José Ángel Cuevas: “Con la Transición se perdió la intención de llegar a la verdad”

Recientemente el poeta sacó tres libros, uno que recupera sus primeras obras y dos nuevos volúmenes. La izquierda antes del Golpe, la vida de los escritores del Pedagógico, las mutaciones del habla popular y el dolor de haber perdido como país el sentido de comunidad son algunos de los temas que aborda en esta entrevista. “Tienen razón esos huevones”, responde Pepe Cuevas cuando se le pregunta si es un nostálgico… y si se repite.

por Nicolás Meneses I 30 Abril 2019

Compartir:

Relacionados

Voyerista al desnudo

por Paula Escobar Chavarría

Los sentidos de un clásico

por Pablo Concha Ferreccio

Lo primero que cuenta José Ángel Cuevas (1944) es que quiere escribir un libro de los 23 años desde la elección de Allende hasta el 90, no como La novela del Golpe, sino una crónica. Viene con un chaleco rosado y una chaqueta negra bajo el brazo. En enero estuvo presentando en la FILVA de Valparaíso su último libro, Poesía de la banda posmo. Pocos meses antes, la Fundación Neruda publicó Poemas bolcheviques y en noviembre Montacerdos reeditó sus tres primeros libros en un solo volumen, titulado Poesía temprana. Ya van 40 años de su primera publicación, siete desde que dejó de beber y una década desde que dejó de lamentarse por la destrucción paulatina de los barrios típicos de Santiago.

En Poemas bolcheviques (2018) y Poesía de la banda posmo (2019) afianza una poética construida en la figura del poeta como personaje que ha surfeado los nuevos tiempos. Una voz que ahora vive parodiando el lenguaje del mercado, la alienación progresiva de la población y atacando el reparto de Chile: “Oye/ a ustedes no los conmueve/ un poemita chileno. No, no./ Ustedes quieren cueca, sí. OK./ Se ven cuáticos/ saliendo de oficinas/ donde laboran”.

En esta conversación el poeta retrocede hasta sus inicios en la literatura y llega hasta el presente, a sus proyectos más inmediatos y a sus urgencias.

 

Una de las primeras críticas que recibió su poesía fue de Ignacio Valente en El Mercurio. ¿Qué significó eso para usted?

No sabes lo que me salvó el Cura Valente. Después de que los agentes de la Dina me pillaron en la calle y yo negando, “no soy del MIR”, “no soy del MIR”, escribí mi primer libro, desesperado. Cuando me dieron el carnet de socio de la Sociedad de Escritores de Chile, yo pensaba ingenuamente que eso me iba a salvar si venían a buscarme de nuevo. Ingenuo total. Un pariente de mi señora, un gallo que era milico, se portó buena gente conmigo, pero lo más importante ocurrió tras la crítica de Valente, eso ayudó, los Dina debieron decir, “no, este es del lado de Valente”, algo así. No me hueviaron más. Me salvó la vida, palabra.

 

‘Todo mi grupo de amigos y conocidos andábamos a la búsqueda de un sentido y de hacernos cargo de lo que se estaba viviendo, que era muy interesante, muy profundo, porque en ese período estaba aconteciendo un camino de revolución’.

El Pedagógico aparece en varios poemas y en entrevistas lo pinta como un lugar casi legendario, sobre todo en los años previos al Golpe. ¿Qué representa el Pedagógico para Pepe Cuevas?

Mira, en ese tiempo todo mi grupo de amigos y conocidos andábamos a la búsqueda de un sentido y de hacernos cargo de lo que se estaba viviendo, que era muy interesante, muy profundo, porque en ese período estaba aconteciendo un camino de revolución. La Revolución Cubana, por ejemplo, golpeó mucho, la gente que estaba en otros países, en Perú, en Bolivia y en Chile, tenía un sentimiento de transformación, de cambio. Eso estaba en el alma de la gente, sobre todo de los jóvenes. Nosotros hacíamos viajes, recorríamos a dedo América, hueviando, tocando la guitarra. Esa fue la parte fundamental de mi vida. Formamos el grupo América con un grupo de poetas y de ahí íbamos a una feria muy bonita que había en el Parque Forestal. Éramos rockeros y folcloristas, además tomadores, lachos, todo, teníamos un conjunto de cosas. Tomábamos harto, hueviábamos harto. Fue una vida muy intensa, bella.

