Volver a Lesbos y a Comala

“Puedes olvidar, // pero déjame decirte que alguien / en algún tiempo futuro / pensará en nosotras”, dice uno de los fragmentos cruciales de Safo. Ahora, mientras danzamos, y en esa dialéctica de la memoria y el olvido se mueve también el libro Siempre volvemos a Comala, en cuyas notas finales Fariña dice escribirlo “para ti, que naciste mucho después de los eventos que estoy recordando”, los que tienen que ver con el fervor político de los 60, los mil días de la Unidad Popular y los 17 años siguientes de dictadura.

por Sebastián Duarte Rojas I 3 Septiembre 2025

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Safo, la legendaria poeta griega que nació en el siglo VII a. C. en Mitilene, en la isla mediterránea de Lesbos, causa fascinación no solo por la belleza de los pocos fragmentos que han sobrevivido de su obra, sino también por esa pátina de blanco que el tiempo le añadió a sus poemas, estrofas y versos sueltos; de un modo similar al de la Venus de Milo, esta poesía resulta irresistible por lo que le falta, por los miembros fantasma que intuimos pero jamás conoceremos del todo.

Extasiada algunas veces, angustiada las más, la voz que alcanzamos a oír en esos vestigios es sensual y sensorial, lírica y dialógica, adjetivos que también caracterizan la obra de Soledad Fariña (Antofagasta, 1943), cuyas traducciones —quizás debamos decir versiones— de la obra de Safo se reeditaron en 2024. Pero mientras la fragmentariedad y los espacios blancos en la página son elementos que el tiempo añadió a la obra de la poeta griega, en la de Fariña constituyen una marca de estilo usada con conciencia y destreza desde El primer libro (1985; Ediciones UDP, 2016).

En su trabajo con los textos de Safo, la poeta chilena no partió desde la lengua griega antigua, sino de las traducciones al inglés de Mary Barnard, que ya se habían tomado la libertad de romper la métrica sáfica para privilegiar las ideas y la belleza de los originales, algo similar a lo que hizo Fariña a partir de esas versiones, ya que, con su propia respiración poética, versifica los fragmentos de manera nueva, y a veces incluso los mezcla para componer con ellos un solo poema. El foco aquí está puesto en conservar la fuerza lírica y vital de esta poesía que captura el momento en que “Sin aviso // como un torbellino / abatiendo una encina // el amor sacude mi corazón”.

En la poesía de Safo, Eros, como analiza Anne Carson —otra escritora contemporánea que ha traducido a la poeta de Lesbos—, es dulce y amargo: “Con su veneno irresistible / y agridulce // ese aflojador de miembros, / el Amor // como un reptil / me ha derribado”. Pero la amargura de Eros no es solo el dolor asociado a la experiencia amorosa, sino también la sombra de Tánatos, la muerte, que se asoma detrás de cada paso del amor: “Pues / de solo mirarte / me quedo sin palabras / la lengua se me quiebra / y una delgada llama corre bajo / mi piel // (…) // En ese instante / la muerte / no está lejos de mí”.

‘Hablo frente a un micrófono grande y romboide, mi rostro aún es joven, delgado y llevo un bigote mínimo. Mis lentes no tienen el marco oscuro que más tarde marcarán mi identidad’, parte hablando la voz de Salvador Allende en este poemario en que dialoga con Juan Rulfo en una Comala que es también un limbo. ‘¿Hubo error que antecedió al horror? // ¿O todo estaba escrito en los milenios de Historia que / cargamos sobre nuestras espaldas?’.

Es esta permanente conciencia de la mortalidad, que es también una conciencia del paso irremediable del tiempo, la que determina otro elemento central de la poesía sáfica al que Fariña le presta especial atención, como deja ver en su elección del título de este libro. “Ahora, / mientras danzamos // vengan hasta nosotras amable Alegría, / Regocijo, Esplendor // y vosotras // Musas del cabello hermoso”, canta Safo desde ese fugaz ahora de la vida y el amor, un ahora que, convertido en canción, le permite proyectarse hasta la eternidad, porque como dice el último poema en la versión de Fariña: “No tengo quejas // la prosperidad que / las musas doradas / me otorgaron / no fue ilusión // muerte, / no voy a ser olvidada”.

