Gianni Vattimo: contra la nostalgia de lo absoluto

El filósofo italiano, uno de los intelectuales europeos más destacados de la segunda mitad del siglo XX, murió el 19 de septiembre. La última vez que estuvo en Chile, en diciembre del año 2012, fue para impartir una conferencia en la Universidad Diego Portales. Esta entrevista tuvo lugar entonces, pero permaneció inédita. En ese momento Vattimo todavía se sentía animoso y con salud, aún estaban vivos Fidel Castro y Hugo Chávez, y les declaraba su admiración.

por Patricio Tapia I 29 Septiembre 2023

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Después de ciertos ataques de los que fue objeto en la comunidad cristiana de Corinto, San Pablo les escribió una carta para defender su apostolado y señalar cuán próximo se sentía de ellos. Se preguntaba sobre quién era débil sin que él lo compartiera y sobre quién podía caerse sin que él se indignase. Y entonces afirmaba: “Si es necesario gloriarse, me gloriaré en lo que es de mi debilidad” (2 Cor. 11: 30).

Diecinueve siglos después, el filósofo Gianni Vattimo, más que jactarse de su debilidad, proponía un pensamiento que llamó “débil”, al interior de la corriente filosófica, y quizá una concepción de época, que se dio en llamar “posmoderna”, la cual se basaba en la disolución de las ideas de “objetividad” o “verdades últimas”. Hubo quienes consideraron la noción como un producto refinado del capitalismo tardío, pero su creador se encargó de desmentirlo.

Nacido en 1936, Vattimo, profesor emérito de la Universidad de Turín, fue heredero de la filosofía de Nietzsche y Heidegger (de los que llegó a ser un erudito prestigiado y también traductor). Se formó en la tradición hermenéutica como discípulo de intelectuales destacados: Luigi Pareyson en Italia y Hans-Georg Gadamer en Alemania. También fue alumno de Karl Löwith y cercano de Umberto Eco. Publicó una cantidad importante de libros y artículos, y fue una presencia constante en el debate público europeo, habiéndose, además, dedicado a la política propiamente tal. Fue miembro del Parlamento Europeo (1999-2004) y cumplió un segundo período como eurodiputado (2009- 2014).

Su pensamiento supone tanto la determinación histórica como la crisis de una visión unitaria de la realidad y de los “grandes relatos”. Sin embargo, logró incorporar o dar un vuelco para volver a relatos tan imponentes como el cristianismo y el comunismo. En parte por su educación, en parte por la pérdida de seres queridos —que de manera conmovedora relató en su autobiografía No ser Dios— Vattimo declaró su retorno al cristianismo y también un desplazamiento político hacia un comunismo que él llamó “ideal” o “hermenéutico”, según puede seguirse en libros como Ecce comu y Comunismo hermenéutico.

En su conferencia en Santiago demostró no solo agudeza y claridad, sino también buen humor (del Producto Interno Bruto dijo: “El PIB es tan bruto que no sabe repartirse razonablemente”). Explicó su giro religioso y político: del paso del pensamiento débil al de los débiles. Y cómo estos giros están, de cierta forma, vinculados: “Ciertamente, yo no creo que se vaya a instaurar en parte alguna un comunismo ni siquiera hermenéutico, pero la esperanza política, aunque sea solo una esperanza, se sitúa en el ideal de una sociedad más justa”.

Creo que la única definición filosófica posible de la violencia es el silenciamiento de las preguntas en nombre de supuestos primeros principios absolutos. Ni siquiera matar a otro es siempre un acto de violencia, por ejemplo, en los casos en que se ayuda a alguien que desea interrumpir un sufrimiento físico sin remedio.

Usted ha hecho casi su emblema, la afirmación de Nietzsche de que “no existen hechos, sino solo interpretaciones”.
Esto solo quiere decir que la realidad para llegar a ser verdad debe ser enunciada en una proposición de alguien. Los hechos por sí solos no hablan, y cuando hablamos, hablamos siempre desde un punto de vista históricamente definido y no absoluto, sino precisamente interpretativo. Esto ya lo sabía Kant.

Pero rechaza el relativismo del “todo vale”. ¿Cómo determinar que algunas interpretaciones son mejores que otras?
Solo mediante la confrontación con otras interpretaciones y respondiendo a las preguntas que las otras interpretaciones nos plantean. La única interpretación seguramente falsa es aquella que no sabe que es interpretación y cree ser el puro reflejo de la realidad.

¿Cree entonces que el conflicto de las interpretaciones es una parte esencial de la democracia?
Ciertamente. Si hubiera una verdad objetiva, científicamente verificable en las cuestiones políticas, la democracia no tendría sentido.

