
Cuando apareció en Estados Unidos el libro Furious Minds. The Making of the MAGA New Right, de Laura K. Field, la filósofa Elizabeth Anderson se preguntó: “¿Por qué deberíamos preocuparnos por los intelectuales de derecha, oscuros y a menudo fanáticos, que pueblan Mentes furiosas? Porque, como bien demuestra Laura Field, ahora tienen acceso a los pasillos del poder, y muchos de ellos asesoran al presidente Trump y diseñan sus políticas de extrema derecha. Los lectores deberían leer este libro rápidamente para comprender cómo y por qué”.
por Eugenio Rivera Urrutia I 10 Junio 2026
En Furious Minds. The Making of the MAGA New Right (Mentes furiosas. La creación de la nueva derecha MAGA), Laura K. Field hace una pormenorizada revisión de las ideas y de los intelectuales estadounidenses que sostienen la política del actual presidente de los Estados Unidos.
La nueva derecha es crítica del pensamiento que Laura Field denomina el “conservadurismo fusionista de Reagan/Buckley” que orientó la administración de Reagan y fue determinante en las directrices del partido Republicano estadounidense hasta la irrupción primero del Tea Party y luego de Donald Trump. Para la autora, esta “nueva derecha” entiende el populismo y el panorama transformado de los medios modernos; es misógina y está obsesionada con la masculinidad de una forma extrema. Esta derecha ha conquistado el centro de poder del partido republicano y se aleja de lo que hemos venido denominando “neoliberalismo”.
Común en todos sus miembros es el fuerte antiliberalismo. Un primer grupo denominado “National conservatives”, que para la autora constituye “una gran tienda y paraguas para el movimiento”, promueve la “noción de un Estado-Nación único relativamente homogéneo”, amenazado desde adentro y afuera, y que requiere ser protegido. Esta aceptación del nacionalismo —a veces un respaldo abierto al nacionalismo cristiano— es altamente excluyente. La autora destaca, además, que los National conservatives van en contra de la tradición estadounidense de pluralismo religioso, en contra de la autocomprensión tradicional estadounidense y de su religión civil. En esta corriente destaca Yoram Hazony, filósofo israelita y estadounidense, presidente del Instituto Herzl en Jerusalén y de la Fundación Edmund Burke, que ha afirmado que Estados Unidos “fue una nación cristiana, históricamente y de acuerdo a sus leyes y volverá a ser una nación cristiana”. Sobresale también Christopher Rufo, investigador principal del Manhattan Institute for Policy Research, y crítico acérrimo de la teoría crítica del racismo, corriente académica originada en la investigación jurídica, que examina cómo la raza y el racismo están arraigados en los sistemas legales, las instituciones y las políticas de los Estados Unidos, en lugar de ser únicamente producto de prejuicios individuales. Este grupo tiene estrechas relaciones con Viktor Orbán, el ex primer ministro de Hungría que desarrolló la noción de “democracia Iliberal”.
Un segundo grupo es el que la autora denomina “Claremonters”, pues su centro intelectual y operacional es el Instituto Claremont. Este centro fue fundado por Larry Arn, estudiante de Harry V. Jaffa. Jaffa fue primero reconocido como el autor del famoso discurso de Barry Goldwater al aceptar la nominación del partido Republicano como candidato presidencial en 1964, elección en la cual sería derrotado por el demócrata Lyndon B. Johnson. En el discurso leído por el candidato presidencial se afirma: “Les quiero señalar que extremismo en defensa de la libertad no es un vicio. Y permítanme señalar también que moderación en la consecución de la justicia no es una virtud”. Gran influencia sobre este grupo tuvo Leo Strauss, filósofo político alemán de origen judío, refugiado del nazismo en Estados Unidos. Allí ejerció la docencia, primero en la New School en Nueva York y luego, durante 20 años, en la Universidad de Chicago. En su libro Natural Right and History (Derecho natural e historia) desarrolla una fuerte crítica a la teoría liberal de Hobbes, Locke, Rousseau e incluso Burke. Michael Anton, graduado del Instituto Claremont y profesor del Hilldale College, y por un breve período director de planificación de políticas del segundo gobierno de Donald Trump, se hizo conocido por su artículo “The Flight 93 Election” (Las elecciones del vuelo 93), publicado bajo el seudónimo Publius Decius Mus.
