Otro proverbio chino

“Cuando fui, la torre Taipéi 101 era el rascacielos más grande del mundo. Hoy, es el undécimo más alto y las amenazas también han subido de calibre. De cara a los gigantes del continente asiático, Taiwán asumió su posición estratégica para occidente y su determinante rol para la economía digital global como su principal política de defensa. En parte por esto, se ha transformado también en uno de los principales conflictos de China con Estados Unidos”.

por Matías Celedón I 1 Junio 2023

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Llegué a Taipéi invitado a cubrir las carreras de Bote Dragón. Aunque el evento transcurría en una tarde, el itinerario contemplaba un par de días para recorrer la isla en tren, conocer el moderno puerto de Kaohsiung y alojar una noche en las montañas junto al Lago de Sol y Luna.

En Taiwán todo parecía nuevo, y en cierto sentido lo era. En menos de cien años, los nacionalistas del Kuomintang liderados por Chiang Kai Shek, emigraron a la entonces isla japonesa tras el triunfo de Mao y fundaron un país próspero y desarrollado en base a una democracia y una avanzada industria tecnológica, sin resignar sus raíces. Al resguardo de su cultura milenaria, han conseguido sobrevivir al margen de la historia oficial. Pese a ser una isla pequeña a pocos kilómetros de China, que desde entonces la reclama.

Se trata de hostilidades históricas. “Un turista chino detenido bajo sospecha de ser espía”; “Temor por los ensayos nucleares de Corea del Norte”. Trece años después, leo los titulares del Taipei Times que anoté al aterrizar y me parecen menos inquietantes que los de este último tiempo.

Con la visita oficial de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, las tensiones han escalado y la apacible vida en la isla pareciera también verse arrastrada por el curso inevitable de los acontecimientos mundiales. Rusia expresó su “solidaridad absoluta” con China, atendiendo al hecho de que Pekín no ha condenado la invasión rusa de Ucrania.

En estos meses, China ha realizado ejercicios navales en las aguas de la isla, amenazando e interrumpiendo las rutas comerciales. En agosto se contaron 446 aeronaves chinas, en su mayoría aviones de guerra, vulnerando su espacio aéreo. Es decir, la amenaza de esos aviones se hace escuchar en promedio catorce veces por día.

Lejos de renegar su origen, instituciones como el Museo Nacional del Palacio, permitieron rescatar reliquias del pasado y preservar tesoros nacionales que pudieron ser destruidos por decreto de no ser trasladados. En sus colecciones guardan piezas de un sofisticado refinamiento que datan de 4.000 años a.C., reafirmando que mientras nosotros dormimos, los orientales empujan pacientemente su propia rueda del tiempo, en otras dimensiones y escalas. Delicados grillos de jade, liebres de marfil o cuencos con mensajes en el fondo que solo podían leerse después de tomar la última gota. Maestros de la diplomacia y la estrategia desde antes de la greda. En Un bárbaro en Asia, Henri Michaux observa que “lo que más posee el chino, es el arte de esquivarse”.

Me acuerdo de que antes de viajar, fui a entrevistarme con un representante de la Oficina Económica y Cultural de Taipéi. El Señor Cheng me contó la historia de un niño taiwanés que recogía algas en Talcahuano y tras volver a la isla para hacer el servicio militar, terminó en la academia diplomática por su español. No recuerdo si se trataba de él, pero no era imposible. Hace poco, en Playa Ritoque un amigo vio unas luces tambaleantes avanzando en la orilla del mar cerca de las rompientes: chinos que según la luna salen a cazar jaibas con baldes.

Para la construcción de nuestra utopía cotidiana, hemos constatado el alza del precio del aceite y de los combustibles entre las implicancias de la guerra en Ucrania. Las repercusiones actuales de una escalada en Taiwán, podrían presagiar una nueva crisis de suministros.

La industria de chips y semiconductores de Taiwán representa el 63% de la capacidad de fabricación mundial y el 92% de los procesos de fabricación avanzada del mundo. Saber hacer es fácil; lo difícil, es hacerlo. Pienso en las modernas Torres Kaohsiung y en las delicadas pasarelas de madera entre los bosques que rodeaban el lago de Sol y Luna. El orgullo de lo que han logrado como nación en poco tiempo los obliga a defender su independencia y autonomía, sin importar su reconocimiento o no por parte de la comunidad internacional.

La idea del desabastecimiento de microchips ofrece una panorámica perfecta para una saga de animé distópica o post apocalíptica. No son más de 12 fábricas las que producen el componente esencial sobre el que se funda la economía digital global. Si la guerra llega a Taiwán, y estas fábricas fueran destruidas, las cadenas de suministros se verían interrumpidas y la ramificación global de estas consecuencias sería una catástrofe.

