Celebraciones y rechazos: deconstruyendo al crítico

No obstante lo anterior, el volumen que recoge las críticas de obras nacionales de Juan Manuel Vial, deja una impresión bastante más matizada que la imagen de reseñista despiadado que muchos le atribuían. Fue un crítico que cumplió con el rol de tomarle la temperatura a su época, pero que además estuvo atento y se la jugó por diversos escritores jóvenes, incluso debutantes en su momento. A continuación reproducimos una selección de comentarios a favor y en contra, textos que muestran a quiénes apoyó y a quiénes no.

por Álvaro Matus I 16 Diciembre 2022

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A poco más de un año de su muerte, Ediciones UDP publica un volumen que recoge una selección de las críticas de obras nacionales que Juan Manuel Vial escribió entre 2002 y 2019. La impresión que deja su lectura es bastante más matizada que la imagen de reseñista despiadado que muchos le atribuían. Y claro, no puede ser de otra manera, toda vez que una evaluación negativa que más que tinta destila sangresiempre tiene algo de circo romano: se las lee más para saber a quién se despedaza en la arena, antes que para discutir o apreciar las razones estéticas que entrega el crítico. Como sea, en esta selección se reproducen comentarios a favor y en contra, textos que muestran a quiénes apoyó y a quiénes no.

Intentamos dar cuenta de los autores a los que valoró y siguió con especial dedicación (Marín, Zambra, Merino, Mellado, Yuri Pérez), cumpliendo con el rol de tomarle la temperatura a su época. Porque Vial fue un crítico que estuvo atento y se la jugó por diversos escritores jóvenes, incluso debutantes en su momento, como Roncone y Simón Soto. Asimismo, por espacio hemos dejado fuera nombres demasiado obvios, como Parra, Bolaño, Lemebel, Armando Uribe o Gonzalo Millán.

En su conjunto, el libro prueba la libertad de Vial para retractarse de un autor al que había valorado positivamente y luego cayó en la irrelevancia, así como para rescatar páginas valiosas de autores que en general no aprobaba. Otro rasgo importante es que ejerció su oficio alejado de las modas académicas y culturales.

En fin, puede ser un tanto injusto reivindicar a un crítico solo a través de los juicios con que salvó o condenó determinadas obras. Respecto de muchos autores, Vial a veces daba y a veces quitaba (Roberto Brodsky, Alberto Fuguet y Patricio Jara, entre otros). Se entiende: la crítica puede a veces asemejarse a un patíbulo, pero la mayoría de las veces se parece más a un espacio para conversar y contextualizar.

Celebraciones

La aparente simpleza que caracteriza a la prosa de García-Huidobro presenta varias virtudes. Entre ellas, es capaz de sumergir al lector de manera enigmática la autora jamás cae en la tontera de explicar algo de más en un mundo tan escalofriante como el que promete el título. A nadie ha de extrañar, entonces, que Nadar a oscuras permita evocar la literatura del insoslayable escritor mexicano Mario Bellatin, lo cual, lejos de ser una comparación mezquina, es todo un hallazgo”. (Nadar a oscuras, de Beatriz García-Huidobro, 2007)

Marcelo Mellado es un escritor que incomoda a mucha gente, y este rasgo de personalidad literaria, en un momento en que la publicación de libros suele verse emponzoñada por una serie de componendas destinadas a satisfacer el mal gusto del mercado, es algo muy meritorio, más aun cuando quien ejerce de francotirador lo hace teniendo siempre a mano, entre sus más preciadas municiones, un humor filudo y la siempre quemante elegancia de la palabra bien administrada”. (Ciudadanos de baja intensidad, de Marcelo Mellado, 2007)

Aparte de la sorprendente brevedad de las piezas incluidas aún no sabemos cómo lo hace, pero Merino siempre consigue decirlo todo en poquísimas palabras, una de las mayores gracias de este libro es que el autor conoció a muchos de los protagonistas de sus ensayos. No son la solemnidad ni la curiosidad del neófito ni el ímpetu del fan, por tanto, las razones que lo animaron a acercarse a tal o cual figura. Al contrario: es la tibia cercanía del amigo, incluso con aquellos a quienes no conoció en persona, la que condujo a Merino a escribir estas estampas personales que, cargadas de literatura y vida, distan de ser arranques literatosos. Escritos durante los últimos veinte años, los ensayos de Luces de reconocimiento demuestran, una vez más, la ductilidad de un autor singular, inteligente y absolutamente inimitable”. (Luces de reconocimiento, de Roberto Merino, 2008)

Canciones oficiales consiste en un centenar de poemas que, pese a haber sido escritos en épocas diferentes, mantienen el sonido distintivo de una voz que no se diluye, trasviste o empingorota de un libro a otro; por el contrario, se mantiene fiel a una esencia definida por las bondades de la palabra simple, la cadencia rápida, atrayente, más ciertas concesiones a sentimientos que van desde la desazón, el sarcasmo político y el desahogo anticapitalista, hasta un comedido vaivén entre la intimidad propia y la intimidad de aquel ser llamado el ‘Yo poético’”. (Canciones oficiales, de José Ángel Cuevas, 2009)

