María Sonia Cristoff: “Hoy ‘vida laboral’ es una redundancia, ya que vivimos trabajando”

Las distintas formas del extrativismo y la explotación, tanto del medioambiente como del ser humano, son algunas temáticas de Derroche, la nueva novela de María Sonia Cristoff, una escritora que nunca pierde el sentido del humor, que se mueve con soltura entre la ficción y la no ficción, y que construye esta narración polifónica por medio de una carta, una autobiografía, documentos digitales, noticias, llamadas telefónicas, chats, mensajes de audio, fragmentos de obras de teatro, letras de canciones, citas de libros, un telegrama de renuncia y una crónica de viaje.

por Sebastián Duarte Rojas I 3 Mayo 2023

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La escritora argentina María Sonia Cristoff (Trelew, 1965) visitó nuestro país la semana pasada para participar de la Cátedra Abierta UDP en homenaje a Roberto Bolaño y presentar su novela más reciente en el Espacio Literario Ñuñoa. En Derroche, un mensaje póstumo de su tía lleva a Lucrecia a cuestionar su creencia ciega en el trabajo y el éxito, y un jabalí cantante llamado Bardo narra sus aventuras por La Pampa mientras reflexiona sobre la vida contemporánea, todo a partir de la influencia de Vita, hija de anarquistas y autora, no solo de la carta explosiva que abre la novela con un lenguaje desaforado, sino también de un plan fascinante para extorsionar a los ricos de su pueblo.

Una muestra de la voz de Vita: “salí de la oficina con ganas de prenderla fuego, de prenderla fuego con todos esos cangrejos adentro, con todos esos papeles que no hacían, que no hacen más que reafirmar un orden atroz, un sistema plagado de eufemismos, de pactos injustos, de agujeros negros, de atrocidades, de robos y de sangre, un sistema al que yo aportaba tipeando frases con mis dedos secos, mis dedos que estaban a punto de tener una crisis artrósica nunca vista a esa edad, una crisis que me hubiese hecho viajar por congresos de kinesiólogos y terapeutas del mundo, las manos inutilizadas en unas vitrinas para que las eminencias las estudien mejor, para que se devanen los sesos sin nunca ser capaces de llegar al verdadero diagnóstico de artrosis por rabia, porque de eso se trataba, de entumecimiento por rabia, de ir quedándome seca de rabia por las injusticias y por las ganancias ilegítimas de los reptiles, con el perdón de los reptiles, de esos crápulas mejor digo, esa runfla babosa a la que yo no podía seguir viendo ni un solo día más”.

Las distintas formas del extrativismo y la explotación, tanto del medioambiente como del ser humano, son algunas temáticas de este libro de Cristoff, una escritora que nunca pierde el sentido del humor, que se mueve con soltura entre la ficción y la no ficción, y que construye esta narración polifónica por medio de una carta, una autobiografía, documentos digitales, noticias, llamadas telefónicas, chats, mensajes de audio, fragmentos de obras de teatro, letras de canciones, citas de libros, un telegrama de renuncia y una crónica de viaje.

Trabajar con géneros no asociados a la literatura es conspirar contra las bellas letras, porque a mí los temas y formas de las bellas letras me sacan bastante de quicio. Que la literatura se encierre en sí misma no me interesa para nada, y estas me parecen formas de abrirla”, explicó en un tranquilo café en las cercanías del hotel donde se hospedó durante su visita a Santiago, cuando nos reunimos para hablar sobre Derroche.

¿De dónde surgió esta novela?
Del deseo de escribir sobre el trabajo, que es un tema que está en todos mis libros previos, pero acá me aparecía con mucha insistencia. Creo que eso tiene que ver con que me la he pasado batallando con el trabajo con que me gano la vida y el trabajo de la escritura, viendo cómo hacer coincidir uno con otro, cómo ganarme la vida sin sacrificar la escritura. Y cuando yo ya creía haberlo resuelto, tuve un trabajo en una universidad que para mí fue excesivo. Durante cinco años fui jefa de cátedra de un programa sobre novela que se fue convirtiendo en una especie de bestia hambrienta a la que tenía que alimentar permanentemente, y en un momento me encontré con que solo estaba leyendo para renovar la bibliografía. Esto me estaba complicando la escritura, lo que me provocó mucha rabia, y la única manera de resolverlo era escribir sobre eso. Ahí se me apareció Vita, un personaje bastante rabioso que en ese momento para mí fue una especie de heroína, y apareció después de muchas lecturas, porque el tema del trabajo me llevó a leer mucho.

