Ficción privada

por Yenny Cáceres I 8 Septiembre 2026

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Solo por su secuencia inicial, El agente secreto (2025) justificaría todos sus premios y nominaciones. Estamos en Brasil, año 1977, “época de gran picardía”. Un Volkswagen escarabajo estaciona en una gasolinera, en medio de la nada. Armando (Wagner Moura), el conductor, le pregunta al dependiente por un bulto tapado con un cartón, que resulta ser un cadáver que se pudre al lado de la carretera rumbo a Recife. De pronto llega la policía y el ambiente se tensiona aún más. No vienen a recoger el cuerpo sino que a interrogar a Armando. Se suceden los silencios, las preguntas incómodas y un intento de soborno, mientras el tiempo parece estirarse en medio del calor agobiante del nordeste brasileño.

Kleber Mendonça Filho (1968) nunca mencionará la palabra dictadura en los 158 minutos de metraje. No es necesario. En ese prólogo brillante, resume el estado de las cosas en Brasil en ese momento. Un ambiente ominoso, dominado por la impunidad de los protegidos por el régimen militar, pero en el que también perviven otros valores, como la solidaridad de los que buscan sobrevivir en medio de la represión, como es el caso de Armando, un profesor universitario que huye a Recife con otra identidad (Marcelo) y en busca de su hijo. Que la película transcurra durante la época de carnaval contribuye a esta ambivalencia entre el horror y la vida.

Esa introducción, “una mezclaentre El pasajero de Antonioni, Leone, Peckinpah y una novela pulp de Elmore Leonard”, como acertadamente la describió Peter Bradshaw en The Guardian, puede ser vista como un ejercicio impecable de cinefilia, que habla del pasado de crítico de cine de Kleber Mendonça Filho, pero también de sus motivaciones más personales al realizar esta película. Más pistas de esta búsqueda se encuentran en el excelente documental Retratos fantasmas (2023), estrenado en Mubi junto con El agente secreto.

Nacido en Recife, el director creció viendo telenovelas filmadas en Río de Janeiro y Sao Paulo, junto con las películas de Hollywood. De ahí su interés por darle una identidad visual a su ciudad natal, algo presente desde su ópera prima, Sonidos vecinos (2012), hasta la espléndida Aquarius (2016), donde Sonia Braga interpreta a una mujer que se niega a vender su departamento y emprende una lucha titánica contra un agente inmobiliario. El personaje se inspiró en la madre de Kleber Mendonça Filho, una historiadora que apostaba por la historia oral y que realizó una serie de entrevistas a los cineastas pioneros de Recife.

‘Las películas de ficción son los mejores documentales’, le susurra al oído un personaje a otro, en un extracto de la película brasileña Eisenstein (2006), que aparece citada en Retratos fantasmas. Esa idea deviene en un mantra en El agente secreto, donde deliberadamente Kleber Mendonça Filho parece borrar los límites entre la ficción y la autobiografía, para construir una obra personal, una ‘ficción privada’, al decir de Andrés Di Tella, tan potente como universal.

Retratos fantasmas puede ser visto como un diario de rodaje de El agente secreto. Parte como una indagación de sus inicios como cineasta. A la aparición de su madre y su registro de archivos, se suma su regreso a la casa de su infancia y adolescencia, el lugar donde filmó sus primeros trabajos, como Sonidos vecinos, y sigue con un recorrido nostálgico por los cines del centro de Recife, que hoy luce abandonado y sucio. En muchos casos, solo quedan los despojos de esos cines de su infancia. Ese es el Recife que rescata y homenajea en El agente secreto, como el cine Sao Luiz, donde el suegro de Armando trabaja como proyeccionista, un personaje inspirado en don Alexandre, un viejo proyeccionista que el director siguió durante dos años antes de que cerrara el cine donde trabajaba.

Lejos de la Historia, la película está plagada de personajes así, entrañables, como doña Sebastiana (Tânia Maria), una carismática anciana que acoge a Marcelo y a una serie de refugiados. En el lado opuesto, los policías corruptos y los sicarios de poca monta resultan tan inquietantes como atractivos. Con una morosidad que puede resultar incómoda ante los códigos narrativos que hoy dominan el cine y las plataformas de streaming, El agente secreto se detiene en personajes aparentemente secundarios y es capaz de construir una trama narrativa sólida, como un fresco de época.

“Las películas de ficción son los mejores documentales”, le susurra al oído un personaje a otro, en un extracto de la película brasileña Eisenstein (2006), que aparece citada en Retratos fantasmas. Esa idea deviene en un mantra en El agente secreto, donde deliberadamente Kleber Mendonça Filho parece borrar los límites entre la ficción y la autobiografía, para construir una obra personal, una “ficción privada”, al decir de Andrés Di Tella, tan potente como universal.

 


El agente secreto (2025), de Kleber Mendonça Filho, 158 minutos, disponible en Mubi.

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