La tercera novela de Alejandro Zambra, titulada con precisión Formas de volver a casa, es la mejor dentro de su breve producción literaria. Y esto, en ningún caso, es poco decir: si Bonsái nos sorprendió por la simpleza y levedad de un relato que era al mismo tiempo macizo, y si de La vida privada de los árboles nos encantó aquella rara elocuencia rara por lo concisa, ahora, a través de este libro, el autor nos prueba que los temas que le resultan afines, sumados al modo de expresarlos ambos similares en las tres novelas, conforman efectivamente un estilo propio y triunfador, pero, más importante aun, dan pie a una obra perdurable, estabilizada y atractiva”. (Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, 2011)

Dünkler no solo es capaz de entrar convincentemente en la mente de la abyección (‘es un viejo malo del cuesco que repite ‘era mi trabajo’’), sino que también plantea una disputa entre Rauff y un supuesto hijo suyo que le agrega a Spandau una connotación tensa que es tan humana como siniestra. Los indios de su primer libro no están excluidos de Spandau, razón por la cual no hay ningún riesgo en afirmar que Gloria Dünkler está creando uno de los micromundos más llamativos de la poesía chilena contemporánea. Y talento para ello le sobra”. (Spandau, de Gloria Dünkler, 2012)

Si bien el lector atento de Germán Marín podrá distinguir en El Guarén algunos de los temas que le son familiares al autor, esta novela habrá de ser aplaudida y recordada por una inquietante peculiaridad: pocas veces en nuestras letras la excelencia en la escritura estuvo al servicio de un condenado como William Araya; pocas veces, para terminar, algún autor nos permitió entrever, con maestría similar a la de Marín, qué clase de miseria es la que se esconde tras la complacencia de una época”. (El Guarén, de Germán Marín, 2012)

Escritos entre los años 2000 y 2010, los versos de Anwandter retratan a un hombre que ha alcanzado, coincidentemente, la madurez, claro que en este caso según los cánones sociales vigentes: el tipo paga cuentas, se endeuda, tiene un trabajo estable y ha formado una familia. A la vez, el hablante del libro, que nació en la década de los 70 y experimentó durante la dictadura ‘los mejores años de mi vida / la infancia en lo posible / alejada del horror general’, defiende posiciones sutiles y enarbola quejas dotadas de sentido común, buen gusto, cinismo e inteligencia”. (Amarillo crepúsculo, de Andrés Anwandter, 2012)

Yuri Pérez ha retomado en este libro la veta de simpleza oscura que distingue gran parte de su valiosa obra anterior. Aquí nada sobra, y los excesos escatológicos distan de ser gratuitos. El realismo sucio y las fuertes dosis de delirio no son, por lo general, fuerzas fáciles de congeniar en una misma narración. Pero el autor demuestra tener el pulso firme y la mente perturbadoramente fría a la hora de abordar a la muerte por el más terrible de sus flancos. Y eso, sin mencionar una prosa correcta y concisa, merece un tremendo elogio”. (La muerte de Fidel, de Yuri Pérez, 2013)

Estos cuentos de Romina Reyes abordan con una prosa sumamente clara algunas situaciones oscuras en las vidas de varios veinteañeros. De esa manera, Reyes debuta en las letras nacionales con gracia y con una prestancia envidiable, pues en sus relatos no hay nada, absolutamente nada, que permita suponer que se trata de una escritora primeriza. Reinos es un conjunto de seis historias breves pero contundentes, que dan para apreciar, de manera bastante veloz, varias cualidades del género: soltura en el manejo de la voz que narra (sea femenina o masculina), seguridad en la estructura y acierto en el desenlace”. (Reinos, de Romina Reyes, 2014)

La fusión entre lo humano, lo sórdido y lo divino, entre lo imaginario, lo delirante y lo real, viene a ser otro notable atributo de Nancy”. (Nancy, de Bruno Lloret, 2015)

La madurez de Álvaro Bisama en el ejercicio de la literatura vuelve a quedar en evidencia con El brujo, novela sólida, ágil, bien planteada y resuelta con maestría. En lo formal, Bisama consigue aquí obtener el máximo provecho del uso de la frase corta. Sin duda que el recurso era el que mejor se adaptaba a las características de la narración, pero, al mismo tiempo, implicaba un riesgo mayor: abrumar al lector con una suerte de tarabilla incesante. Bisama no solo ha sorteado el peligro, sino que ha alcanzado una efectividad notable en la que el suspenso y la sorpresa están perfectamente engarzados con el ligero transcurrir de las palabras”. (El brujo, de Álvaro Bisama, 2016)

En esta, su novela más ambiciosa, Franz demuestra que la imaginación, la investigación, la técnica y la precisión en el lenguaje pueden entremezclarse en dosis correctas para componer no tan solo un cuadro convincente y vivo del pasado, sino también una historia sentimental acrecentada con coloridos episodios de aventurerismo decimonónico”. (Si te vieras con mis ojos, de Carlos Franz, 2016)

