
En el lanzamiento de su libro Un planeta llamado depresión, la psicóloga afirmó que la salud mental ha dejado de ser un tema de la consulta psiquiátrica o psicoterapéutica y se ha instalado, en apariencia, como una preocupación social, tanto en la conversación cotidiana como en las políticas institucionales.
por Sebastián Duarte Rojas I 14 Agosto 2026
“La salud mental, este término compuesto, se expresa hoy en el discurso público como una categoría expansiva, ambigua y totalizante, y a veces contradictoria”, escribe la psicóloga y académica Alemka Tomicic en la introducción de su libro Un planeta llamado depresión, presentado el día de ayer en la Sala Archivos UDP de la Biblioteca Nicanor Parra, instancia que consistió en un diálogo entre la autora y el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña.
Tomicic habló del reciente auge de “libros dedicados a la salud mental, a la salud emocional y al bienestar psicológico. Ese crecimiento, como cabría esperar, del cual mi libro es parte, es el reflejo de lo que se ha llamado la ‘crisis de la salud mental’, término que habita el espacio público y que parece capturar la expresión de cualquier forma de malestar emocional, psicológico o simplemente malestar. Por esta y otras razones, es posible afirmar que la salud mental ha dejado de ser un tema de la consulta psiquiátrica o psicoterapéutica y se ha instalado, en apariencia, como una preocupación social, tanto en la conversación cotidiana como en las políticas institucionales”.
Carlos Peña celebró el carácter ensayístico del libro de Tomicic, que contrasta con la escritura más habitual en la academia, esa “que rehúsa a ser leída por el gran público de lectores. Un tipo de escritura más bien ensimismada, que no le habla más que a una cierta comunidad epistémica muy pequeña, (…) como si el hecho de que lo entendiera una audiencia ampliada devaluara el conocimiento. Cuando es al revés, en verdad”. Después recurrió a una máxima de Wittgenstein en el Tractatus Logico-Philosophicus: “Cuanto puede siquiera ser pensado, puede ser pensado claramente. Cuanto puede expresarse, puede expresarse claramente”.
El rector también se refirió a la variedad de referencias empleadas por la psicóloga en su escritura, lo que Tomicic llamó un “pluralismo epistemológico”, la incorporación no solo de lo autobiográfico, sino de alusiones a la literatura, el cine o la cultura pop, “no como ejemplos de lo que está siendo el dicho de la teoría o de la evidencia científica, sino con el mismo estatus, la misma relevancia”. La autora también criticó la preeminencia que ha tomado la psicoterapia frente a otras alternativas más comunitarias, lo que se alinea con el enfoque de Un planeta llamado depresión: “Este no es un ensayo que trate la salud mental como un problema privado, individual, como una especie de capital emocional que cada persona debe administrar, cuidar o reparar —señaló Tomicic en el texto leído para cerrar la presentación—. Justamente, si presenta una tesis persistente, es que se trata de todo lo contrario. En buena parte de sus páginas, insisto en trasladar el foco desde lo individual hacia lo colectivo, orientando la mirada al ecosistema que nos permite entender el malestar psicológico como un asunto intrínsecamente social, histórico y político, que se produce y se reproduce en comunidad, y que, en consecuencia, demanda respuestas de responsabilidad compartida en torno al bienestar y la calidad de vida”.

Un planeta llamado depresión, Alemka Tomicic, Debate, 2026, 284 páginas, $20.000.
por Carlos Peña / Claudio Robles / Ivette Lozoya / Martín Arboleda