Un tercer grupo, los “Posliberales”, abrazan según Field muchos elementos del comunitarismo y la doctrina social católica, incluido un rol más importante del Estado en conformar la vida pública y la moralidad. Muchos de ellos promueven el fin de la separación de la iglesia y el Estado, subordinando la vida política a los objetivos espirituales. Entre sus principales intelectuales se cuentan Patrick Deneen y Adrian Vermeule. El primero aparece como uno de los lideres clave del segundo grupo de conservadores, que después de los Claremonters se alineó, rápidamente, detrás de Trump. Respecto a sus trabajos, Field indica que “sus escritos combinan un conservadurismo social y republicanismo severo, con un antiliberalismo y antielitismo”. Su libro Why Liberalism Fail (publicado en Chile el 2018 por el Instituto de Estudios de la Sociedad, con el título ¿Por qué ha fracasado el liberalismo?), tiene como afirmación central que la democracia liberal está condenada desde un inicio al fracaso, porque está basada en las premisas filosóficas desestabilizadoras de la autonomía individual y la conquista de la naturaleza, las cuales actúan en conjunto como disolventes de la fábrica social y la cultura. Según Deneen, la democracia liberal ha podido sobrevivir debido a que se ha apoyado en formas más antiguas de cohesión social: creencias religiosas, normas y tradiciones culturales, formas de educación. Como efecto de las ideas modernas, la democracia liberal ha fracasado y las élites liberales constituyen en realidad una clase despótica: la liberalocracia.
Deneen está muy influido por Allan Bloom, que en su libro The Closing of the American Mind (El cierre de la mente americana), de 1987, que según Laura Field argumenta que para los estadounidenses la creencia en la igualdad va de la mano con el relativismo moral y la fe en la “apertura”. “Tal configuración de creencias y prioridades —escribe Field— significa que no queda espacio en la mente estadounidense para un pensamiento moral y político serio, para una reflexión a conciencia sobre lo mejor y lo peor, lo correcto y lo incorrecto, las buenas y las malas formas de vida. También conduce a un odio hacia el pensamiento absolutista, pero esto luego se combina con un compromiso absoluto (y por lo tanto contradictorio e irracional) con valores democráticos específicos, como la igualdad y los derechos humanos”.
Corresponde aquí un breve excurso. En 2019, casi un año luego que el IES publicara el libro de Deneen, este mismo centro de pensamiento publicó el libro colectivo Primera persona singular. Reflexiones en torno al individualismo, editado por Claudio Alvarado, director ejecutivo del IES y al cual contribuyeron varios de sus integrantes. En la introducción, Alvarado llama la atención sobre la noción de “individualismo estatista” de Deneen, a la cual adjudica ser una de las causas del declive del orden democrático liberal, para luego abordar directamente las preocupaciones del autor estadounidense: “Por todo lo señalado, es inevitable preguntarse por las raíces de estas dificultades, es decir, por el origen de la peculiar noción de autonomía que se ha impuesto en nuestra época”.
También se refirió a Patrick Deneen Adrian Vermeule, otro intelectual posliberal. Además de expresar su admiración, subraya su falta de ambición, en particular su fe en las capacidades de las comunidades locales para regresar a los viejos valores y afirmar taxativamente la necesidad de socavar más dramáticamente la democracia liberal sobre la base de lo que llama “strategic ralliement” (concentración estratégica). Esto es, según Vermeule, “cooptar y transformar el régimen en decadencia dentro de su propio núcleo”, para agregar que la gran burocracia creada por el liberalismo puede “por la mano invisible de la Providencia, ser orientado hacia nuevos fines, convirtiéndose en el gran instrumento con el que restaurar una política sustantiva del bien”.
