
por Matías Celedón I 27 Febrero 2026
Aterrizamos en La Habana y retuvieron a Rodríguez. Chileno, nacido en Estados Unidos, debió responder algunas preguntas. Después de una hora apareció como si nada. López y Silva se veían preocupados. Afuera nos esperaba Betancourt con el Suzuki Jimny en el que recorreríamos Cuba durante tres semanas.
Ya se decía que Fidel podía morir y, paulatinamente, la isla se había ido abriendo al turismo. Nos repartimos entre la casa de Betancourt y su vecino Josué, con quienes discutimos la ruta más conveniente. Esa noche y todo el viaje, en esencia, escuchamos. Nos pasaron las llaves y hasta el regreso no nos comunicamos.
Mientras viajábamos a Playa Girón, iba sentado atrás leyendo una vieja edición de La Edad de Oro, de José Martí, “publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América”. Había comprado el libro en unos puestos que rodeaban la plaza a la salida del Museo de la Revolución, donde me convencieron de que me llevara también un ejemplar de Vientos de Cuaresma, de Leonardo Padura.
“En los mismos tiempos de Homero, el que ganó por fin el sitio, y entró en Troya, no fue Ajax el del escudo, ni Aquiles el de la lanza, ni Diomedes el del carro, sino Ulises, que era el hombre de ingenio, y ponía en paz a los envidiosos, y pensaba pronto, lo que no les ocurría a los demás”, escribe Martí en La Edad de Oro.
Durante el viaje, las noticias hablaban de Elián González, quien llegaba náufrago y huérfano de madre a Estados Unidos (su papá lo había dejado en la escuela pocos días antes). Día por medio los editoriales del Granma daban cuenta de la situación del niño, el frustrado encuentro con sus abuelas y el traumático traslado después de ser arrebatado a sus custodios por parte de militares estadounidenses cargando metralletas. La foto sigue siendo impresionante. Entiendo que Elián hoy día es ingeniero.
Con López y Rodríguez nos vemos cada tanto; Silva vive hoy día en Miami. Los cuatro fuimos alumnos de Marín en el colegio, un profesor de historia que asesoraba al Centro de Alumnos. Enseñaba historia contemporánea y un curso optativo sobre revoluciones latinoamericanas. Lejos de formar cuadros, Marín tenía una visión crítica de la historia, y supongo que todavía la tiene. Como escribe Arturo Uslar Pietri en Godos, insurgentes y visionarios, “nunca se ha logrado que una ideología reemplace o cambie enteramente una realidad histórica, pero logra alterarla significativamente y termina por cambiar el sentido que de su propia experiencia vital tienen las colectividades”. Según el autor venezolano, la dinámica americana entre los respectivos godos e insurgentes de turno (“los liberales fueron insurgentes sin duda, pero los godos también lo fueron”) ha sido siempre movilizada por la siguiente sentencia: “Quien no ve lo que está ante él sino lo que proyecta su mente”.
Recuerdo bien que fue una de las primeras desilusiones como destino. No Cuba, que me impresionó muchísimo entonces, pero sí Playa Girón. Esperaba algo más que un mural ajado a la entrada del pueblo. Playa Girón: la primera gran derrota del imperialismo en América Latina.
El efecto de la propaganda no es el mismo con el tiempo. Frente a la playa, nada evocaba la batalla más que la costa agreste y el mar, insistente. Recuerdo que el museo estaba cerrado y al día siguiente debíamos salir temprano a Trinidad. Desde afuera se veían un par de aviones, un tanque y fragmentos encontrados de los fuselajes derribados.
Ahora que lo pienso, tuvo que ser un lugar así, discreto, cualquiera. La invasión de 1.500 cubanos entrenados y patrocinados por la CIA iba a ocurrir en las playas cercanas a Trinidad, pero debieron improvisar y desembarcar antes. Resguardada por la Ciénaga de Zapata, se eligió Bahía Cochinos y específicamente Playa Girón como uno de los puntos de desembarco. Fue allí donde las Fuerza Armadas Revolucionarias, lideradas por el propio Fidel Castro, repelieron durante tres días el ataque aéreo y la incipiente avanzada de la Brigada de Asalto 2506, que planeaba tomar Trinidad y proclamar un gobierno alternativo que Estados Unidos reconocería después de 72 horas.
