entender como una idea de ciudad (y, por ende, potencialmente replicable).

Residencia del arquitecto en Viña del Mar. Fotografía: Fondo Ricardo Larraín Bravo, Cenfoto-UDP.

¿Qué tipo de ciudad propone?

En Huemul 1, la idea de ciudad está abiertamente relacionada con el lugar donde se emplazó, con el contexto fronterizo del borde sur del Santiago de inicios del siglo XX, sede del matadero, de una refinería de azúcar, de fábricas de vidrio y municiones, además de emplazamiento de estación de trenes. Ante esta periferia (histórica, pero que sigue siendo periferia), el proyecto de vivienda establece materialmente más ciudad, más sociedad, más humanidad.

Al dejar la población Huemul 1, de la que hoy queda poco más de la mitad en pie (principalmente debido a la construcción de la línea 2 del Metro, en 1974), la salida debe ser a través del conjunto Huemul 2, que comparte un vértice con Huemul 1 (el de Bío-Bío con Roberto Espinoza). Obra de Julio Cordero de 1943, Huemul 2 es otra idea de ciudad: es una manzana de tamaño tradicional, con una serie de edificios modernistas de cuatro pisos, en forma de barra, hechos en hormigón armado, entre los cuales crecen grandes árboles. Dos bloques largos constituyen los lados oriente y poniente, y acompañan las veredas; la circulación elevada del bloque poniente constituye una cubierta para la vereda. Entre ellos se ubican cinco bloques más cortos. El lado norte (al que llegan los testeros de cuatro edificios) presenta un edificio de un piso, con locales comerciales, que se interrumpe al centro para marcar el umbral que da acceso al corazón del sitio. Los interiores se vierten al exterior, con plantas y macetas. El corazón del conjunto es la piscina. La idea de ciudad de Huemul 2 implica deporte y ocio.

Frente a la actual tierra de nadie que espera alrededor de la estación de Metro (exacerbada por la desolación que produce el Centro de Justicia y el nudo vial de la Autopista Central más hacia el poniente), Huemul 1 (y también Huemul 2) se yerguen como un sólido argumento a favor de la arquitectura y de sus efectos en la sociedad. Su contexto actual pareciera ofrecer una mayor cantidad de argumentos en contra, entre la mezquindad de la especulación inmobiliaria, los grandes galpones camino al abandono, el cortoplacismo del diseño urbano, si es que hay. Este oasis permite vislumbrar que otras maneras de habitar son posibles. La población Huemul 1 concentra conocimiento disciplinar y técnico, así como sensibilidad y humanismo. El rol de la arquitectura en la materialización de la idea de ciudad queda en evidencia: es lo que la hace posible. La capa de diseño establece el plano donde se comunican los deseos y problemas del proyecto; el trazado específico propuesto por Larraín Bravo organiza y da sentido a las diferentes partes que conforman el conjunto. Este espacio de conciliación productiva que es posible ver en la población Huemul 1 no es un espejismo del pasado, sino un recordatorio para el presente y una necesidad para el futuro.

 

Imagen de portada: Población Huemul. Fotografía: Fondo Ricardo Larraín Bravo, Cenfoto-UDP.

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