Ecos, retazos y tramas de José Donoso

Han pasado 40 años de las conversaciones que José Donoso sostuvo con la escritora argentina Josefina Delgado, en Santiago y Buenos Aires. Ahora ella las saca a la luz en Atravesar el tiempo, un libro sorpresivo, que deja claro que el escritor se fue de Chile para ganar no solo distancia sino también libertad. Y después se fue de Estados Unidos porque llegó un momento en que el inglés, con todo lo bien que lo hablaba, lo abrumó. Y que se volvió a Chile porque puede que nunca se sintiera cómodo en el español de España, si bien nuestro país terminó haciéndosele insoportable. Tema más donosiano, ¿dónde?

por Héctor Soto I 27 Enero 2026

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Todo indica que tendremos Donoso para rato. Mientras aguardamos para este año o el próximo el tercer volumen de sus Diarios, que viene publicando paciente y rigurosamente Cecilia García Huidobro en Ediciones UDP, el libro Atravesar el tiempo. Conversaciones con José Donoso, de la profesora y escritora argentina Josefina Delgado, que estaba en el radar de muy poca gente y que ahora, 25 años después de la muerte del novelista, y a más de cuatro de décadas de realizada la entrevista que recogen sus páginas, publica la Editorial UV, de la Universidad de Valparaíso, dando un golpe a la cátedra al entregar nuevos insumos para entender al más complejo de nuestros escritores.

Donoso dio muchas entrevistas y será difícil probablemente encontrar mayor novedad en los temas que recorren esta conversación. Su familia, golpeada a lo mejor no dramáticamente pero sí en su orgullo social por el empobrecimiento; la relación con el padre, un personaje de genes muy autoritarios en una zona y en otra terriblemente irrelevante y débil, y que apenas sobrevivió en la obra de su hijo; la figura encantadora, evasiva y en definitiva un tanto frívola de la madre; la complexión enfermiza del adolescente, que saltaba de un fracaso escolar a otro, hasta demorarse mucho en encontrar su destino; la permanente sensación de exclusión, porque Donoso siempre se sintió un extranjero en su familia, en su entorno e incluso en sí mismo; las fugas que protagonizó en su temprana juventud, primero a la Patagonia, donde se ganó la vida como trabajador en estancias ovejeras, y después en Buenos Aires, adonde se fue para no asfixiarse, cuando ya había comenzado a escribir y sabía que la literatura iba a ser su horizonte, su destino, su pasión y, por qué no decirlo, también su desgracia.

Donoso recopila estas instancias con la libertad y la sensación de seguridad que acompaña a quien se sabe blindado por largas y trabajosas terapias que lo ayudaron a purgar sus traumas y heridas. Como paciente agradecido de psicólogos y psiquiatras, siente haberlas superado. Siente que fueron coyunturas críticas para los libros que escribió. Siente que con los años esas cicatrices quedaron atrás. Y queda dando bote la idea, sin duda bien intencionada, de que terminó sublimándolas por la vía de la imaginación.

Lo cierto es que todo fue mucho más complejo. Pero siempre es interesante escuchar al autor. Sus disquisiciones acerca de la realidad y la ficción. Sus enunciados respecto de ruptura y transgresión. Su manejo de las lógicas literarias. Su enigmático concepto de la “forma”, casi como llave maestra para acceder a un espacio a partir del cual no solo se organiza la trama sino también se comportan los personajes.

Otro aspecto, ciertamente fascinante, es el Donoso lector. Lector sobre todo de novela europea clásica, básicamente inglesa y francesa, y lector también de sus colegas del boom latinoamericano, respecto de muchos de los cuales, antes de los trabajos de Emir Rodríguez Monegal, su mirada fue, aparte de generosa, pionera y muy esclarecedora.

Aunque a veces, entre discusiones en torno a nociones como causalidad, temporalidad, máscaras y metáforas, ansiedades y miedos, evasiones, fantasías y conciencia, el lector no siempre tiene claro de qué diablos el escritor y su interlocutora están hablando, a lo largo del libro se rescata la voz de un escritor que, además de ir desplegando los horizontes de su mundo creativo, también va afirmando, libro tras libro, su pulso como novelista. No obstante eso, es importante identificar a tiempo las trampas que conlleva seguir a ciegas el orden cronológico de su producción, sobre todo teniendo en cuenta los ocho años que le tomó la escritura de El obsceno pájaro de la noche, de 1970. Es muy notable que en ese intertanto Donoso haya publicado tanto Este domingo como uno de sus títulos fundamentales, El lugar sin límites.