Alojamos en una casa del pueblo que nos había arreglado Betancourt. Pendola se presentó y nos mostró la cama donde teníamos que acomodarnos. El Estado permitía arrendar piezas para turismo; de ese modo las familias podían recibir un ingreso extra. Se llegaba por contactos o un poco a ciegas. Recuerdo que al entrar a Cienfuegos, se nos arrimaron al auto andando dos jóvenes en bicicleta ofreciendo llevarnos a la casa de su tío. Desconfiamos, por supuesto. Pero lo cierto es que en todo predominaba un temor mayor y, por lo mismo, a simple vista nada malo ocurría.
Basta mirar un partido de fútbol para comprender que la dinámica de juego desborda el sistema táctico. Pero en las calles de Cuba se jugaba al béisbol, un deporte que nunca entenderíamos. “La historia imita a las ideologías”, dice Uslar Petri. Creo que los cuatro éramos conscientes de que observábamos mucho más que una ucronía. Antes que otra época, recuerdo que era una suerte de isla en el tiempo, una cápsula articulada desde un paradigma muy distinto al nuestro, una cápsula que permeaba obviamente lo institucional, pero sobre todo lo más cotidiano; las relaciones humanas parecían prescindir de toda rivalidad; no había competencia, sensación de deuda o urgencia; el tiempo transcurría entre palabras y promesas, sin mayores obligaciones, intercambiando voces, esperas, sonidos y relatos (en forma de timos, chanzas, canciones, parábolas, diálogos y recuerdos). Hombres y mujeres, viejos y jóvenes, todos siguiendo el ritmo asincopado de los días, algo apáticos, pero siempre muy vivos.
El viaje duró tres semanas y recorrimos en auto gran parte de la isla. De Girón manejamos hasta Trinidad, pasando por Cienfuegos. Al norte, rumbo a los Cayos, alojamos en Morón, una ciudad de paso, y luego de una noche en Guardalavaca, llegamos a Santiago de Cuba, desde donde regresamos a La Habana por una autopista tan ancha que permitía el aterrizaje de cinco aviones de guerra rusos.
“A partir de Girón, todos los pueblos de América fueron un poco más libres”, aseguraba Fidel, aunque la invasión estadounidense estrechó el vínculo de Cuba con Rusia y eso hizo que la Revolución cubana se proclamara abiertamente socialista. En octubre de ese año, la tensión de la Guerra Fría escaló al máximo con la Crisis de los Misiles. Mientras tanto, en el plano interno, el escenario de guerra ya no era la Sierra Maestra, sino el Escambray, donde se decreta una cruenta “limpieza” contra los “alzados”, y pronto empieza a ser difícil distinguir entre las ramas quién es quién.
En Vista de amanecer en el trópico, de Guillermo Cabrera Infante, los avatares de la violencia parecen tomar forma desde las luchas por la Independencia y es posible entrever similitudes entre las matanzas del régimen precastrista y las represalias a los nuevos opositores a la Revolución.
“Se me dirá que trato de desprestigiar a mis mayores, / la verdad es que hay bastantes tumbas entre ellos, pero la muerte no ofende a nadie”, dice a finales de los 60 Enrique Lihn en Escrito en Cuba, reeditado ahora por Ediciones UDP. “A veces llega hasta aquí una ráfaga de música de cámara, o es que descorchan allá botellas de champaña bailan y ríen, vaya uno a saberlo, / y la célebre ola hace lo suyo: reventar. / ¿Quién va a creer que los sueños liberen?”.
En el camino hasta el museo se ven las numerosas lápidas de hombres y mujeres que murieron en la invasión a Bahía Cochinos. Después de comer pollo, solo pudimos alargar la noche escuchando a Pendola, quien compartió su ron para contarnos sus hazañas de Casanova y cómo era la vaina con las chicas. Todo cerrado, no nos quedó más que pensar que fueron tipos como Pendola los que cayeron ante la llegada de la Brigada de Asalto 2506. Caminamos por calles solas, según me acuerdo, siguiendo el clima húmedo y caluroso del trópico, buscando dónde comprar más ron.
Se exagera cuando se enarbola Cuba como una bandera de lucha o se exige tomar partido, como si aquello tuviera alguna incidencia en algo o pudiera hacer una diferencia. Basta mirar las noticias internacionales para saber que es una de las menores preocupaciones del mundo hoy.