La vida sin instrucciones de uso

por Rodrigo Olavarría I 10 Febrero 2026

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Abrir Lugares, un libro de 800 páginas abandonado por Georges Perec y que Éditions du Seuil publicó en 2022, se siente como querer dar sentido a una maleta con los papeles de un pariente muerto que creíamos conocer. Es decir, algo poco práctico y potencialmente fútil. La historia es la siguiente: en una carta de julio de 1969, Perec anuncia su nuevo plan, un “conjunto autobiográfico que se articula en cuatro libros, y cuya realización me exigirá al menos 12 años”.

El cuarto de estos libros es Lugares. Los otros eran El árbol, un libro nunca escrito; una “autobiografía vespertina” titulada Lugares donde he dormido; y la idea materializada en W o el recuerdo de la infancia. Perec justifica el tiempo que dedicaría al proyecto en su falta de recuerdos de infancia; al menos la literatura le daría control sobre el tiempo y su registro. De hecho, en Especies de espacios puntualiza: “Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva”.

El plan era describir, dos veces al mes durante 12 años, 12 lugares parisinos en dos formas. La primera describiendo in situ el lugar con estilo telegráfico. La segunda describiendo el mismo lugar de memoria, en cualquier lugar, relatando los recuerdos que este evoque. Hecho esto, los textos serían guardados en sobres que serían abiertos recién en diciembre de 1980.

Lo primero que llama la atención de este proyecto es lo poco literaria de la idea. Se trata, sobre todo, de un acto casi ritual, más emparentado con el arte conceptual que con la literatura, incluso en sus formas más extremas, incluyendo el trabajo del grupo Oulipo. Y cuando hablo de ritualidad me refiero a la repetición de un acto o procedimiento, de forma constante, para producir una obra, como hizo, por ejemplo, el artista de performance Tehching Hsieh, quien entre el 11 de abril de 1980 y el 11 de abril de 1981, marcó tarjeta y se retrató cada hora de esos 365 días. Al final del proyecto tenía 8.760 fotos que montó en un video donde vemos el paso del tiempo en el crecimiento de su cabello.

Entonces, ¿es Lugares una performance? En parte, sí. Una performance fallida que plantea el acto físico de la escritura como parte de la obra literaria. Pensemos en Proust escribiendo en su cama apoyado en cojines, en Hemingway frente a una cómoda tecleando en su máquina de escribir, etc. Y ahora en Perec, en algún rincón de París, pergeñando líneas en una libreta a toda velocidad.

¿Es Lugares una performance? En parte, sí. Una performance fallida que plantea el acto físico de la escritura como parte de la obra literaria. Pensemos en Proust escribiendo en su cama apoyado en cojines, en Hemingway frente a una cómoda tecleando en su máquina de escribir, etc. Y ahora en Perec, en algún rincón de París, pergeñando líneas en una libreta a toda velocidad.

Llegado 1980, Perec pensaba abrir 288 sobres, leerlos, copiarlos y crear índices. Creía que el resultado final revelaría “el envejecimiento de los lugares, el envejecimiento de mi trabajo y el envejecimiento de mis recuerdos”. El caso es que, en algún punto de 1975, cuando Perec vio que el proyecto no se sostendría por sí mismo, que el procedimiento elegido no revelaba nada nuevo de los lugares y que él mismo empezaba a repetirse, lo abandonó.

Esta renuncia es una pena, porque hacer visible el tiempo de la escritura y dar a este la misma importancia que tienen los lugares descritos, era una idea sumamente fértil. La prueba de esta fecundidad está en los libros que se desprendieron de este aparente fracaso: W o el recuerdo de la infancia, donde reescribe una historia escrita en su niñez; Tentativa de agotar un lugar parisino, donde describe durante tres días la plaza de Saint-Sulpice; y Me acuerdo, donde acumula un recuerdo tras otro, inspirado por el sencillo pie forzado urdido por Joe Brainard.

Aunque la lectura de Lugares resulta abrumadora, hay que celebrar el descomunal trabajo de Jean-Luc Joly, presidente de la Asociación Georges Perec, quien dio forma de libro a los 133 sobres existentes. Es una forma arbitraria, sí, pero que se legitima con la creación, por parte de Seuil, de un sitio interactivo donde cualquiera puede armar sus recorridos por lugares y escritos, creando “cien billones” de Lugares, algo que, no cabe duda, habría fascinado a su autor.

Si bien el plan trazado por Perec en 1969 no llegó a puerto, sí le mostró cómo delinear un proyecto ambicioso y realizable, como La vida instrucciones de uso, escrito entre 1976 y 1978, poco después del abandono de Lugares. Podríamos decir que a pocos escritores se aplica tan bien como a Perec el dictum de Samuel Beckett: “Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.

 


Lugares, Georges Perec, traducción de Pablo Martín Sánchez, Anagrama, 2025, 824 páginas, $32.400.

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