¿Qué lecturas fueron fundamentales para Derroche?
Trabajos de mierda, de David Graeber, fue un texto realmente crucial, porque me permitió pensar incluso el trabajo del arte y de los trabajadores de la palabra, que es algo que yo habito muy culposamente. Para mí hay una contradicción muy grande entre la necesidad y la fascinación que siento por escribir y el rechazo que me provocan ciertas prácticas culturales alrededor de la literatura: la espectacularización, la banalización, la mercantilización. Entonces la lectura de Graeber, que plantea que hay prácticas laborales que pueden aportar a una vida contra la gran maquinaria productiva, me reconcilió íntimamente con la escritura. También hubo un libro extraordinario de Martín Arboleda, un autor colombiano que vive acá en Chile, llamado Gobernar la utopía. Ese texto fue muy importante, porque Derroche habla mucho de las utopías anarquistas y este libro trata la idea de la utopía como algo posible: cómo podemos hacer para que la utopía incluso sea parte de un programa de gobierno y no solo episodios aislados de la literatura. También hubo una serie de lecturas periodísticas que se volvieron cruciales: algunas publicaciones anarquistas y feministas, como La Voz de la Mujer, de fines del siglo XIX, y Nuestra Tribuna, de principios del XX. Esas obras del periodismo me volvieron loca y me hicieron crear a Vita.

Trabajar con géneros no asociados a la literatura es conspirar contra las bellas letras, porque a mí los temas y formas de las bellas letras me sacan bastante de quicio. Que la literatura se encierre en sí misma no me interesa para nada, y estas me parecen formas de abrirla.

Formas de resistencia

Los libros que mencionas y esas publicaciones anarquistas tienen en común el tema de la resistencia.
Claro. También hay uno de Suely Rolnik que se llama Esferas de la insurrección, con un prólogo extraordinario de Paul Preciado, que llama a pensar la insurrección como un modo de habitar. Este libro me vino muy bien para pensar la micropolítica, que es una diferencia importante de Vita con sus padres. Ellos eran anarquistas puros y duros, a los que armé teniendo en cuenta un movimiento que existió en la provincia de La Pampa y estuvo reunido alrededor de otra publicación llamada Pampa Libre. De ahí sus formas de vida, de sociabilidad, de amar familia, de vivir y de morir. El padre termina siendo masacrado, cosa que ella dice bastante sutilmente porque es una persona que quiere cualquier cosa menos el lugar de la víctima. Su dolor por su padre masacrado por sus ideales —algo que pasó en la década del 30 con muchos anarquistas y socialistas en la Argentina— es tan grande que ella toma una distancia que está permanentemente en su discurso, una distancia que tiene mucho de autodefensa.