“Puedes olvidar, // pero déjame decirte que alguien / en algún tiempo futuro / pensará en nosotras”, dice uno de los fragmentos cruciales de Safo. Ahora, mientras danzamos, y en esa dialéctica de la memoria y el olvido se mueve también su libro Siempre volvemos a Comala (Premio MOL 2024), en cuyas notas finales la poeta chilena dice escribirlo “para ti, que naciste mucho después de los eventos que estoy recordando”, los que tienen que ver con el fervor político de los 60, los mil días de la Unidad Popular y los 17 años siguientes de dictadura.

“Hablo frente a un micrófono grande y romboide, mi rostro aún es joven, delgado y llevo un bigote mínimo. Mis lentes no tienen el marco oscuro que más tarde marcarán mi identidad”, parte hablando la voz de Salvador Allende en este poemario en que dialoga con Juan Rulfo en una Comala que es también un limbo. “¿Hubo error que antecedió al horror? // ¿O todo estaba escrito en los milenios de Historia que / cargamos sobre nuestras espaldas?”; estas preguntas y su eco trágico marcan el tono del poemario, que luego registra torturas y desapariciones, pero también la épica de la resistencia.

Este libro se aleja del deseo erótico que caracteriza sus traducciones de Safo y otros textos de Fariña, como el voluptuoso aunque minimalista Narciso y los árboles (2001), pero prolonga su consistente trabajo de lectura y apropiación de la obra de otros. Solo por mencionar los ejemplos más claros, Donde comienza el aire (2006) está compuesto por una serie de reescrituras de poemas ajenos, mientras que Todo está vivo y es inmundo (2010) fue armado mediante citas de La pasión según G. H., de Clarice Lispector. En Siempre volvemos a Comala no solo hay guiños a Pedro Páramo, sino también a otros textos, como en el poema que es una reproducción literal, si bien puesta en verso, de “Suprema prueba de Salvador Allende”, de Lezama Lima.

Al leerlos en conjunto, pasamos de la primavera mediterránea de Safo. Ahora, mientras danzamos, tiempo de amores desenfrenados, bailes al aire libre, flores y epitalamios, pero sin olvidar nunca que la muerte es también una de esas bailarinas, al frío dantesco de Siempre volvemos a Comala, una tierra baldía donde no hay mucho más que esas voces de los muertos con las que Fariña suele dialogar, aunque tras ellas sigue latiendo su fervoroso deseo de cambiar el mundo.

Otro elemento que aparece en gran parte de la obra de Fariña y en sus traducciones de Safo es el dialogismo, y en este libro el caso más evidente son las conversaciones entre Allende y Rulfo, cuyos intercambios condensan el poemario:

—Una vez fui invitado por ti a La Moneda.

—Sí, lo recuerdo.

—Que eras uno de mis lectores,
dijiste.

—Sí, no era fácil leerte,
Pedro Páramo es una novela oscura.

—Para mí también es oscura.
La vida no es una secuencia.
Pueden pasar años sin que nada ocurra
y de pronto se desencadenan los hechos
muy espaciados.
Roto el esquema del tiempo y el espacio,
los personajes están muertos,
no están dentro del tiempo o el espacio.

—Como nosotros.

Vistos así, estos libros son complementarios. El tiempo y sus secuaces, la memoria y el olvido, tienen un rol protagónico en ambos, y los dos fueron escritos, como Fariña siempre lo hace, leyendo a otros y pasando sus voces por el filtro de sus cuerdas vocales, reescribiendo y, de ese modo, revisitando estos Lesbos y Comala de temperaturas opuestas. Al leerlos en conjunto, pasamos de la primavera mediterránea de Safo. Ahora, mientras danzamos, tiempo de amores desenfrenados, bailes al aire libre, flores y epitalamios, pero sin olvidar nunca que la muerte es también una de esas bailarinas, al frío dantesco de Siempre volvemos a Comala, una tierra baldía donde no hay mucho más que esas voces de los muertos con las que Fariña suele dialogar, aunque tras ellas sigue latiendo su fervoroso deseo de cambiar el mundo.

 

Imagen de portada: Soledad Fariña en la Biblioteca Nicanor Parra UDP, en abril de 2024.

 


Safo. Ahora, mientras danzamos, Soledad Fariña, Ediciones UDP, 2024, 112 páginas, $15.000.


Siempre volvemos a Comala, Soledad Fariña, Editorial USACH, 2024, 142 páginas, $12.000.

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