
En su discurso por la recepción del Premio Plagio a la Creatividad Artística 2025, ceremonia llevada a cabo el pasado jueves en el Museo de Artes Visuales, el destacado artista chileno, que formó parte de la Escena de Avanzada durante la dictadura, se refirió a la importancia de la imitación en el arte, pero también en la vida: “Parece que así se construye la identidad: observando y repitiendo, tomando lo que sea de aquí y de allá”.
por Carlos Altamirano I 28 Enero 2026
Comienzo con una confesión: soy un plagiador, un imitador, un copión. Por eso, felicito la perspicacia de la Fundación Plagio, que me reconoce como a uno de los suyos.
Siempre me ha maravillado la inteligencia ajena, y una vez leí que la originalidad no es más que una imitación inteligente. Se lo leí a Voltaire, así que le creo. Por lo mismo, dedico sin culpa mucho tiempo a observar e imitar cómo hacen las cosas los demás. Lo que las hacen bien y a los que no les resultan. No solo los artistas, sino todos los demás. Y lo imito en todo: gestos, gustos, mañas, frases, apariencias, ideas contradictorias entre sí, algunas incomprensibles a primera vista pero con una esencia intangible que las hace contagiosas.
La creatividad no surge en el vacío ni desde el vacío. La creatividad es una manera de reutilizar lo que está disponible. Acumulo en un rincón de mi cerebro (y también en cajas) copias de lo que podría servirme. Las cuido hasta que se reconocen —o las reconozco— como mías, y las saco a la intemperie, a veces muy distintas de las originales pero siempre impregnadas con las huellas de su pasado, y trato de designar como arte el misterio siempre huidizo que se encuentra agazapado ahí.
En ocasiones, caminando por alguna calle de mi barrio, sumergido en un abismo mental de esos que se apagan y se sellan si los toca el mundo exterior, me sorprendo repitiendo inconscientemente el modo de andar del sujeto que va delante de mí. De inmediato, con un poco de vergüenza, retomo mi propio andar, que en realidad no es mi propio andar, porque se lo copié a mi padre, y me siento bien, como siendo parte de algo que me precede. A veces veo a mi padre venir hacia mí reflejado en una vitrina y me sobresalto y me toma un segundo comprender que no es él, que soy yo.
Parece que así se construye la identidad: observando y repitiendo, tomando lo que sea de aquí y de allá. Y aquí estoy.
Gracias Fundación Plagio, gracias a las personas amables que trabajan ahí, gracias a ustedes por venir.