Esas formas de resistencia micropolítica, si bien son más notorias en el caso de Vita, están presentes en Lucrecia y Bardo, y también en las pequeñas historias de los “Flashes”. Incluso en el capítulo “Toma de rehenes”, pese a que esos personajes tienen una posición de privilegio en el sistema y no lo cuestionan, parece que ellos necesitan escapar por medio de los placeres secretos que Vita descifra para extorsionarlos.
Sí, pero la diferencia es que pensé a los rehenes desde la mirada de Vita como personajes que son la aspiración de la media, la pequeña burguesía de pueblo, cada uno de los cuales representa ciertas aspiraciones burguesas: la que habla bien inglés, el que quiere ser un explorador. Es una cosa con la que yo me reí mucho, y Vita se ríe de esos personajes que son sus víctimas, adivinándoles esas cosas con que los extorsiona. O al menos eso dice, ya que en definitiva nunca sabremos de dónde sacó su dinero fraudulento, porque como buena manipuladora, jamás lo querrá decir. La otra serie de personajes a los que te referías, los de los “Flashes”, son la manera de narrar lo que le ocurre a Lucrecia ya bastante más avanzada la novela. No me importa espoilearme a mí misma, porque lo último que me interesa es que la gente se enganche por la trama: la novela es un modo de decir, y si eso no te interesa mejor ni la leas, porque si es por la gran trama vayan a ver Netflix. Lucrecia, que es la urbana esnob, el personaje que tiene lo que se considera éxito y es una desgraciada sin fin, sufre una transformación que va pasando por distintas etapas tras la interpelación de su tía y la promesa concreta de recibir un montón de dinero. Luego de que se encierra, entra en crisis con su pareja, se acerca al chancho jabalí que había sido de Vita y empieza a leer como loca, yo tenía que hacerme cargo de contar su liberación. Y narrativamente el modo que encontré fue esa serie de “Flashes”, cuando ella empieza a leer noticias en los diarios —muchos son casos periodísticos reales con los que yo me encontré— y las convierte en microrrelatos de gente que en un momento pega un portazo a su vida laboral y a todo lo que eso implica, porque hoy “vida laboral” es una redundancia, ya que vivimos trabajando. Estas historias escritas por Lucrecia dejan ver que ella se ha transformado, porque nadie que no haya realmente cambiado de lugar en su relación con el mundo puede escribir eso.

¿Y por qué tuviste que contar su liberación de esa manera?
Lo que ocurrió es que cuando llegué al punto de la novela en que Lucrecia tiene un montón de dinero —o cree que tiene, porque todavía no sabe que el chanco jabalí le pasó el dato a todo el mundo y se lo van a afanar— y está planeando llamar a la mejor gente de la arquitectura, de la literatura, de las ciencias sociales, para armar esta comunidad utópica, me di cuenta de que la estaba odiando. Yo quería que fuera una liberada genial, pero después de haberse transformado y dejado el trabajo, y teniendo un montón de guita para hacer otra cosa, opta por una cuestión de privilegio para ciertas personas iluminadas. Ese fue un momento en que tuve que dejar la novela por un buen tiempo, hasta que entendí que la respuesta estaba en el chancho jabalí. Un día entró Bardo volando por la ventana y me di cuenta de que la única manera de provocar una transformación total iba a ser con esa conexión interespecie. Por otra parte, la relación con lo animal está presente en todo lo que escribo. Por eso el tercer personaje y la voz final es del chancho jabalí, que para mí es un anhelo de transformación, de apertura, de liberación, de utopía. Así quisiera que fuera la marcha del mundo: un chancho jabalí trotando y cantando canciones y repartiendo dinero.

Una de las cosas que realmente nos están extirpando, junto con la vida, es el humor: todo el mundo, desde los bandos que más detestás a los que más querés, tiene un nivel seriedad insoportable. Y como esos lugares de enunciación para mí no llevan a nada, me interesa mucho el sentido del humor, pero no como lo gracioso, sino como una forma, primero, de autocuestionamiento.

El humor y lo animal

¿Por qué optaste por narrar esta historia en clave humorística?
Porque si hay algo que realmente me pone muy nerviosa es el gesto grave. Además, una de las cosas que realmente nos están extirpando, junto con la vida, es el humor: todo el mundo, desde los bandos que más detestás a los que más querés, tiene un nivel seriedad insoportable. Y como esos lugares de enunciación para mí no llevan a nada, me interesa mucho el sentido del humor, pero no como lo gracioso, sino como una forma, primero, de autocuestionamiento. Últimamente está lleno de pontificadores en todos lados, con esta lógica binaria atroz en la que vivimos atrapados.

En otro libro tuyo, Desubicados, se lee: “Lo que tendría que hacer es contar, directamente desde el punto de vista de un animal adaptado a la civilización, cuáles son las estrategias a las que recurre y cuáles los costos que paga un provinciano para vivir en la ciudad”. ¿Es eso lo que haces en Derroche con Bardo?
Esa parte tiene que ver con otro texto que ha sido crucial acá para pensar lo animal y el tema provinciano, el “Informe para una academia” de Kafka. Yo no veo mis libros como independientes, para mí en gran parte la escritura tiene que ver con una serie de hipótesis echadas a rodar. Me interesa el lado ensayístico de la escritura, el costado argumentativo de la narración, y esos temas, como lo animal, están siempre dando vueltas. Entonces claro, quizás en verdad esto viene de esa célula latente que estaba en Desubicados.