En Ecce comu habla de un comunismo “ideal”, de “evolución, no revolución”. ¿Es una política débil?
A decir verdad, quizá ahora ya no hablaría de evolución. Pero mantendría la idea de una revolución no violenta, solo por razones prácticas: una revolución violenta hoy no tiene ninguna posibilidad de triunfar dada la fuerza militar de que disponen las grandes potencias mundiales.

¿Es posible ser comunista después del socialismo real?
Sí, claro. Y se lo debe ser justamente ahora que el socialismo real no nos impide aspirar a una sociedad sin clases.

Usted ha señalado su apoyo tanto a Cuba como a Venezuela.
Cuba (la revolución de Castro) y Venezuela (la realidad actual del chavismo) me parecen las verdaderas novedades políticas de las últimas décadas. Cuba y Castro fueron un ejemplo de una resistencia posible y vencedora contra la superpotencia de Estados Unidos. Chávez ha recogido esta herencia y ha realizado una política social con éxito: analfabetismo eliminado; hospitales y asistencia social; también participación política popular con las misiones. Es solo la vanguardia de la difusión de gobiernos progresistas en toda América Latina, un fenómeno decisivo para la promoción de políticas socialistas en todo el mundo.

¿Pudo hablar alguna vez con Castro o Chávez? En ese caso, ¿quién de ellos hablaba más?
Con Castro tuve una entrevista personal de tres horas y media; yo he hablado en total 20 minutos, pero he aprendido muchas cosas y le estoy profundamente agradecido. A Chávez lo he visto en Caracas solo brevemente; lo estimo y admiro desde lejos.

Como buen posmoderno, pienso que el multiculturalismo, el pluralismo ético y cultural son nuestros máximos valores. Pero la mayor amenaza a todo ello es la nostalgia de lo absoluto, es decir, del poder dominante y tranquilizador con el cual a menudo se reacciona ante tal pluralidad.

Se ha dicho que usted es un antisemita heideggeriano. ¿Qué opina de esto?
Esta historia de mi antisemitismo es una leyenda negra inventada por los sionistas más reaccionarios. He llegado a ser antisionista, no antisemita, como muchos intelectuales judíos (Chomsky, Morin, Finkelstein, Ilan Pappé) viendo lo que hace el Estado de Israel (racista, antidemocrático, colonialista) en Palestina. Yo no quiero el fin del Estado de Israel, solo quisiera que llegase a ser un Estado laico moderno y respetuoso de los derechos humanos y no un Estado superarmado que amenaza la paz mundial.

¿Qué prefiere: la realidad o el deseo?
¡Me gustaría la realización de muchos deseos!

En su libro De la realidad reflexiona sobre la disolución de la realidad misma. También dice: “El Ser está apolillado”. ¿No estará exagerando?
Era una broma nacida en un debate con Umberto Eco. El sentido que me parece todavía válido es que el Ser no es la perentoriedad del objeto, sino que está, más bien, marcado, carcomido, por los proyectos humanos que hacen que los eventos sucedan.

¿Qué entiende usted por violencia?
Creo que la única definición filosófica posible de la violencia es el silenciamiento de las preguntas en nombre de supuestos primeros principios absolutos. Ni siquiera matar a otro es siempre un acto de violencia, por ejemplo, en los casos en que se ayuda a alguien que desea interrumpir un sufrimiento físico sin remedio.

Conoció bien a Luigi Pareyson. ¿Qué significó para usted?
De todas las cosas que aprendí de Pareyson, que son muchísimas, la que me resulta más definitivamente decisiva es su idea de que para que tenga sentido la experiencia de la libertad es necesario pensar que en el origen de ella solo existe un acto de libertad; esto es un poco el sentido del creacionismo cristiano. No podría imaginar mi libertad como algo que deriva de una estructura lógico-deductiva de lo real.

¿Cuál es el aspecto del mundo actual que más aprecia y cuál el que no puede tolerar?
Los dos elementos están estrechamente vinculados: como buen posmoderno, pienso que el multiculturalismo, el pluralismo ético y cultural son nuestros máximos valores. Pero la mayor amenaza a todo ello es la nostalgia de lo absoluto, es decir, del poder dominante y tranquilizador con el cual a menudo se reacciona ante tal pluralidad. Es este el sentido de la lucha actual entre realistas (es decir, absolutistas, metafísicos, autoritarios) y “debilistas” o hermenéuticos.

¿Cómo ve el futuro?
No tan claro ni agradable. Los poderes que quieren afirmar su autoridad van a reaccionar cada vez más duramente ante la posibilidad de la libertad que también la tecnología nos ofrece. Tengo miedo de un futuro en el que unos pocos privilegiados se impondrán cada vez con un control completo de tipo fundamentalmente fascista.

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