El poder de la invención

Hay algo en La evolución especulativa, de Isabelle Stengers, que logra ensombrecer el relato de la luz, la historia del futuro que hemos tejido sobre la definición humana. ¿O acaso hemos olvidado que todo triunfo pareció alguna vez una disparatada invención? La admirable ruptura que plantea este ensayo no es solamente valiente, sino el eco indispensable que nos recuerda que la ciencia no es solo un método de verificación, sino también de desmitificación.

por Josefa Miquel I 25 Junio 2026

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¿Qué es la evolución especulativa? En simple, es el ejercicio de imaginar, imaginar otra evolución “sin caer en la disputa por definirla”. Isabelle Stengers, a partir de esta idea, se enfrenta con un aire casi hidalgo al neodarwinismo imperante que todos conocemos, y que al final del día viene a replicar el creacionismo mismo: la presión selectiva como la principal causa de la evolución. En otras palabras, se asume la ecuación “variación + selección” sin vacilar, cuando el propio Darwin no estaba tan seguro.

De ahí que existan biólogos que se declaren abiertamente como darwinistas y heterodoxos: no se trata de que una fuerza direccional simplifique la historia a un desarrollo progresivo, a un relato épico que culmina con lo humano. Por eso son “especulativos”: su narración misma se plantea la pregunta constante sobre cómo debe ser construida. La crítica de los heterodoxos sobre Dawkins y los selectivistas —el canon, la verdad científica, los cimientos de todo lo que damos por cierto— gira sobre el aprovechamiento de las correlaciones: ¿por qué asumimos la presión selectiva como la causa directa de la evolución y, a su vez, la co-definimos en relación a los genes? ¿Por qué determinamos al gen como un agente capaz de “ascender”, como si su única finalidad fuese maximizar su frecuencia en la población?

“La trampa se desactiva desde el momento en que no le pedimos a una ciencia responder sus preguntas, sino a las nuestras”, sostiene Stengers. De ahí que la premisa de la especulación sea “liberar” a Darwin: cambiar el paradigma utilitarista del pensamiento científico por uno pragmático, rescatar la proposición darwinista del fuego cruzado entre selectivistas y moralistas (ni gen egoísta, ni relojero ciego).

Este ensayo es, ante todo, una discusión de narrativas. Se trata de abogar por un relato que no corre el riesgo de ser simplificado o traducido, que sea capaz de correlacionar la evolución biológica con el saber humano. Sin embargo, qué insólito parece enfrentarse de lleno con una certeza. Cualquiera podría decir que lo único que separa a la evolución especulativa de los terraplanistas o los antivacunas es su retórica. Pero al mismo tiempo, un medio camino entre la ficción, la invención y la verdad: ¿No hubo un tiempo en que estas mismas certezas no fueron más que ocurrencias?

Stengers barre con la retórica clásica de la evolución, para luego pasar al poder mismo de la invención en la parte titulada “Extrañamientos”; una defensa por las novelas de ciencia ficción capaces de ir más allá del progreso material, preocupadas más bien de lo que vendría siendo un proceder kantiano frente a un progreso diferente: aquello que el hombre puede conocer, debe hacer y puede esperar. La novedad no está en conocer las ventajas de la teletransportación en las naves espaciales de Star Trek, sino en enterarnos de cómo afecta ese avance en la vida social, cultural y económica de una sociedad. La ciencia ficción se nos presenta como una experimentación humana de nuestras propias posibilidades, o bien la alternativa misma de cómo concebir “lo humano”, la posibilidad de vivir lo “normal” a través de otras preguntas, otras perspectivas.

La idea de que la evolución es un bien común y por eso está en disputa es, por lo menos, rupturista. La “pregunta especulativa” no es más que la demanda por una narrativa. Porque este ensayo es, ante todo, una discusión de narrativas. Se trata de abogar por un relato que no corre el riesgo de ser simplificado o traducido, que sea capaz de correlacionar la evolución biológica con el saber humano. Sin embargo, qué insólito parece enfrentarse de lleno con una certeza. Cualquiera podría decir que lo único que separa a la evolución especulativa de los terraplanistas o los antivacunas es su retórica. Pero al mismo tiempo, un medio camino entre la ficción, la invención y la verdad: ¿No hubo un tiempo en que estas mismas certezas no fueron más que ocurrencias?

Hay algo en este ensayo que logra ensombrecer el relato de la luz, la historia del futuro que hemos tejido sobre la definición humana. ¿O acaso hemos olvidado que todo triunfo pareció alguna vez una disparatada invención? La admirable ruptura que plantea este ensayo no es solamente valiente, sino el eco indispensable que nos recuerda que la ciencia no es solo un método de verificación, sino también de desmitificación.

 


La evolución especulativa, Isabelle Stengers, Saposcat, 2025, 115 páginas, $14.000.

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