Adrian Vermeule, es profesor de derecho constitucional de la cátedra Ralph S. Tyler Jr. de la Escuela de Derecho de Harvard, convertido al catolicismo en el 2016 y miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Mientras que el grupo de Claremont impulsaba una mirada hagiográfica de los “padres fundadores” de EE.UU. y desarrollaba una crítica ácida a la presunta tiranía del “Estado administrativo”, Vermeule no parecía intersado en ello. Más bien, si seguimos a Field, ha argumentado con fuerza a favor de la autoridad gubernamental y en defensa de un Ejecutivo fuerte y un Estado administrativo también poderoso. En el libro escrito junto con Cass Sunstein, Law and Leviathan: Redeeming the Administrative State (Derecho y Leviatán: redimiendo al Estado administrativo), se defendía “la moralidad de la ley administrativa”. Más aún, a lo largo de su carrera Vermeule ha puesto énfasis en la legitimidad de la autoridad y expresado una gran preocupación ante las restricciones excesivas que pesan sobre la acción del Ejecutivo. Junto con Eric A. Posner ha estructurado repetidas defensas del poder cada vez mayor del Ejecutivo estadounidense, lo que está en el corazón de la orientación política de Trump. En el artículo del 2009 titulado “Tyrannophobia”, Posner y Vermeule argumentaron que en el contexto norteamericano era irracional el miedo al poder dictatorial. Ambos autores ayudaron a rehabilitar al jurista nazi Carl Schmitt. Vermeule incluso publicó el artículo “Optimal Abuse of Power” (Abuso óptimo del poder). Y gran debate generó su libro Common Good Constitutionalism (Constitucionalismo del bien común), donde afirma que “el objetivo central del orden constitucional es promover las buenas reglas, no proteger la libertad, como un fin en sí mismo”.
El cuarto grupo que identifica Laura Field es lo que llama Hard Right Underbelly (El lado más vulnerable de la derecha dura) y los caracteriza de la manera siguiente: “No los considero un bando propio, ya que ideológicamente abarcan a los otros tres. Se distinguen por su retórica más radical, racista, misógina y violenta. Su estética es híper masculinisante, desesperada y despiadada; varias figuras de la extrema derecha son abiertamente racistas y fascistas. Llevan el movimiento aún más a los extremos”.
Quizás habría sido interesante que Laura Field hubiese realizado un análisis más extendido de Peter Thiel; pero claro, habría obligado a extender un libro que ya tiene casi 400 páginas. Thiel es relevante pues junto con ser uno de los principales integrante de la llamada “Tecno oligarquía” que apoya al presidente Trump (fundador de Palantir Technologies y PayPal, y que ha participado en empresas como Facebook y en muchos negocios con Elon Musk), es también un pensador relevante de la nueva derecha.
Es difícil en una pocas páginas hacer justicia a un libro resultado de una amplia y profunda investigación de la cual la filósofa estadounidense Elizabeth Anderson ha señalado: “¿Por qué deberíamos preocuparnos por los intelectuales de derecha, oscuros y a menudo fanáticos, que pueblan Mentes furiosas? Porque, como bien demuestra Laura Field, ahora tienen acceso a los pasillos del poder, y muchos de ellos asesoran al presidente Trump y diseñan sus políticas de extrema derecha. Los lectores deberían leer este libro rápidamente para comprender cómo y por qué?”. Cabría agregar que sería urgente que este libro se tradujera al español, ahora que políticos de las nuevas derechas han accedido al poder en Argentina, Ecuador, El Salvador y, también, en Chile.

Furious Minds. The Making of the MAGA New Right, Laura K. Field, Princeton University Press, 2024, 406 páginas, $30.000.