En este, su mejor libro hasta la fecha, Costamagna despliega una madurez narrativa que a mí me parece admirable por las sucesivas capas emocionales que desvela con sutileza, por las diferentes texturas narrativas que entreteje y soluciona con seguridad, por la perfecta intercalación en el relato de los pensamientos simultáneos de personajes muy distintos entre sí”. (El sistema del tacto, de Alejandra Costamagna, 2018)

Rechazos

Se podría concluir, entonces, que La ley natural está compuesta, de capitán a paje, por retratos sin alma, por espectros torpes que pululan entre los confines de una trama que se va haciendo cada vez más irrelevante. Y en el momento en que el autor decide apretar el acelerador a fondo, el lector ya no está de humor para cabriolas efectistas, quizás porque se encuentra fatalmente aletargado con la modorra de las cien primeras páginas, que, sin embargo, y como ya se dijo, se dejan leer con mayor placidez que el resto”. (La ley natural, de Gonzalo Contreras, 2004)

Sin embargo, pese a la minucia en el saber, los intentos por penetrar en la complejísima mente de Lihn no pasan de ser chirriantes rasguños sobre una calavera hueca. (…) El fraseo del narrador tampoco convence: en muchas ocasiones el relato se ve ensombrecido por dudas retóricas, por ciertas lagunas de memoria fingidas o por otros anticuados artilugios de distracción que solo les restan profundidad a los episodios narrados”. (La casa de Dostoievsky, de Jorge Edwards, 2008)

Además de ser notorios y en cierta medida vergonzosos, los desperfectos que abundan en La llorona, la octava novela de Marcela Serrano, son de una variedad inusitadamente amplia, pues van desde simples errores de género no es correcto escribir ‘una alma’o de gramática si en una frase el sujeto es singular, así también debe serlo el predicado, hasta el abuso de un truco vulgar por antonomasia, como es el de recurrir al lector cada vez que la pereza o la impericia le impiden a la autora dar vuelo propio al relato”. (La llorona, de Marcela Serrano, 2008)

El cuento es un género literario que por fuerza debe sorprender, y eso es precisamente lo que rara vez sucede con las trece historias de este libro. Ello se debe a que la narración está mal estructurada (Lillo tiene un problema serio con los saltos en el tiempo), o a que el conflicto es intrascendente, o a que el desenlace es anodino, o a que casi todos los relatos se parecen demasiado entre sí”. (Gente que baila sola, de Marcelo Lillo, 2009)

No es raro pensar, hasta bien avanzada su lectura, que Un padre de película sea un relato para niños menores de doce años. Esto se debe en parte a que los personajes son figuras sin sombra o, para decirlo de otro modo, seres tan pobremente delineados que cuesta mucho imaginarlos en un plano tridimensional, ajeno a un libro de ilustraciones para imberbes. La estructura de la novela, planteada en veinticinco capítulos breves, también deja mucho que desear: para ser un libro sumamente escueto, al de Antonio Skármeta le sobran demasiados elementos, partiendo por los diálogos, que, cuando no son inocuos, son decididamente acartonados”. (Un padre de película, de Antonio Skármeta, 2010)

La insuficiencia de este libro radica en que no ofrece imágenes, revelaciones o sonoridades dignas de atesorar, y eso, cualquiera lo sabe, implica un fracaso tratándose de poesía (estrepitoso si se trata de poesía brevísima, como es el caso). Por otro lado, el concepto que Valdés maneja de la muerte tiende a ser demasiado cándido para los tiempos que corren: la hablante cree que sus muertos la van a estar esperando, de cuerpo presente, ‘al otro lado’, probablemente en el cielo”. (Señoras del buen morir, de Adriana Valdés, 2011)

De entre los nueve artículos periodísticos que componen Historia secreta de Chile 3 (en ningún caso se trata de investigaciones luminosas ni de ensayos provocadores), solo dos podrían ser publicados en diarios o revistas que demuestren un mínimo respeto por la forma y el contenido. Se trata del relato de la expedición de Shackleton a la Antártica (y del glorioso rescate del piloto Pardo) y de un recuento de las matanzas de obreros ocurridas a principios del siglo XX. Las demás piezas son deficientes por distintas razones, ya sea porque están mal escritas, o porque no aportan información novedosa, o porque oscilan entre la simplificación colegial, la comparación arbitraria, la vaguedad del flojo, el infantilismo insuperado, la cantinela insufrible y lo derechamente panfletario”. (Historia secreta de Chile 3, de Jorge Baradit, 2017)

Desastres naturales es una obra desastrosa por otras razones de peso: el largo viaje al sur de Chile narrado al principio de la obra tiene el encanto y la profundidad de la guía Turistel; el tan anunciado recuerdo del padre queda opacado con la fascinación que al protagonista le provoca su propia persona, y aquí llegamos, para ir poniéndole fin a todo esto, a un punto crucial: Marco Orezzoli estima que su vida es mucho más interesante de lo que el lector es capaz de percibir, y en ello, a través de esa convicción flagrante, el narrador deja ver una falta de inteligencia enervante”. (Desastres naturales, de Pablo Simonetti, 2017)

 

Fotografía: cortesía de La Tercera.

 


No obstante lo anterior, Juan Manuel Vial, Ediciones UDP, 2022, 576 páginas, $26.000.