Y en relación a lo animal, ¿por qué escogiste la voz de un jabalí?
Esto tiene mucho que ver con el contexto. Si bien yo borroneo un poco las referencias de tiempo y lugar, a la vez están tremendamente claras en la novela y cualquiera que esté atento las puede seguir. Derroche transcurre en la provincia de La Pampa, donde pasamos de tener colonias anarquistas a vivir de los cotos de caza para extranjeros, que pagan un montón de dinero para matar animales dopados. No me cabe en la cabeza que exista algo así y que yo supuestamente tenga que ver con esa especie: pónganme otro nombre, no soy humana, soy otra cosa. A esta provincia vienen a matar normalmente jabalíes, y alguien me contó, mientras investigaba, que es común que los cazadores maten a la madre jabalí y queden los chanchitos dando vueltas solos, como le ocurre a Bardo. Entonces la elección del jabalí tuvo que ver con el verosímil. También resulta que él habla y compone y canta canciones, pero quiero decir que hay ciertos puntos del verosímil realista que me interesa tener en cuenta. Como tenía que haber un animal de la zona, podría haber sido un puma, pero a mí no me interesan los felinos, en cambio me encantan los animales grandes, gordos, que dan ganas de abrazar, para mí son como descansos de la crueldad del mundo.

Como tenía que haber un animal de la zona, podría haber sido un puma, pero a mí no me interesan los felinos, en cambio me encantan los animales grandes, gordos, que dan ganas de abrazar, para mí son como descansos de la crueldad del mundo.

Voz de Vita

Has dicho que Vita surgió de tu propia rabia y de la lectura de libros sobre el trabajo y ciertos medios anarquistas. ¿Cómo desarrollaste a este personaje y, sobre todo, esta voz?
Con Vita quería pensar a alguien capaz de sustraerse del mundo del trabajo, pero no por ser una ricachona. Este tema fue mi gran incomodidad con la creación de ese personaje, porque alguien que no trabaja podía caer rápidamente en algo que ideológicamente me resultara deplorable. Y reconozco que por supuesto puede ser gran tema hacer literatura sobre personajes desagradables, pero con esta novela tenía ganas de escribir sobre alguien que me alegrara. Un poco por las condiciones en que te dije que la estaba escribiendo, y otro poco porque mi novela anterior, Mal de época, me llevó a una zona de oscuridad muy densa, así que quería un personaje que me levantara el ánimo, hacer una cosa vital. Por eso le puse Vita. Todos los nombres de estos personajes dicen algo de ellos, siguiendo el modelo de la retórica clásica, que me encanta. Y ella básicamente está hecha de los modos de decir que encontré en esos medios anarquistas, de esa vehemencia, esos adjetivos totalmente saturados, excesivos. Además, es una voz muy apelativa, algo que a mí me gusta mucho, porque gran parte de la función de Vita es provocar una transformación en su sobrina, que es una especie de alienada del presente. Con Lucrecia quería mostrar la alienación contemporánea por el trabajo, es por eso que, como Vita le dice en un momento, se llama Lucre, por el tema de vivir lucrando, que es el mandato de época por excelencia.

En la novela, la voz de Vita parece ir filtrándose hacia los otros personajes. ¿Esperas que algo de ella se cuele también hacia los lectores, a quienes nos llega su carta bomba a través de Derroche?
Sí, hay una aspiración de interpelar, claramente. Siempre la hay, en todo lo que escribo, pero acá es muy explícita. Es un llamado a ejercitar las tretas y el pensamiento crítico, a salir de los maniqueísmos, de las certezas y de los extremos. De la alienación, básicamente. Es una pequeñita bombita de tiempo que espero que pueda tener algo de irradiación en la vida que vivimos, en la vida de quien lee. Yo creo que esa es una aspiración de todos los que escribimos.

 

Fotografía: María Sonia Cristoff durante su conferencia en la Cátedra Abierta UDP en homenaje a Roberto Bolaño.

 


Derroche, María Sonia Cristoff, Literatura Random House, 2023, 256 páginas, $14.000.

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