Me resulta sospechosa la manera en que tendemos a exagerar el nivel de espectaculartidad de los acontecimientos en la vida de las personas para escribir novelas… Es fácil crear personajes que mienten, engañan, traicionan, matan, se convierten en zombis, etc., porque no nos cuesta muy poco lograr que hagan estas cosas. Pero cuando uno usa su propio nombre, se siente diferente. La esperanza es que los lectores también lo sientan diferente.
“Aunque te diga que la ciudad hacia la que mi viaje tiende es discontinua en espacio y tiempo, a veces dispersa, a veces condensada, no has de creer que puede cesar la búsqueda”.
“Es mejor tomar una comida sin carne que vivir en una casa sin bambú. Sin carne usted corre el riesgo de adelgazar, pero sin bambú usted se volverá vulgar. Un hombre delgado siempre puede engordar, pero un hombre vulgar es incurable”.
“El tirano no es veleidoso, sino sistemático. El tirano no se desparrama en caprichos, sino se concentra en una idea. El tirano es un hombre de principios”.
“La habilidad política es la capacidad de predecir lo que va a pasar mañana, la próxima semana, el próximo mes y el próximo año. Y siendo tan hábiles, después, para explicar por qué no fue así”.
“Un único mandato de la moral puede suplantar a todos los demás: nunca hagas ni digas algo que no pueda ver y oír el mundo entero. Yo, por mi parte, siempre he considerado como el hombre más digno de aprecio a aquel romano cuyo deseo se cifraba en que su casa fuera construida en forma tal que pudiera verse cuanto sucedía en ella”.
“Los pueblos más civilizados están cerca de la barbarie como el hierro más pulido lo está del óxido. Los pueblos, como los metales, solo son brillantes en la superficie”.