
De visita en nuestro país para participar en el Festival Internacional Santiago Negro y en la Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño, el creador de la saga de Charlie Parker se desmarca en esta entrevista de la novela policial que practicaron Raymond Chandler y Dashiell Hammett: “No hay mucha esperanza en la novela negra pura. Todos los personajes son infelices en ellas, porque se basan en la creencia de que el mal es inherente en el mundo y en la gente. Para mí, a veces somos malvados, pero no es un mal innato, estas acciones no nos definen. Las novelas de Parker sugieren que a veces encontramos acciones humanas que están más allá de lo comprensible, y me interesa explorar la posibilidad de que la gente pueda tocar un mal más antiguo, más atávico, al enfrentarse con lo sobrenatural”.
por Sebastián Duarte Rojas I 30 Septiembre 2026
En el marco de la sexta edición del Festival Internacional Santiago Negro, la semana pasada el escritor irlandés John Connolly (Dublín, 1968) volvió a Chile tras su primera visita en 2015 y, como toda persona realmente interesada en aprender un idioma, aprovechó cualquier oportunidad para poner en práctica su español, incluidas tanto sus conferencias (la charla magistral “Aquí soy un extraño: sobre Irlanda, Estados Unidos y la novela de misterio”, en el Centro Cultural de España, y su diálogo con Marcela Aguilar en la Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño) como esta entrevista, en que hablamos de sus dos últimas novelas que han llegado a librerías chilenas.
Ambos volúmenes pertenecen a series mayores, pero se pueden leer de manera aislada sin mayor inconveniente. La tierra de las cosas perdidas (2023) es una secuela de El libro de las cosas perdidas (2006) y trata sobre Ceres, una mujer que, mientras su hija está en coma, es transportada a un ominoso mundo de cuentos de hadas, como una especie de Alicia que ve su cuerpo alterado y, en vez de una fiesta de té, llega a una casi tan desquiciada reunión del grupo de apoyo para brujas malvadas anónimas, que es solo el inicio de su aventura. Y en Los mensajeros de la oscuridad (2024), el vigésimo segundo libro de su aclamada serie de Charlie Parker —tras el que han aparecido otras dos entregas, Hijos de Eva (2025) y A River Red with Blood (2026)—, el detective es contratado para investigar la desaparición de un niño cuya madre no solo es acusada de su asesinato por la fiscalía, sino también considerada culpable por la opinión pública e incluso por su marido.
—Yo no escribo novelas negras —dice Connolly—, porque para mí la novela negra tiene una posición filosófica muy específica sobre la existencia. No hay mucha esperanza en la novela negra pura. Todos los personajes son infelices en ellas, porque se basan en la creencia de que el mal es inherente en el mundo y en la gente. Para mí, a veces somos malvados, pero no es un mal innato, estas acciones no nos definen. Las novelas de Parker sugieren que a veces encontramos acciones humanas que están más allá de lo comprensible, y me interesa explorar la posibilidad de que la gente pueda tocar un mal más antiguo, más atávico, al enfrentarse con lo sobrenatural.
“En Irlanda, en el siglo XIX, escribimos novelas góticas, novelas detectivescas: nuestra ficción era la ficción de género. Pero en el siglo pasado, mucha de esta ficción no es visible”, cuenta el autor, que durante su charla en el CCE mencionó ejemplos actuales de cuán desplazada quedó esa tradición en la literatura de su país. En una entrevista de 2019, Colm Tóibín afirmó: “No aguanto los thrillers y no aguanto las novelas de espías. No aguanto ningún libro de ficción de género, en verdad, ninguno de ellos. Simplemente me aburro con la prosa. No le encuentro ningún ritmo. Es sosa, no es nada; es como ver tele”. Y John Banville tuvo que crear el seudónimo de Benjamin Black para publicar sus novelas policiales, aisladas de su “literatura seria”, aunque en el último tiempo ha desdibujado el límite entre ambas personalidades.
—Irlanda es un país joven, con un poco más de 100 años de existencia, y después de la independencia había una discusión sobre el futuro de nuestro nuevo país. La literatura tenía que tomar parte de esa discusión, pero solo la literatura que hablara sobre el país, nuestro idioma, el paisaje o nuestra relación complicada con los ingleses. La novela de género no fue considerada suficientemente seria para esto, para la creación de este nuevo país, y nuestra rica tradición de escritura de ficción de género desapareció. Así que, cuando comencé mis novelas, no había modelos en Irlanda para el tipo de ficción que yo quería escribir y tuve que buscar inspiración en otros lugares, especialmente en los Estados Unidos. Fue una manera de escapar a lo que se esperaba de un escritor irlandés, a los temas que se consideraban apropiados.
En un capítulo decisivo no solo para Los mensajeros de la oscuridad, sino para la etapa más reciente de la serie de Parker, el detective resume la trama de otra novela del autor —Malvados (2003), un libro que, pese a no formar parte de la saga, fue el debut de la policía Sharon Macy, personaje que ahora forma parte de su elenco estable— y hace una alusión explícita al territorio estadounidense en que se localizan estos relatos y su vínculo con un escritor que Connolly llama “el elefante en la habitación”, frase hecha del inglés que se refiere a lo que no se puede pasar por alto: “Maine era una tierra antigua con una larga memoria, un recuerdo que precedía incluso a la llegada de los hombres. La rareza era endémica en el estado. Por eso, Stephen King no podría haber surgido en ninguna otra parte”.