Cuando fui, la torre Taipéi 101 era el rascacielos más grande del mundo. Hoy, es el undécimo más alto y las amenazas también han subido de calibre. De cara a los gigantes del continente asiático, Taiwán asumió su posición estratégica para occidente y su determinante rol para la economía digital global como su principal política de defensa. En parte por esto, se ha transformado también en uno de los principales conflictos de China con Estados Unidos. Aunque no mantengan relaciones oficiales con la isla, los norteamericanos son los principales suministradores de armas y sus mayores aliados militares en caso de conflicto bélico con China.

La idea del desabastecimiento de microchips ofrece una panorámica perfecta para una saga de animé distópica o post apocalíptica. No son más de 12 fábricas las que producen el componente esencial sobre el que se funda la economía digital global. Si la guerra llega a Taiwán, y estas fábricas fueran destruidas, las cadenas de suministros se verían interrumpidas y la ramificación global de estas consecuencias sería una catástrofe. Si la producción se paraliza en Hsinchu, por ejemplo, en algún momento al otro lado del mundo los fabricantes de automóviles tendrán que detener sus líneas de ensamblaje y enviar a sus trabajadores y trabajadoras a sus casas.

Taiwán manufactura componentes claves para hacer teléfonos, autos o aviones de guerra. No tendríamos acceso a los dispositivos de los que dependemos para llevar a cabo nuestra vida cotidianamente. Aunque, por otro lado, los drones iraníes utilizados para bombardear Kiev tampoco podrían fabricarse.

Si parece complejo conjeturar qué sucedería si se interrumpiera esta cadena, tampoco es fácil imaginar qué clase de poder tendría China sobre el mundo si la producción de microchips estuviera en sus manos. Los taiwaneses ven con temor lo que sucede en Ucrania porque se parece a lo que han visto en Hong Kong. En reportajes de televisión, ya se muestra a ciudadanos comunes y corrientes preparándose en sótanos y pisos clandestinos aprendiendo a usar armas con réplicas de fogueo, tal como se veía a los civiles ucranianos prepararse en la escalada bélica de principios de año.

Bajo el renovado liderazgo de Xi Jinping, China se ha vuelto más agresiva que antes, insistiendo en la unificación, y amenazando con una eventual invasión. Recientemente reelegido para un tercer mandato, declaró que el principal objetivo de su política exterior será recuperar Taiwán, “necesaria para alcanzar y completar la reunificación de la China”.

La proliferación de grupos de defensa civil supone que la responsabilidad de defender el país, llegado a un punto, no será militar. Hay grupos que han recibido 100 millones de dólares por parte del multibillonario Robert Zhao, quien cree que para defender la isla, se necesitan 300 mil civiles apostados como francotiradores para repeler al enemigo en las calles en caso de una invasión.

Uno de los cuadros más impresionantes rescatados en el Museo Nacional del Palacio, es El festival Qingming junto al río. El largo rollo, y las variaciones que se conservan, fue pintado y replicado muchas veces por distintos artistas de diferentes cortes, transformando la hermosa y original panorámica de la fiesta popular en una serie de rimas temporales y personales, que patentan los cambios y aquello inmutable de una festividad nacional. Son detalles diminutos que describen un momento en la arquitectura de la ciudad, cuan precarias eran las chozas rurales; muestran los medios de transporte de entonces y los animales de trabajo; burros y mulas, bueyes y camellos, aperados y cargados de manera particular en cada época, exhibiendo una repetición novedosa de ese mismo motivo, el desarrollo en el tiempo de una gran civilización.

Entre los detalles, es posible ver hasta el tipo de volantines que se fabricaban en cada período. Recuerdo los botes remontando el río y pienso que pude haber estado allá en esas mismas fechas de aquellas festividades. En las tiendas cercanas a los templos vendían ofrendas de papel para quemar a los difuntos y el itinerario del viaje concluía, como en la tradición, con una excursión a un cerro boscoso.

Las carreras de Bote Dragón se han convertido en un evento ciudadano divertido. En barcas tradicionales con forma de dragones —ya no de madera, sino de fibra de vidrio—, tripulaciones de amigos, compañeras de oficina, clubes de aficionados y algunos más profesionales, compiten en carreras de eliminación. Son juegos que nacieron hace siglos, en homenaje al poeta diplomático Qu Yuan, quien se suicidó en un río; con fervor, el pueblo se apresuró a las barcas y llegó donde había caído su cuerpo, con ofrendas de arroz, que dejaban caer para evitar que los peces y los dragones se lo comieran.

 

Imagen de portada: Largo largo verano (2018), de Hun Kyu Kim.

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