¿Y el ambiente literario?

Estaban los poetas que eran más sobrados, más creídos, que no se juntaban con nosotros, que la pasábamos en restoranes y después en poblaciones. Llegábamos y decíamos, “buena compañero, ¿está en huelga?, ¿sí?, nosotros le echamos una ayudá, les traemos algo”, y nos poníamos a tocar la guitarra: “Y vas a cruzar la Pampa/ por entre las salitreras/ allá verás como brotan/ sudor y sangre minera”. Toda la música cubana que había en ese tiempo también la sabíamos. Trabajábamos mucho donde había huelgas.

 

¿En el Pedagógico qué pasaba?

En ese momento justamente fue elegida como dirección la Jota, entre ellos Samaniego, Augusto Samaniego. Pero también había unos hueones repesaos como Carlos Cerda, que era recreído el hueón de mierda. Ahí en la Jota pasaban cosas también, recuerdo una pelea con el MIR. Íbamos con un amigo, el Pato Quiroga, y vimos a un mirista sentado. Entonces, este le dice “ahí estay voh”, “y qué te pasa”, y se para y se agarraron a combos. Después llegaron todos los miristas por allá, y llegaron todos los de la Jota, ¡todo el Pedagógico agarrado a combos!  Ahí yo me encontré con un amigo que era poeta y nos íbamos a poner a pelear, y le digo, ¿qué vamos a pelear, hueón? Y nos fuimos para otro lado. Los poetas siempre fueron más poetas que políticos, éramos muy amigos. Después se puso más duro y tras el Golpe los miristas la cagaron, cometieron graves errores y ahí nos distanciamos definitivamente. Bueno, yo ahí gané mi primer premio, con El Mundial del 62, que yo no lo pensaba ganar realmente, pero lo tiré y gané.

 

¿Quién fue jurado?

Neruda fíjate.

 

¿Y Neruda se movía por ahí por el Pedagógico?

Sí, pero Neruda en ese tiempo estaba re mal parado en el Pedagógico, porque había ido a Perú a conversar con el presidente, que era un derechista, y todos le agarraron mala. Neruda estaba por el suelo. Acá en el Pedagógico hicieron una manifestación en contra de Neruda, después en contra de Parra por lo del té con la esposa de Nixon, pero como era chucheta, colocó en una mesa chiquitita una pizarra con su letra que decía: “Doy explicaciones”. Y estaba ahí dando explicaciones.

 

‘Ese lenguaje antiguo del pueblo está reducido. Ahora es un habla más dura. Lo que yo trato en mis últimos libros es darle a esa parte. Pero ahora me estoy centrando más en que el armazón del poema tenga fuerza poética, me gustaría volver a meterme casi en lo romántico’.

Uno de sus libros más famosos es Introducción a Santiago, de 1982. Si lo leemos desde la actualidad, podríamos pensar en la figura de un dron volando por la ciudad y registrando barrios, plazas, cités, avenidas, calles, edificios emblemáticos. ¿Cuánto ha cambiado la ciudad y a qué se refiere con eso de que “Santiago no me la ha ganado”?

Quiere decir que esta ciudad para mí es como un ser con el que estoy enganchado. Recorrer Santiago está en mí desde que tenía 15 años, pero no he podido pescar todo, yo he querido ir a las poblaciones que están en el 12 de Santa Rosa, por La Legua. Pero tengo mucho miedo, porque la otra vez con una amiga casi nos sacan la cresta. El barrio alto no, ese lo tengo. Y Santiago antiguo también lo tengo ya guardado. La otra vez un amigo me dijo que en Avenida Matta están destruyendo unas casas antiguas, y el responsable es el animador del Festival de Viña, el Rafa Araneda. Ese es uno, pero hay muchos más, van a comprar casas y la gente las vende, les ofrecen un precio un poco más elevado que la casa y levantan edificios. Están demoliendo y destruyendo Santiago. Ya no estoy ni ahí con eso, al principio la sufría, me sentía amargado y triste, y de eso escribo en los poemas: que rompan todo, ya no importa. Independencia: cómo la han destrozado estos desgraciados, una de las calles más importantes de Chile, la ruta para irse a Argentina: demoliendo, demoliendo. Por ahí vivía Pablo de Rokha incluso. No está como para poesía la cosa.