—Desde mi adolescencia leí a Steven King. Y hay una relación, creo, entre esta descripción del paisaje en Maine y una actitud muy irlandesa sobre el pasado y el paisaje, y los cuentos de hadas, los relatos de fantasmas y la novela gótica. King también entiende esta conexión con diversos tipos de narraciones oscuras. En su libro de no ficción Danza macabra, escribió sobre su inspiración y sus influencias, que tienen mucho en común con las mías. Así que hay un puente entre las dos tradiciones, una norteamericana y una muy irlandesa. Para muchos lectores, todavía King es un escritor de lo sobrenatural, y al menos al principio yo era visto como un escritor de novelas detectivescas, aunque tuvieran algo sobrenatural. Ahora King está escribiendo novelas de detectives y la influencia de lo sobrenatural en mis novelas es más fuerte que antes. Es como si nuestros caminos se hubieran cruzado. Así que en esta novela quería hacer referencia a mi deuda con King y su escritura, y a su importancia para el género.
“Desde mi primera novela, Todo lo que muere, me fascinó la posibilidad de combinar las tradiciones racionalistas de las novelas de suspense con los fundamentos antirracionalistas de la literatura sobrenatural”, escribe Connolly en el ensayo “Vivo aquí”, de Música nocturna (2015), donde, como King en Danza macabra, expone sus influencias y señala: “Yo era uno de esos niños a los que les encantan los libros, y soy un adulto que es producto de los libros”. Esa idea parece estar en el centro de La tierra de las cosas perdidas, un relato sobre la importancia de los relatos, en que se dice que “la vida de todas y cada una de las personas se compone de historias: unas historias tras otras y tras otras. No somos criaturas de carne y hueso, igual que un libro no es solo tinta, papel y cartón. Somos seres de cuentos y fábulas. Estamos hechos de narraciones. Así comprendemos el mundo y así es como deben comprendernos”.
—Cuando era joven, leía principalmente cuentos de lo sobrenatural. En verano pasábamos dos semanas de vacaciones en la casa de mi abuela, que tenía muchos libros. Mi padre no leía mucha ficción, prefería los periódicos, pero cada verano elegía solo una novela para leer. Un año eligió Ojo con el sordo, de Ed McBane, que fue el único libro que mi padre y yo leímos al mismo tiempo. Esta fue mi introducción a la novela detectivesca y muchos años después conocí a McBane y pude agradecerle por su influencia. Ya en la universidad descubrí las novelas de Ross Macdonald, un autor muy importante para mí: Macdonald es el gran poeta de la compasión en el género, con mucha empatía por las víctimas, en especial los jóvenes, y sus libros transformaron mi actitud, me mostraron las posibilidades emocionales de la novela detectivesca. Y el otro escritor importante para mí en el género es James Lee Burke, que es el gran poeta del paisaje. Hay dos tipos de paisajes en la novela de detectives: uno metafórico y psicológico, pero también uno físico, y si los dos están en armonía, se produce una resonancia, surge algo más. En Burke hay una correlación entre Luisiana, donde se ambientan sus novelas, y sus temas. Yo quería hacer algo similar con Maine: usar su paisaje, su historia inusual, junto a mi conocimiento de las tradiciones de los cuentos de hadas, para transformar el género. Porque no quiero escribir como los norteamericanos, que desconfían de esta mezcla de lo sobrenatural y la novela más racional. Soy el producto de mis influencias literarias y quiero seguir mejorando a causa de los libros que leo.
En su cátedra en la UDP, Connolly dijo que “algunos críticos que no entienden el género creen que se trata solo de la trama, pero toda buena ficción se trata de los personajes. Leemos a causa de los personajes”, y como aprendió de Macdonald, en sus narraciones hay gran compasión y afecto por ellos. En estas dos novelas recientes se produce lo que al inicio de Los mensajeros de la oscuridad se denomina “la pesadilla de todo progenitor”: hay una hija hospitalizada e inconsciente, un hijo del que lo único que quedó es una manta ensangrentada, y ya la primera novela de Parker arranca con el brutal asesinato de su esposa y su hija, a quien el detective sigue viendo como un fantasma.
—Es un puente de conexión entre mis libros y la novela gótica, porque es un tema común en ella: los pecados de los padres afectan a los niños. Es posible que también haya un poco de mi adolescencia en esta actitud. Yo tenía una relación muy complicada con mi padre. Él no creía que personas como nosotros podríamos ser escritores, sino que debíamos buscar un trabajo seguro. Mi padre era recaudador de impuestos para el municipio y odiaba su trabajo. Durante tres años trabajé en una oficina de la municipalidad, muy cercana a la suya, vi su infelicidad y no quería ser como él. Por esta razón, renuncié y empecé a estudiar en la universidad, lo que enfadó mucho a mi padre. Es posible que por eso en las novelas de Parker haya una ausencia de padres. Parker no tiene padre y busca sustitutos, como Angel y Louis, que son mucho mayores que él. Siempre estoy explotando mi vida para los libros, son una manera de entender mi pasado y esta relación complicada con mi padre, y es posible que también sean una manera de probar algo, porque él murió mientras yo estaba en la universidad, muchos años antes de la publicación de mi primer libro, así que no vivió para ver siquiera el poco éxito que he alcanzado.
Imagen: John Connolly en la Cátedra Abierta UDP en Homenaje a Roberto Bolaño, el 24 de septiembre de 2026.

La tierra de las cosas perdidas, John Connolly, traducción de Pilar Ramírez Tello, ilustraciones de Riki Blanco, Tusquets, 2025, 416 páginas, $29.900.

Los mensajeros de la oscuridad, John Connolly, traducción de Vicente Campos González, Tusquets, 2025, 528 páginas, $31.900.
por Javier García Bustos