El libro hace otros aportes. Deja claro que el escritor se fue de Chile para ganar no solo distancia sino también libertad. Se fue de Estados Unidos porque llegó un momento en que el inglés, con todo lo bien que lo hablaba, lo abrumó. Y que se volvió a Chile porque puede que nunca se sintiera cómodo en el español de España, si bien nuestro país terminó haciéndosele insoportable. Tema más donosiano, ¿dónde?

Otro aspecto, ciertamente fascinante, es el Donoso lector. Lector sobre todo de novela europea clásica, básicamente inglesa y francesa, y lector también de sus colegas del boom latinoamericano, respecto de muchos de los cuales, antes de los trabajos de Emir Rodríguez Monegal, su mirada fue, aparte de generosa, pionera y muy esclarecedora.

El volumen cierra con una contribución mayor. La historia de la amistad entre Donoso y Josefina Delgado, contada desde la perspectiva de ella. Se conocieron en Buenos Aires en 1982 e hicieron buenas migas. Incluso el novelista la hizo entrar como personaje a esa espléndida nouvelle que es Taratuta. Donoso acababa de escribir Cuatro para Delfina y comenzaba, como le ocurría siempre, el lento, tortuoso e incierto proceso que iba a culminar años más tarde, el 86, en la publicación de La desesperanza. De hecho, los prolegómenos creativos, el tipo de temas de los cuales iba a hacerse cargo en esta obra, está muy presente en este libro. Las páginas finales, incluso, recogen fragmentos de correspondencia en las cuales Donoso le cuenta a “Pepita” (así termina llamándole él) los dilemas, problemas y soluciones que la escritura de esta novela iba planteando.

El volumen cierra con una contribución mayor. La historia de la amistad entre Donoso y Josefina Delgado, contada desde la perspectiva de ella. Se conocieron en Buenos Aires en 1982 e hicieron buenas migas. Incluso el novelista la hizo entrar como personaje a esa espléndida nouvelle que es Taratuta.

En el libro de Josefina Delgado, 18 años menor que Donoso, se escuchan además ecos de lo que fue el Coloquio Internacional de Escritores y Académicos que tuvo lugar en Santiago, entre el 5 y el 7 de octubre de 1994, con motivo de los 70 años de José Donoso. Posiblemente hay pocas iniciativas de este calibre, antes y después, en la historia literaria nuestra. Vino Saramago, la novelista italiana Francesca Duranti y el mexicano Sergio Pitol. Asistió Jorge Asís, escritor y analista político argentino. También Josefina Delgado, autora de este libro de conversaciones. Mandó una ponencia Héctor Aguilar Camín, porque no alcanzó a llegar. Y se hicieron presentes numerosos académicos: Amadeo López (Francia), Philip Swanson (Inglaterra) Marie Murphy (EE.UU.), Fanny Rubio (España), el boliviano experto en asuntos culturales Javier Sanjinés (EE.UU.) Obviamente, también participaron decenas de académicos chilenos de varias universidades. Intervinieron además numerosos escritores nacionales: Alfonso Calderón, Guillermo Blanco, Mónica Echeverría, Carlos Cerda, Diamela Eltit, Carlos Franz, Arturo Fontaine, Gonzalo Contreras, Ágata Gligo, entre muchos otros. También críticos como Mariano Aguirre, Carlos Morán, Ana María Larraín. La iniciativa fue de la Universidad de Chile, en el mandato del rector Jaime Lavados, y del Ministerio de Educación, particularmente de Sergio Molina, que había estado al frente de la cartera, y de Juan Pablo Arellano, que lo sucedió en los tiempos del presidente Frei Ruiz Tagle. Es impresionante. Parece que todo hubiera ocurrido en otro país.

¿Alguien recuerda que algo así haya ocurrido después?

Parece que de ahí en adelante nunca más Chile tuvo escritores en el espacio público. Parece que de ahí en adelante el poder prefirió operarse para siempre de la literatura. Esta percepción no figura en el libro de Josefina Delgado, pero cuando cerramos su libro es difícil evitarla, con más tristeza que desazón.

 


Atravesar el tiempo. Conversaciones con José Donoso, Josefina Delgado, Editorial Universidad de Valparaíso, 2025, 154 páginas, $13.000.

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