 

Sus poemas siempre han estado filtrados por el habla popular. ¿Qué cambios aprecia en ese lenguaje?

Ese lenguaje antiguo del pueblo está reducido. Ahora es un habla más dura. Lo que yo trato en mis últimos libros es darle a esa parte. Pero ahora me estoy centrando más en que el armazón del poema tenga fuerza poética, me gustaría volver a meterme casi en lo romántico, recoger donde haya poesía y se conjuguen los sonidos, lo metafórico y los hechos, y haya una construcción concreta, porque lo otro solo no basta.

 

Uno de los poemas más emotivos y bellos de Poesía de la banda posmo es sobre el funeral de Neruda. ¿Puede contar un poco de esa experiencia?

Yo fui al funeral de Neruda, este es un poema que escribí hace mucho tiempo. Para ir me amononé totalmente, con terno, engominado, parecía un pituco. Cuando supe dije “no puedo no ir, sería una mariconá muy grande”. Estaba todo lleno de milicos, en cualquier momento podían disparar y matar a cualquiera. En el poema voy contando eso. Ahora dije “lo voy a meter a un libro” y a pesar de que el editor no estaba de acuerdo, lo metí nomás. En el funeral de Neruda uno se podía dar cuenta del sentido de los poetas antiguos, sobre todo con su figura, tan querida, tan respetada, tan popular: la grandeza de un poeta chileno. Conocía a Neruda, pero no sabía cómo era. Solo sabía de su origen humilde.

 

En “30 años de poesía” habla del ambiente cultural antes del Golpe, algo efervescente, que se acaba de sopetón, y describe cómo se retoma de a poco durante el 80. Después es muy crítico de la Transición y la llegada de la literatura comercial. ¿Cree que se mantiene ese ambiente competitivo de la Transición o hay más sentido de comunidad?

No, yo creo que desapareció todo. Hasta antes del Golpe podía hablarse de una vida poética, de personas dedicadas plenamente al arte, los poetas se repartían por varias partes de Santiago, en el centro, ahí al lado del Teatro Normandie, cerca de Providencia, tú podías preguntar dónde está Lihn e ir para allá, dónde están Las Yeguas e ir para allá. Esto volvió a repararse como el 79, pero todo eso voló, no hay nada. El bar La Unión Chica murió también en el 90. No tengo idea ahora de adónde se juntarán. Parece que la cuestión poética también se fue al hoyo. Antes se tiraban libros con tirajes de 500, ahora de 100, 50, a nadie le importa. Esa es más o menos la idea que tengo yo, a lo mejor estoy equivocado, ojalá. Creo que en Valparaíso hay un poquito más, con lo que está haciendo Jaime Pinos. Pero eso de vivir como poeta ya no existe. Ahora, yo creo que va a volver a levantarse. Podríamos decir que el examen de la vida que se formó después de la Transición es totalmente distinto, se perdió un poco ese sentido de profundidad, de llegar a la verdad. La masacre y la destrucción nos dejó a todos muertos y, por otro lado, se dice que estamos en un período de estancamiento. Hasta ahora no se ve un sujeto interesado en construir algo distinto en Chile. Parece que ahora estamos en una posmodernidad en que no nos importa nada. Me gustaría cambiar también de poesía.

 

La gente dice que Pepe se repite, es un nostálgico…

Tienen razón esos hueones.

 

Poesía de la banda posmo, José Ángel Cuevas, La Calabaza del Diablo, 2019, 88 páginas, $10.000.

 

Poesía temprana, José Ángel Cuevas, Editorial Montacerdos, 2018, 118 páginas, $10.000.

 

Poemas bolcheviques, José Ángel Cuevas, Biblioteca de Poesía Pablo Neruda, 2018, 88 páginas, $8.000.